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Que no sea un Gorbachov

La Razón
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No cabe duda. Obama ha sido un excelente candidato, con una puesta en escena espectacular, un discurso bello muy elaborado y atractivo, con buena voz y buen talante. Ha ganado porque la era Bush no pudo ser peor, y porque su imagen fue muy superior a la de un McCain atrapado por la edad, la herencia y los muertos de Irak, la crisis económica y los tropiezos escolares de Sarah Palin.
No hay que excederse con Obama, empero. Es arriesgado pensar que por el simple hecho de ser negro y hablar bien su gestión va a resultar espléndida para Estados Unidos y el mundo. Ahora empieza lo peor. Levantar una economía quebrada por la crisis financiera no es tarea fácil. Aunque lo tiene mejor a la hora de relanzar la imagen de Norteamérica. Están en Asia y África y América encantados con la holgada victoria de Barack Husein. Hasta Amadineyad, Chávez, Castro y, por supuesto, nuestro presidente Zapatero. Hay mucha pose zapatera en las frases redondas del senador de Illinois, en su discurso etéreo y hueco, perfumado de humos.
Le van a aplaudir a rabiar en todos los continentes. Aunque eso, en sí mismo, no sea garantía de nada. Más bien es síntoma de lo contrario. Porque también vitoreamos en su día a Gorbachov, y el pobre acabó como recordamos: con la economía rusa en la UVI, y el imperio soviético desintegrado.