Europa

Macron y Merkel apartan a Pedro Sánchez en la Europa post Brexit

La diplomacia española apuesta por alianzas de “geometría variable”, en lo que supone un giro a la tradicional postura de nuestro país de apoyo al eje franco-alemán

El presidente francés, Emmanuel Macron, recibió ayer en París a la canciller alemana, Angela Merkel, para unificar posturas respecto al Brexit en el decisivo Consejo europeo de esta semana

El portazo de Reino Unido ha supuesto un desplazamiento de las capas tectónicas del club comunitario. En este nuevo equilibrio de fuerzas que emerge, tras la marcha de Londres, España parece haber sido desplazada de un núcleo duro promovido por el presidente francés Emmanuel Macron en el que Varsovia se convertiría en el socio imprescindible de Francia y Alemania. Este mismo martes, el presidente francés se desplazó a Polonia y abogó por un nuevo directorio como eje vertebrador del club europeo, a través de cumbres periódicas del denominado triángulo de Weimar.

Pero, contra todo pronóstico, esta marginación no preocupa al Gobierno de coalición entre Pedro Sánchez y Unidas Podemos. Según fuentes del ministerio de Exteriores, la lógica de un directorio europeo no se corresponde con la realidad del club comunitario actual y, por eso, España prefiere alianzas ad hoc según una “geometría variable”. Las mismas fuentes también ironizan sobre la dificultad de aparecer en algunas fotos, en relación a la deriva autoritaria de Varsovia.

Nuestro país parece haberse abonado a la máxima del político británico Lord Palmerston para quien Inglaterra “no tiene amigos permanentes ni enemigos permanentes, Inglaterra tiene intereses permanentes”. Por eso, Exteriores cree factible hablar con Francia cuando se trate de imponer la tasa a los gigantes tecnológicos, tejer lazos con Italia y Alemania para asuntos como la migración o llegar a un entendimiento con los países del Este y del Sur en aras de preservar los fondos regionales, en las negociaciones del nuevo marco financiero 2021-27. ¿Tendrá éxito esta estrategia?

Estos postulados suponen un giro a la tradicional postura española, que siempre se ha mantenido fiel a permanecer cerca del eje franco- alemán. La única vez que se rompió esta lógica fue, irónicamente, con el gobierno de José María Aznar que quiso desmarcarse de su predecesor, Felipe González. El político socialista se convirtió en el mejor apoyo del canciller Helmut Kohl a la reunificación alemana y España consiguió gracias a este buena relación, que París y Berlín dieran luz verde a la recepción de los fondos regionales para los países más pobres del club, la denominada política de cohesión.

El giro de Aznar

Todo cambió con la llegada de Aznar a la Moncloa. El presidente del Partido Popular aprovechó la entrada de los países del Este y su buena relación con el británico Tony Blair para estrechar lazos con EEUU, lo que desembocó en el apoyo español a la Guerra de Irak y las tensiones con Berlín y París. Gracias a su alianza con los países del Este, fervores anticomunistas, Aznar consiguió endurecer la postura europea respecto a Cuba y marcar terreno en las mirada del club comunitario hacía Latinoamérica.

Tanto José Luis Rodríguez Zapatero como Mariano Rajoy, sin embargo, siguieron apostando por la cercanía con Francia y Alemania en un momento en que la crisis económica dejó a España postergada de las grandes decisiones europeas y fuertemente dependiente de los dictados de Berlín. De hecho, la cumbre en marzo de 2017 entre Francia, Alemania, Italia y España, con Francois Hollande como anfitrión en Versalles, fue interpretada como la vuelta de nuestro país al núcleo duro europeo, en una Europa de varias velocidades que arrinconaba a los países del Este.

Pero nada es igual desde entonces. El auge del euroescepticismo en Italia, ha hecho perder influencia al país transalpino, a pesar de su peso económico y demográfico ,y de su inigualable olfato para las relaciones internacionales y España asume con resignación que ningún socio puede sustituir a Londres, el único país europeo junto a Francia con arsenal nuclear y asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

El pulso de Macron

Este cambio de tornas de España coincide también con profundas discrepancias en el seno del eje franco- alemán. Algunas de ellas agravadas por la marcha de Londres, que en algunos aspectos ha ejercido de árbitro natural. El impetuoso Macron ha sigo incapaz de arrancar a Merkel las profundas reformas prometidas en la zona euro y parece querer aprovechar la debilidad de la canciller, ya pensando en su sucesión, para crear un club comunitario a la medida de París.

Si hay algún país que está intentando marcar el rumbo en la UE post Brexit y sustituir a Reino Unido, ése es Francia. París en los últimos meses se ha mostrado en contra de la ampliación a los Balcanes -lo que ha obligado a la Comisión Europea a presentar una propuesta de endurecimiento del proceso esta pasada semana- y quiere impulsar la política de defensa europea ante una OTAN que él ha definido “en muerte cerebral”. Esto ha originado tensiones con Alemania, partidaria de la ampliación a los Balcanes y que considera a la Alianza y el consiguiente apoyo militar estadounidense como imprescindibles para la seguridad continental, aunque esto no excluya avances paulatinos en el flanco europeo. Siempre en paralelo a la OTAN, nunca en sustitución.

Paradójicamente, Londres fue el principal promotor de la ampliación a nuevos miembros durante los 47 años de convulto matrimonio y siempre prefirió centrar sus esfuerzos militares en la OTAN, debido a su cercanía con Washington y su cierta desconfianza hacía París. La propuesta del triángulo de Weimar, con Polonia como uno de los vértices, también puede interpretarse como un interesado acercamiento francés a los países del Este, que siempre se han mostrado más proclives, ante la amenaza de Rusia, a confiar en la OTAN y las tropas estadounidenses, que a cualquier tímido proyecto de defensa europeo De hecho, tras la visita de Macron este pasado martes, el presidente polaco estudia la posibilidad de unirse a algunos de los proyectos europeos de desarrollo de equipamiento militar. Hasta el momento, Varsocia ha preferido seguir confiando en la compra de armamento a EEUU.