Un ejército de voluntarios para combatir la pandemia en Argentina

Miles de argentinos, e incluso españoles varados, ayudan a cuidar personas mayores y en cuarentena

Natalia Meiriño vive en Madrid pero el confinamiento le pilló de vacaciones en Bueno Aires. Foto: Ángel Sastre
Natalia Meiriño vive en Madrid pero el confinamiento le pilló de vacaciones en Bueno Aires. Foto: Ángel SastreÁngel Sastre

Hace dos décadas que Natalia Meiriño vive en Madrid, sin embargo este viaje de vacaciones a Buenos Aires se torció. El Covid-19 la ha dejado varada en su tierra natal. Pero lejos de perder el tiempo, esta bailadora, de 45 años de edad, pasa sus días haciendo más fácil la vida de Susana, de 70 años. Forma parte de ese ejercito de voluntarios sin los cuales, Argentina un país de limitados recursos, no podría enfrentar la pandemia.

Acompañamos a Natalia Meiriño a la farmacia, ataviada con su mascarilla de “lunares rojos” y ese paso, firme tan propio de los tablaos. Y es que curtida, tras mostrar su arte por todo el mundo, hace días que cambió los tacones por unas cómodas zapatillas y otro escenario: Los pocos metros que distan la casa de su madre, donde está quedándose en la capital, de la de Susana, también artista, en su caso plástica, y bailaora, pero de otro palo, el tango.

Ella es una de las casi 30.000 personas que se han inscrito en el programa de voluntariado Mayores Cuidados, con el que el gobierno de la capital argentina aspira a que los adultos mayores de 60 años, grupo de riesgo del covid-19, tengan cubiertas sus necesidades sin salir de casa en el tiempo que rija la cuarentena social.

"Hablamos todos los días un poquito para ver si está bien, si necesita algo… y quedamos en que cuando yo hacía la compra de ella, hacía también la de mi mamá, para combinar que no esté yo saliendo tanto”, explica la también profesora de flamenco –estos días online-. Intentó retornar a Madrid, pero el último vuelo del 27 de abril, está lleno y desde la Embajada no saben si alguna compañía volverá a fletar alguno, mientras dure la pandemia. “El tema es que es costoso comprar una vuelta cuando ya la tenías adquirida. Sin embargo no se cuando mi aerolínea volverá a volar” afirma resignada. Tengo cosas que solucionar en España, no puedo quedarme indefinidamente" añade.

Nos presta su móvil para hablar con Susana por vídeo conferencia. La mujer de unos 70 años quien además vivió tiempo en España, ya estaba al tanto de nuestra llamada, “quería arreglarme antes” afirma sonriente. Nos muestra sus paredes llenas de cuadros creados por ella misma. “La verdad al principio no sabía si decidirme pero ayuda mucho no tener que salir, te sientes más segura” agrega.

Desde que puso en marcha esta iniciativa, más de 3.000 adultos mayores han solicitado la asistencia de una de esas personas que de forma desinteresada ofrecen su tiempo para hacer las compras en el súper, pasear mascotas o hablar un rato por teléfono.

En la mayoría de ocasiones, sin verse las caras entre ellos para extremar al máximo las precauciones, ya que, si el mayor vive en un apartamento, es el encargado del edificio quien, por ejemplo, puede ejercer de intermediario para recibir el pedido y dejarlo en la puerta del piso. Al apuntarse, cada adulto mayor recibe una contraseña, la misma que recibirá el voluntario adjudicado, que este deberá decir cada vez que se pongan en contacto, lo que hace evitar posibles peligros.

Hoteles para pasar la cuarentena

Los ojos de Ana, valenciana de 27 años, asoman por encima de la mascarilla. Hacen juego con el barbijo azul. Nos espera en hall del Hotel CA Buenos Aires donde se hospedan 12 argentinos que acaban de llegar de destinos como España, EEUU o Italia. Forman parte del los últimos repatriados antes de que Argentina decidiera cerrar fronteras, incluso con sus nacionales atrapados todavía en “un limbo”.

Un total de 2114 pasajeros que han llegado en estos días al aeropuerto internacional de Ezeiza y al puerto de Buenos Aires permanecen en 19 hoteles preparados por el Gobierno de la Ciudad, para iniciar la cuarentena y hacer una evaluación de su estado clínico. Por ley cualquier argentino que llegaba debía confinarse en estos locales para no contagiar a las familias, sin poder regresar a sus hogares hasta no ser chequeados y cumplir 14 días “de encierro”.

Ana llegó hace dos años para terminar un master, luego decidió quedarse y empezó a trabajar para la Alcaldía. “Me pareció una buena manera de retribuir, la verdad no tengo ninguna queja. Les dejamos las tres comidas al día enfrente la puerta, lavamos la ropa, y atendemos las demandas, siempre sin un contacto físico. Llaman a centralita o por whatssapp” afirma.

“Sí es verdad que en los diarios locales leemos algunas anécdotas. Como la de un hombre que se vistió de médico y se dirigió a otro hotel para intentar "rescatar" a su mujer, que estaba en cuarentena por Covid-19, tras un viaje en el exterior. La insólita expedición no tuvo éxito y el hombre quedó detenido” dice.

Bomberos de la Boca. Foto: Ángel Sastre
Bomberos de la Boca. Foto: Ángel SastreÁngel Sastre

Los bomberos voluntarios

En el viejo barrio de marineros italianos, la Boca, las casas de colores y chapa se superponen. El riachuelo serpentea lento, séptico, poca gente deambulando por las calles. El estadio de Boca Juniors, la Bombonera, es el emblema. Al lado se encuentra la estación más antigua de bomberos de la capital. Parece sacada de una película de los años 50. Suena la sirena, se ponen los trajes blancos, otros compañeros precintan con cinta guantes y mascaras. Encienden el oxígeno. Antes de partir se desinfectan con una ducha que empapa el traje con agua y alcohol. Comienza la travesía.

Existen aproximadamente 900 cuerpos de bomberos en Argentina, en total cuenta con 43000 efectivos y se divide en 26 federaciones. Todos voluntarios. Durante la crisis del coronavirus son a veces los primeros en llegar, ante el llamado de un vecino. Derriban la puerta y pueden encontrar desde gente contagiada, hasta cadáveres.

“Es una tarea dura a veces ni nuestros familiares quieren abrazarnos cuando llegamos” afirma Marcelo Medina comandante del Puesto. Y todo a pulmón, como ves los coches son de segunda mano, comprados al cuerpo de bomberos de Austria. Los trajes blancos especiales para epidemias los tuvimos que pagar de nuestro bolsillo. A veces nos gestionamos con eventos privados pero ahora todo está parado. Siempre hay un grupo de guardia, es algo que llevamos en la sangre” añade.

En tiempos de pandemia los voluntarios se han vuelto esenciales. Muchos argentinos como ciudadanos, no querían ver la tragedia desde la ventana, sentían que tenían que hacer algo y que el país los necesitaba. Un respiro para Argentina.