Un confinamiento en ultramar (XLIV): No nos quieren

Cuesta no empatizar delante de unos elementos muy capaces de encogerse de hombros ante los 25.857 muertos que da la Universidad John Hopkins en España»

D ice Podemos, en tuit mítico, que «Nuestros vecinos en Europa disfrutan de algo de lo que carecemos en este país: una oposición responsable que comprende lo excepcional de la situación que estamos viviendo y que no trata de hacer política con las vidas y la salud de las personas». Si será irresponsable la citada oposición que no hace sino sostener los estados de alarma del gobierno mientras sus socios, léase ERC, escupen un no es no es de impecable raigambre sanchista. Cuesta no ponerse tiernos con unos colegas empeñados en ser oposición de la oposición y cuyo único programa ha sido siempre hacer política de todo, de las vidas y la salud, de los referéndums ilegales y las reformas educativas, de los menús escolares en tiempos del corona y de la propia corona, o sea, del Estado, al que animaban a pasar por las horcas caudinas de las mismas cacerolas que ahora tanto molestan, de la educación especial y hasta de los muertos en sus ataúdes, que no puedes mostrar excepto si corresponden a un terremoto en las islas vírgenes o asisten en el inexcusable exterminio del enemigo político.

Cuesta no empatizar, como quien adopta a un colibrí o sonríe al arcoíris, delante de unos elementos muy capaces de encogerse de hombros ante los 25.857 muertos que da la Universidad John Hopkins en España y el exceso del 56%, o sea, 5.081 muertos no computados por coronavirus de forma directa o indirecta según el MoMo, facha. Los mismos que si el PP no votaba sí a la falta de un plan B prometían responsabilizarlo de los muertos por llegar sin responder antes como aplicar su letal lógica sin imputar los 30.000 muertos realmente existentes al actual gobierno. Lo de Podemos, que añora la oposición y disfruta del mando, que simultánea la agitación y el tango descangallado del chalet y sus letras, que reclama acepten sus recetas y al mismo tiempo masacra la pluralidad y al disidente, no es peronismo puro, bien. Tampoco cae en el fascismo. Todavía no ha decretado el internamiento de los opositores ni el cierre de medios, tal y como sí han hecho individuos como Nicolás Maduro, acusado de violaciones de los derechos humanos y buscado por traficante de drogas a gran escala.

Podemos, que hace pucheros por la oposición a la que escupe no jalea todas sus acrobacias, que tiene unos líderes que hace apenas una semana insinuaron que los jueces españoles condenan sin pruebas, Podemos, que no ha sentido empacho en describir la democracia española de tiranía encubierta, con su ración bien nutrida de presos políticos, Podemos, los de la izquierda alternativa, los del menjunje multicultural, el potito identitario, el muermo del pueblo y los guiños a Bildu y afines, Podemos, que en el centro y la derecha españoles sólo distingue fascistas o nazis o ambos, Podemos, sí, exige que sus críticos regalen graciosamente la absolución a las actuaciones de los gobernantes mientras el partido, y parte del gobierno, conserva los suficientes elementos mesiánicos como para haber prosperado durante la gran crisis de la democracia representativa.

Una democracia debilitada por la empobrecimiento de las condiciones de vida que arranca en el año 2008, los embates de la corrupción, innegables aunque amplificados mediáticamente con fines que poco tienen que ver los afanes regenerativos y la búsqueda de la justicia, y, por supuesto, por la zapa continua, feroz, cancerígena, de unos poderes políticos locales y unos taifas predemocráticos decididos a romper la baraja y perpetuar los privilegios de sus respectivas tribus gracias al débil alicatado del Estado autonómico y las insuficiencias de un federalismo imposible por asimétrico. Una democracia más necesitada que nunca de la ansiada generosidad del PSOE para aceptar que las dos crisis bestiales de estos años, la institucional y política de 2017 y la sanitaria y económica de 2020, reclamaban la unión de las fuerzas liberales y republicanas y la expulsión de los que vinieron a devorar el estado de Derecho, verbigracia Podemos.

El mismo Podemos que, desolado porque la oposición no comprende, porque no les entiende, nos les quiere ni abraza, vive convencido de que responsabilidad y examen son inexcusables deberes patrióticos cuando gobierna el otro y sinónimo de alta traición, pérfida propaganda y ponzoña ideológica si Podemos disfruta del BOE. ¿Cómo era? Ah, sí, privatizar los aplausos, socializar las hostias.