Biden advierte a Boris Johnson que él no es Trump

La histórica «relación especial», en peligro. El candidato demócrata avisa de las consecuencias de romper el pacto del Brexit. El «premier» británico acepta suavizar el polémico texto

El órdago que Boris Johnson ha lanzado a la UE asegurando ahora que está dispuesto a violar el Acuerdo de Retirada del Brexit, en concreto el Protocolo de Irlanda, no sólo ha tensado las relaciones diplomáticas entre Londres y Bruselas. En Washington, la jugada no ha gustado a los Demócratas y lo han hecho saber públicamente. Por lo tanto, en caso de que el próximo mes de noviembre Joe Biden gane la elecciones presidenciales, se plantean ciertas dudas sobre hasta qué punto la histórica «relación especial» de la que siempre han presumido el Reino Unido y los Estados Unidos podría estar en peligro.

«No podemos permitir que el Acuerdo del Viernes Santo que trajo la paz a Irlanda del Norte se convierta en una víctima del Brexit. Cualquier acuerdo comercial entre EE UU y el Reino Unido debe depender del respeto del acuerdo y la prevención del regreso de una frontera dura», tuiteó el pasado miércoles el candidato demócrata a la Casa Blanca, haciéndose eco de las advertencias que ya había realizado previamente Nancy Pelosi, portavoz de la Cámara Baja y una de las personas más influyentes en el escenario estadounidense.

Es poco habitual que los políticos de un país se inmiscuyan en asuntos de otros. Y menos aún en plena campaña electoral. Por lo que los comentarios no han sentado muy bien en las filas tories. «No necesitamos lecciones sobre el acuerdo de paz de Irlanda del Norte por parte de Biden. Si yo fuera él, me preocuparía más por la necesidad de un acuerdo de paz en los Estados Unidos para detener las matanzas y los disturbios antes de sermonear a otras naciones soberanas», señaló Iain Duncan Smith, el que fuera líder del Partido Conservador.

En definitiva, el clima no es precisamente el idóneo para la visita oficial que el ministro de Exteriores, Dominic Raab, está realizando esta semana en Washington. El objetivo principal no es otro que intentar impulsar las negociaciones comerciales para cerrar un pacto entre ambos países.

Con el Brexit, Londres puede cerrar ya acuerdos con nuevos socios. Inicialmente, una de las estrategias de Downing Street fue la de presionar a Bruselas asegurando que las conversaciones con Estados Unidos cada día iban mejor. Pero con las presidenciales de noviembre, Donald Trump, ha cambiado su lista de prioridades. Para los Republicanos esta cuestión ha pasado a un segundo -o incluso- tercer plano. Y para los Demócratas está claro que si Londres no cumple el tratado internacional firmado el año pasado con la UE, con ellos tienen poco de lo que hablar.

Durante su visita a Estados Unidos, Raab mantuvo una reunión bilateral con su homólogo norteamericano, Mike Pompeo, y el vicepresidente Mike Pence. Asimismo, también se vio con diferentes figuras del partido Demócrata, entre ellas, Pelosi.

«He tenido discusiones muy positivas, no solo con Mike y la administración, sino también con congresistas. Es una gran oportunidad para mí dejar claro que la amenaza al Acuerdo del Viernes Santo, tal como se refleja en el protocolo de Irlanda del Norte, proviene de la politización de la cuestión por parte de la UE. Nuestro compromiso con el Acuerdo del Viernes Santo para evitar cualquier infraestructura adicional en la frontera entre el norte y el sur [de la isla de Irlanda] es absoluto», señaló el jefe de la diplomacia británica.

La Comisión Europea ha resaltado su «buena fe» al negociar y concluir «cientos de acuerdos» internacionales con terceros países «de todo tipo», después de que el primer ministro británico haya sugerido esta semana lo contrario.

Críticas a Bruselas

Johnson sostiene que Bruselas no ha querido ofrecer «garantías» de que no dificultará la circulación de bienes dentro del Reino Unido si no hay un pacto comercial antes del 31 de diciembre, cuando finaliza el periodo de transición y los británicos saldrán ya a efectos prácticos del bloque.

Ante la falta de avances en la negociaciones, el inquilino de Downing Street ha presentado en Westminster el polémico proyecto de ley del Mercado Interno que prevé modificar algunas de las normas relativas a la circulación de bienes entre Irlanda del Norte y Gran Bretaña, diseñadas para poder mantener abierta la aduana entre ambas Irlandas cuando, por el Brexit, el territorio británico haya quedado fuera de la unión aduanera europea.

En la primera votación de la tramitación de la normativa, un grupo de 30 tories rebeldes ya votaron el lunes contra de los planes del Gobierno. El próximo martes la revuelta podría ser aún mayor con la votación de la enmienda presentada por el responsable del comité de Justicia, que quiere que sea el Parlamento, y no el Ejecutivo, quien decida si se utilizan los poderes especiales para violar el Acuerdo de Retirada si llegara el caso. Para evitar agrandar las grietas en la formación, Johnson accedió ayer a las demandas de los rebeldes en este sentido.

Por su parte, la Comisión Europea ha exigido a Londres retirar los polémicos artículos del proyecto de ley de Mercado Interno con rapidez y, en cualquier caso, antes de que termine septiembre. De no hacerlo, amenaza al Reino Unido con recurrir a los mecanismos previstos en el Acuerdo de Retirada para resolver disputas sobre la implementación del convenio.