La rifa del avión presidencial que nadie quiere

El mandatario mexicano ha tenido que sortear la aeronave en premios equivalentes a 85 millones de euros

Lo que pretendía ser un gran gesto de austeridad y ahorro se ha convertido en un enredo interminable para el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, que lleva más de un año intentando deshacerse del lujoso avión presidencial. Primero intentó venderlo sin éxito, después decidió sortearlo entre los mexicanos, pero cuando se dio cuenta de que sería una carga ruinosa para el ganador pensó hacer una rifa simbólica por el valor de la aeronave que se celebró el martes y entregó alrededor de 85 millones de euros repartidos en cien premios.

El polémico sorteo, organizado por la Lotería Nacional, quería simbolizar la venta del majestuoso Boeing 787 Dreamliner utilizado por el anterior presidente Enrique Peña Nieto, que todavía permanece aparcado en un hangar a la espera de comprador.

El Gobierno emitió 6 millones de participaciones o «cachitos» a un valor de 500 pesos (unos 20 euros) y prometió dedicar los fondos a comprar equipos médicos, aunque las cifras arrojan dudas sobre la rentabilidad de la idea. Pocos días antes del sorteo se habían vendido el 70% de los «cachitos», lo que deja un margen muy escaso entre la recaudación y los premios a entregar.

Aunque muchos en México la consideran una medida excéntrica en la que el presidente se ha empecinado, López Obrador defiende el éxito de su plan y aseguró que entre las papeletas y la futura venta obtendrá 4.000 millones de pesos, 160 millones de euros, que irán destinados «a equipar los hospitales».

La controversia ha sido grande después de que un alto funcionario instó a los trabajadores a partir de un nivel salarial a colaborar comprando al menos cinco «cachitos» y mostrar el recibo a sus superiores. Un empleado de esta dependencia le dijo a Reuters que la «invitación» era injusta. «Muchos compañeros sentimos que era una obligación. Somos afortunados por tener trabajo, pero eso no quiere decir que debamos comprar boletos». AMLO también convocó a un grupo de grandes empresarios y les animó a participar en la rifa y el propio gobierno, ante el bajo ritmo de ventas, compró casi un millón de «cachitos» para repartirlos entre los centros médicos con la condición de invertirlo en la mejora de las instalaciones si resultaba ganador.

La venta hasta el momento no se ha concretado por la dificultad de colocar en el mercado un avión personalizado, con cama «king size» y cinta andadora. También cuenta con oficina, sala de reuniones y asientos para 80 pasajeros con teléfonos satelitales. Enrique Peña Nieto fue muy criticado por utilizar el avión para llevar a miembros de su familia en viajes de lujo.

AMLO considera el avión un «gasto faraónico» que explica cómo «vivían los poderosos» y un símbolo del fasto y el derroche de anteriores administraciones que pretende desterrar como parte del discurso anticorrupción que le convirtió en el presidente más votado de la historia de México. Desde que asumió el cargo solo viaja en vuelos comerciales y defiende una austeridad estricta que muchos aprueban en un país con más de la mitad de la población en situación de pobreza. El mandatario llegó a decir que un avión tan lujoso «que ni Trump tiene, es un insulto para el pueblo».