La batalla partidista anula el plan de estímulos contra la pandemia en EE UU

El paro es el más alto en un siglo a un mes de las elecciones presidenciales. La Fed advierte de los daños si no se aprueba un rescate

A pocas horas del debate entre el vicepresidente Mike Pence y la aspirante a sucederle, Kamala Harris, EE UU amanecía con malas noticias económicas. Empantanado en el Capitolio, el nuevo plan de estímulo acaba de ser paralizado por el Gobierno. Debería sustituir al anterior, cuyo paraguas finalizó en julio.

El presidente de la Reserva Federal, Jerome H. Powell, advierte de que sin un nuevo paquete EE UU puede asomarse a «un largo período de progreso innecesariamente lento, que podría continuar exacerbando las disparidades en nuestra economía. Eso sería trágico, especialmente a la luz del progreso de nuestro país en estos temas en los años previos a la pandemia». Las palabras de Powell llegaron mientras las cifras del paro a nivel nacional luce en el 7,9%, el porcentaje más alto a un mes de las elecciones presidenciales en casi un siglo.

Quedan ya lejos los 3 billones de dólares repartidos por el Senado y el Congreso durante los peores meses de la pandemia. Sin perspectivas de un nuevo acuerdo, la economía amenaza ruina, herida de muerte en el sector servicios y, especialmente, en las aerolíneas. Hasta el punto de que en Washington crece el rumor de un posible acuerdo sectorial. Un paquete quirúrgico, especialmente diseñado para salvar a un sector estratégico, mientras gigantes de la aviación como American y United pierden millones de dólares al día, con buena parte de la flota varada y cero perspectivas de recuperar negocio en las próximas semanas.

Sobre todo de mantenerse las cifras de contagio del virus, que el lunes marcaba otros 42.553 positivos y 721 muertos, que ya superan los 211.000.

Con los dos aspirantes a la Casa Blanca guardando armas, sus equipos pregonaron que ambos habían vuelto a dar negativo en los test de detección. Y la comisión encargada de los debates presidenciales en televisión admitía en público que su celebración dependerá en buena medida del criterio de los médicos.

Donald Trump fue diagnosticado el 1 de octubre y el segundo debate con Joe Biden está previsto para el día 15. El vicepresidente de la comisión, Frank Fahrenkopf, explicó que la celebración «dependerá de lo que digan los médicos sobre su salud [del presidente], si está o no solo a salvo, y si lo está la gente a su alrededor». «Estamos preocupados por nuestro personal y trabajadores aquí», añadió.

«Tenemos un equipo de unas 65 personas que trabajan en estas cosas. Por tanto, dependerá de cuál sea la evidencia médica y de los consejos que recibamos si es seguro o no seguir adelante». Sostiene Fahrenkopf que la comisión decidirá en función de lo que digan los médicos. Algo que Biden ve como lo más acertado.

Confusión sobre la salud de Trump

Entretanto, crecían los rumores y el goteo de filtraciones y desmentidos respecto a la peripecia vivida por el Gobierno en los últimos días. Al parecer, Trump quería retomar su actividad desde el Despacho Oval. Una opción desaconsejada por sus asesores científicos, que temen que la epidemia de contagios en la Casa Blanca sea ya incontrolable, así como por sus abogados, asustados ante las imprevistas derivas de la enfermedad y que los sucesivos contagios no terminen por provocar una crisis legal.

Desde luego no será por la confianza que destilan los comunicados del jefe médico de la Casa Blanca, Sean Conley, que en un nuevo comunicado explicó que el presidente no muestra ya ningún síntoma de la enfermedad. «Me siento fenomenal», cuenta Conley que dijo Trump durante la mañana del miércoles.

«Su estado físico y sus constantes vitales», escribió, «incluida la saturación de oxígeno y el ritmo respiratorio se mantienen estables y en un rango normal. Ya lleva sin fiebre más de 4 días, no ha tenido ningún síntoma en las últimas 24 horas, y no ha necesitado y no ha recibido ningún suplemento de oxígeno desde la hospitalización inicial».

Una de las grandes tormentas de los días pasados fue generada por el propio Conley. Por momentos parecía que en lugar de dirigirse a la nación el médico hablaba para su paciente, y que todas sus palabras tenían el sello aspiracional de quien espera agradar a un empleador.

Desde las fechas del contagio, que en un primer momento había datado en el miércoles, más de 24 horas antes de lo anunciado por Trump, a su incapacidad inicial para zanjar si éste había o no había necesitado oxígeno, sus parrafadas desataron una cierta histeria. Acrecentada cuando trascendió que la tercera en la línea de la Presidencia, Nancy Pelosi, no estaba siendo informada de la evolución de la salud del comandante en jefe. Confusión multiplicada con el paseo de Trump a bordo de un blindado.