Confusión respecto al verdadero estado de salud de Trump

A un mes de las elecciones, la covid acorrala al entorno del presidente. La enfermedad del magnate y los múltiples contagios dentro del Partido Republicano abren una crisis política e institucional

El presidente de EE UU, Donald Trump, sabía que era positivo de coronavirus desde el pasado miércoles. Lo afirmó ayer el médico de la Casa Blanca, Sean Conley, durante una rueda de prensa en la entrada del hospital militar Walter Reed. Para estupor de todos, Conley afirmó que el diagnóstico presidencial tenía 72 horas. Y no las 36 transcurridas desde que a la 1 de la madrugada del viernes, Trump anunció su diagnóstico vía Twitter.

Esto significa que el jueves viajó a un acto electoral en Mineápolis, participó en un acto de recaudación de fondos en su club de golf de Nueva Jersey y fue entrevistado en televisión a sabiendas de que tenía el virus, sin informar a nadie y sin seguir ninguna de las recomendaciones médicas. Una noticia sensacional, que deja en suspenso el resto de afirmaciones de Conley: «El presidente está muy bien».

Sean Conley añadió que había recomendado su hospitalización «como medida de precaución a fin de vigilar su estado con los medios más avanzados y brindarle cualquier atención que pueda necesitar». Aunque señaló que Trump llevaba 24 horas libre de fiebre y trató de borrar cualquier duda respecto a si el presidente ha necesitado oxígeno, dejó varias cuestiones claves por responder.

«La primera semana de covid y en particular los días séptimo al décimo son los más críticos para determinar el curso probable de esta enfermedad. El equipo y yo estamos muy contentos con el progreso del presidente. El jueves tuvo una tos leve y algo de congestión nasal, fatiga, pero todo se está resolviendo y mejorando».

Por si fuera poco, el jefe de gabinete de la Casa Blanca, Mark Meadows, desató el pánico después de explicar que «los signos vitales del presidente durante las últimas 24 horas han sido muy preocupantes y las próximas 48 horas serán críticas. Todavía no estamos en un camino claro hacia una recuperación completa».

Horas después del escándalo, Trump reapareció en Twitter con un vídeo asegurando que se encontraba “mucho mejor” de la covid y que “volverá pronto” para finalizar la campaña. El presidente también calificó de “milagrosos” los tratamientos que recibió de los médicos, aunque señaló que “el próximo par de días” será clave para ver cómo se desarrolla su enfermedad.

Para añadir más caos poco después el ex gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, que acompañó a Trump al debate electoral del martes, anunció que él también ha dado positivo. Se acumulan así los casos en el entorno más inmediato del presidente. Primero fue Hope Hicks, asesora de Trump, que mostró los primeros signos de covid-19 y fue aislada en la cola del Air Force One, durante el viaje de vuelta del debate en Denver.

Aparte de Christie, de la propia Hicks, del presidente y de la primera dama, Melania Trump, también han dado positivo la ex asesora Kellyanne Conway, la directora del Comité Nacional del Partido Republicano, Ronna McDaniel y el jefe de campaña de Trump, Bill Stepien. Han dado negativo Ivanka Trump y Jared Kushner, Mike y Karen Pence, Rudy Giulliani y el jefe de personal de la Casa Blanca, Mark Meadows. Todos ellos compartieron actos de diversa índole en la última semana.

Comenzando por el anuncio, en los jardines de la Casa Blanca, Amy Coney Barrett. El acto tuvo lugar en el Rose Garden, asistieron más de 200 invitados y, como suele ser habitual en la Casa Blanca de Trump, pocos llevaban mascarilla o respetaban las recomendaciones relativas a la distancia. Algo similar puede decirse del debate en Cleveland, los actos de campaña en Minesota, Nueva Jersey, Florida, etc. También han dado positivo varios periodistas acreditados a la Casa Blanca.

Pero más allá del de Trump ningún caso resulta más trascendente políticamente que el de los senadores por Utah y Carolina del Norte Mike Lee y Thom Tillis, que también han sido diagnosticados como positivos. Los dos acudieron al acto del sábado. Forman parte del Comité Judicial encargado de estudiar y votar la nominación de la juez Barrett. A ellos hay que sumar a otro senador, Ron Johnson, por Wisconsin, que también está llamado a votar en el sufragio final del Senado. Todo esto es sumamente relevante porque si tres o más senadores se ausentan durante octubre será materialmente imposible que la Cámara pueda confirmar a Barrett antes de las elecciones presidenciales.

El líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, ha asegurado que el proceso seguirá su curso previsto y que las audiencias para confirmar a la magistrada arrancarán el 12 de octubre. Al mismo tiempo los republicanos del Senado han confirmado que cancelan todos sus trabajos legislativos hasta el 19 de octubre, a la espera de testar a todos los miembros de un grupo que ya suma tres contagios en menos de una semana y cuyos representantes acostumbran a citarse para comer al menos tres veces a la semana.

A la posibilidad de que uno o más senadores no puedan acudir por culpa del virus se añade el temor de que otros colegas voten en contra. Especialmente si la votación queda suspendida hasta después de las elecciones y el resultado es negativo para los intereses de los republicanos.

¿Por qué ha ingresado en un hospital militar?

Por lo demás, y como han comentado varios especialistas médicos en los medios, resulta inquietante que, tratándose de un cuadro poco severo, el presidente fuera hospitalizado. El argumento de las precauciones, aunque creíble, choca con la evidencia de que la Casa Blanca tiene a su disposición unas completísimas y sofisticadas instalaciones médicas. Llama la atención el que Trump haya recibido un tratamiento a base de anticuerpos en fase experimental, Regeneron y que haya comenzado a ingerir el antiviral Remdesivir.

Al parecer varias personas que compartieron con el presidente la jornada previa a su ingreso lo encontraron exhausto y letárgico. También inciden en que habría vivido con creciente preocupación su diagnóstico y la aparición de los primeros síntomas. Con 74 años y algo de sobrepeso, Trump pertenece al segmento de población más vulnerable a los estragos que causa el coronavirus. Es muy posible que salga bien de esta. Pero tampoco es seguro, y los efectos políticos e institucionales serían tan graves como inéditos. Nadie sabe bien qué sucederá en los próximos días más allá de que el vicepresidente, Mike Pence, que ha vuelto a dar negativo, deberá de asumir momentáneamente el protagonismo de la campaña.

Pero la propia campaña, de la que resta un mes, queda seriamente comprometida incluso si Trump no sufre más que una infección leve. Los 14 días de cuarentena, por ejemplo, provocarán la automática suspensión de todos sus actos y afectan al próximo debate con Joe Biden. Los próximos siete días serán cruciales para saber cómo evoluciona el presidente y si se desata una crisis institucional de proporciones bíblicas.