La fractura de América

El mapa electoral se agrieta entre los votantes rurales y urbanos y el norte y sur

Los estadounidenses se despertaron ayer con los resultados de las elecciones que ya anticiparon muchos medios de comunicación: no hay un ganador claro. Los Estados bisagra de Michigan y Wisconsin, que tradicionalmente eran demócratas, cambiaron a Trump en 2016 y están demasiado cerca de volver a los demócratas. Wisconsin se da por ganado. La covid ha enturbiado la normalidad de las elecciones con muchos votos por correo aún por contar. Sin embargo, con lo que tenemos, podemos analizar lo que nos dicen las urnas: somos un país muy dividido y el excepcionalismo estadounidense ha terminado.

Un país dividido

Los resultados del Senado y la Cámara de Representantes nos dicen mucho. Parece que el primero seguirá en manos de los republicanos, pero por un estrecho margen. El Senado está compuesto por dos representantes de cada Estado y en este momento el recuento de votos muestra a los demócratas con 44 escaños y a los republicanos con 47, los otros 9 todavía se están contando. Se preve que los republicanos obtendrán una pequeña mayoría, lo que demuestra que en todos los Estados existe división política. En segundo lugar, al mirar más a fondo el mapa electoral se aprecia una clara fractura, que ya comenzamos a ver en las elecciones de 2000, entre votantes rurales y urbanos. La razón por la que Pensilvania, Wisconsin y Michigan son Estados bisagra se debe a esa división urbana/rural. En tercer lugar, nuevamente vemos que el sur se mantiene firme con los republicanos, acentuando la división norte-sur del país.

A medida que transcurran los días comenzaremos a tener una imagen más exacta del 3-N. Como señala el comentarista de CBS, Major Garrett, la fuerza venció a la empatía y la preocupación por la economía fue más fuerte que por la covid. Es un análisis muy generalista pero creo que tiene algo de verdad. Muchos estadounidenses creen que el «discurso duro y real» de Trump es convincente, ignora la pandemia para enfocarse en la economía como un argumento destacado.

La cuestión racial

Se mantuvo como un tema tangencial. El análisis electoral durante la campaña se centró en los votantes latinos y negros. En cada ciclo electoral me preguntan sobre los votantes latinos como si fueran un grupo monolítico, pero lo cierto es que existen diferencias, por ejemplo, entre los cubanos, puertorriqueños y mexicanos. Los latinos no son un bloque, y el voto electoral de Florida lo demostró. También será interesante analizar el voto negro en Florida. ¿Están más preocupados por la justicia racial o por quién genera empleo? Habrá mucho que examinar después de estas elecciones, pero el mensaje es que Estados Unidos está dividido de muchas maneras y será en detrimento de nuestra sociedad y la posición del país en el mundo. Como dijo una vez el presidente Lincoln: «Una casa dividida no puede mantenerse». Y estas palabras comienzan a sonar más verdaderas hoy que nunca, ya que los Estados de la costa Este y Oeste con mayor población se sienten encadenados a los votantes rurales y del sur debido al sistema del Colegio Electoral. Éste era un vestigio de un acuerdo entre los Estados que tenía esclavos y los que no. Algo residual de una estructura elitista que cuestionaba la capacidad de los ciudadanos para poder tomar una decisión a nivel nacional, por lo que se creó un sistema para promover la voluntad de las élites, y no del pueblo, y dar al sur más influencia usando a sus esclavos como parte del conteo electoral, pero sin añadirles como ciudadanos votantes. Hoy se mantiene el status quo.

Excepcionalismo americano

Los académicos también afirman que Estados Unidos es un país único y un verdadero faro de democracia. Sin embargo, desde hace cuatro años, y la noche del 3-N se demostró, Estados Unidos no es diferente a otros países que han visto un auge del populismo y el antiliberalismo, como Polonia, Hungría y Brasil. Los partidos políticos occidentales modernos tienen bases ideológicas, no están definidos por el líder del partido, sino por la totalidad de sus miembros.

El «trumpismo» podría fácilmente compararse con muchos países donde el personalismo define al partido político. Jarosław Aleksander Kaczynski en Polonia, Victor Orban en Hungría y Jair Bolsonaro en Brasil. Todos estos ejemplos tienen un mensaje populista, nativista y antiglobalista, pero también se centran en figuras carismáticas, más que en cuestiones ideológicas tradicionales de izquierda y derecha. El Partido Republicano es ahora completamente irreconocible del que lideró Ronald Reagan, que tenía ciertos valores clave de conservadurismo compasivo y economía neoliberal que trascenderían a él. ¿Puede el «trumpismo» trascender a Trump? No está claro.

Lo que sí está claro es que Estados Unidos es un país diferente de lo que era a principios de este siglo. A medida que la pandemia continúe y la izquierda y la derecha se polaricen todavía más, el camino a seguir será un verdadero desafío, sin importar quién gane la Presidencia. Las generaciones más jóvenes heredarán lo que los estadounidenses hemos sembrado ahora, y serán ellos los que enderezarán el barco o pagarán el precio de esta nación dividida.