Doce días frenéticos que pusieron a España en el centro del mundo

Por primera vez se sentaron en una mesa un primer ministro israelí con sus rivales tradicionales palestinos, Jordania, Siria y Líbano

Felipe González con Gorbachov y Georte Bush
Felipe González con Gorbachov y Georte Bush

La capital de España fue, hace hoy 30 años, el escenario de una de las cumbres más importantes del momento, la Conferencia de paz de Madrid, un evento histórico que consiguió sentar a israelíes y árabes para dialogar en torno a un conflicto con múltiples aristas y que España organizó en un tiempo récord. El acontecimiento, que anunciaron el 18 de octubre en Jerusalén el secretario de Estado norteamericano, James Baker, y el ministro soviético de Asuntos Exteriores, Boris Pankin, fue histórico.

Y lo fue porque, por primera vez, se reunían en torno a una misma mesa Israel, cuya delegación encabezaba el primer ministro, Isaac Shamir (único gobernante en litigio que acudió), y rivales tradicionales, como los palestinos, Jordania, Siria, Líbano y Egipto, aunque con el gobierno de El Cairo ya habían reconducido la histórica enemistad.

Intervención del entonces presidente de Estados Unidos, George Bush, durante la sesión inaugural de la Conferencia de Madrid en 1991
Intervención del entonces presidente de Estados Unidos, George Bush, durante la sesión inaugural de la Conferencia de Madrid en 1991 FOTO: Efe EFE

También fue la primera oportunidad en que se sometió a consideración la fórmula palestina de “paz por territorios”, al tiempo que se abordó el reconocimiento por parte árabe al Estado de Israel. La celebración en Madrid de la conferencia, auspiciada por las administraciones de EEUU y Rusia, entonces dirigidas por George Bush y Mijail Gorbachov, fue considerada “especialmente oportuna” por la embajada soviética en Madrid, “no sólo por los lazos de España con esta región, sino también por su creciente papel en todas las relaciones internacionales”.

El representante en España de la OLP, Isaam Kamel El-Salem, mostró su agrado por la elección de Madrid y agregó que el anuncio fue “una agradable sorpresa” por la cercanía de Madrid con Túnez, donde estaba ubicada la sede de la OLP, y por el “prestigio de España en el ámbito internacional”.

El ministro consejero de la embajada israelí, Mijael Eligal, declaró a EFE que “la elección de Madrid como sede de la conferencia fue una absoluta y grata sorpresa para todos nosotros”. Fue también considerada un logro para España y el Gobierno de Felipe González, ya que rompió el mito arrastrado desde la creación del estado judío, en 1948, de que un representante israelí jamás podría sentarse a negociar junto a un palestino.

“Estoy aquí. Ya no puedes negar más mi existencia”, clamó, sin embargo, el hoy fallecido Saeb Erekat -número dos del equipo palestino en Madrid y jefe negociador de 1995 a 2003-, con la “kufiya” palestina blanca y negra sobre los hombros, mirando a los ojos al primer ministro israelí, Isaac Shamir, en alusión a la presencia en la sala de palestinos, representados por otros en el pasado.

Árabes e israelíes eran irreconciliables desde que en 1948, tras la creación del Estado Hebreo, la ONU acordó la partición de Palestina que llevó a más de un millón de palestinos a la diáspora y dio origen a la primera guerra árabe israelí.

Fue en junio de 1967 cuando Israel protagonizó una guerra rápida (llamada de los Seis Días) en la que ocupó Gaza y Cisjordania, el Sinaí egipcio, y los Altos del Golán sirios (anexionados en 1981). También con Líbano, Israel mantenía un contencioso tras invadirlo en su frontera sur.

La tarea, pues, de los negociadores se centró no sólo en intentar sentar las primeras bases de reconciliación de Israel con Palestina, sino con Líbano y Siria. Con Egipto ya había firmado la paz en 1978 (Acuerdos de Camp David), por los que le devolvió el mencionado Sinai.

La conferencia puso sobre la mesa la cuestión del Líbano, donde Israel había desplegado su Ejército a raíz de las invasiones en 1978 y 1982. En 1985, el Ejército hebreo se replegó de la mayoría del territorio, pero conservaron una zona de 1.100 kilómetros cuadrados al sur. Sería en el año 2000 cuando los planteamientos de Madrid darían su fruto al replegar Israel sus tropas del país de los cedros.

Oslo, un efecto

Aunque las reuniones concluyeron el 1 de noviembre de 1991 con acusaciones mutuas entre árabes e israelíes, sobre todo en lo concerniente a Palestina, días más tarde se alcanzó un acuerdo por el que Israel aceptó negociar en base a las resoluciones 242 y 338 de la ONU, que establecen el principio de “paz por territorios”.

Sólo un año después se empezó secretamente en Oslo el diálogo directo entre las dos partes y el 13 de septiembre de 1993, el primer ministro laborista de Israel, Isaac Rabin, y el líder de la OLP, Yaser Arafat, firmaron en Washington la llamada Declaración de Principios que otorgaría la autonomía para Gaza y Jericó.

Siria, que acudió a la Conferencia con la exigencia de recuperar los Altos del Golán, acordó un canal técnico de comunicación a través de Estados Unidos y Rusia. Más allá de los delicados aspectos geopolíticos, la conferencia puso a prueba la capacidad organizativa de los anfitriones, pues se montó en tan solo 12 días “frenéticos”.

En conversación con Efe, la entonces ministra Portavoz del Gobierno, Rosa Conde, repasaba el “inmenso torbellino” que fueron aquellos días y las “listas enormes de cosas por hacer” que se revisaban a diario.

Hubo que atender, según Conde, peticiones personales, como la del equipo del presidente francés, François Mitterrand, que pidió hasta tres veces “cambiar toda la iluminación” para que no saliera “tan viejo por la tele”.

Se dispuso de 15.000 policías de refuerzo; cientos de municipales estaban pendientes de las decenas de caravanas oficiales que cruzaban Madrid a todas horas e incluso se usaron perros policía y se montaron arcos detectores en el interior del Palacio Real, ya que algún delegado pretendía entrar armado a la sala de reuniones.