El giro de la política exterior alemana con el nuevo Gobierno “semáforo”

Los Verdes aceptan el pacto de la nueva coalición que da vía libre a que Annalena Baerbock sea la primera ministra de Exteriores de Alemania

Un combo de los nuevos ministros del Gabinete Scholz, formado por Los Verdes, los liberales y los socialdemócratas
Un combo de los nuevos ministros del Gabinete Scholz, formado por Los Verdes, los liberales y los socialdemócratas FOTO: STAFF REUTERS

El partido de Los Verdes aprobó este lunes el pacto de gobierno que convertirá al socialdemócrata Olaf Scholz en el nuevo canciller de Alemania y por ende, tal y como se aprobó en los acuerdos de coalición, cederá la cartera de Exteriores a la líder ecologista Annalena Baerbock. Una designación que marcará un hito en la historia de la diplomacia germana. No solo será la primera mujer en portar esta cartera, sino que será la persona más joven en ocupar este cargo: el 15 de diciembre cumplirá 41 años. Pero hay más.

Bajo Angela Merkel, la política alemana se hizo principalmente en la Cancillería a base de maniobras bastante cautelosas pero, según la voluntad de Los Verdes, todo apunta a que a partir del miércoles, cuando tome posesión la llamada “coalición semáforo”, nuevos aires soplarán en Bruselas. Y algunos llegarán huracanados. Sin tan siquiera haber jurado su cargo, Baerbock ya ha dado algunas pistas sobre sus próximas líneas de actuación que, en cualquier caso, dejan claro que la política de apaciguamiento de Merkel será cosa del pasado.

Nunca antes hubo tanta influencia de Los Verdes en la política europea y el partido ecologista no está dispuesto a perder esta oportunidad para enfrentarse a algunos de los puntos más conflictivos del panorama internacional, incluidos los choques con Moscú, Pekín, Varsovia y Budapest. El acuerdo de coalición dice: “Pedimos a la Comisión Europea, como guardiana de los tratados, que utilice y haga cumplir los instrumentos existentes sobre el estado de derecho de manera más coherente y rápida”. Una directa lanzada directamente hacia Polonia y Hungría y hacia el talante de la presidenta de la Comisión de la UE, Ursula von der Leyen.

No obstante, los dardos más afilados van hacia China y Rusia. El mismo acuerdo habla de un “lenguaje más claro” hacia el gobierno de Putin, lo que algunos analistas ya entienden como un distanciamiento de los valores y premisas que se defienden en el Kremlin. ¿Un regreso a una especie de guerra fría? Algunos politólogos lo ven así, pero ya no solo contra Moscú, sino también entre Los Verdes y los socialdemócratas. Mientras que el partido liderado por el futuro canciller aboga por una nueva “Ostpolitik” (política con el este) que busque un compromiso con Moscú o una continuidad al controvertido gasoducto Nord Stream 2, los Verdes miran hacia otro lado. Según los ecologistas, el gasoducto aumentará aún más la dependencia de la Unión Europea con el suministro del gas ruso y dejará a Ucrania en la estacada. Para Los Verdes “Nord Stream 2 no es un proyecto europeo ya que nunca tuvo mayoría en la Comisión Europea”.

Más allá de este proyecto, en el punto de mira también están las relaciones entre Olaf Scholz y Vladimir Putin. Exceptuando alguna situación más propia del anecdotario político, la relación entre Merkel con el líder ruso estuvo colmada de puntos brillantes. Ambos suman más tiempo en el cargo que la mayoría de sus colegas. Putin habla alemán, Merkel habla ruso y además la líder no pasó más horas con ningún jefe de estado o gobierno extranjero, ni por teléfono ni en persona, que con Putin. En estos años se les ha visto depositando una corona de flores en la Tumba del Soldado Desconocido en Moscú como riéndose a carcajadas en la Feria de Hannover. Según los rumores, muchas buenas botellas de vino tinto se han vaciado durante las conversaciones bilaterales. Una distensión que muchos dudan se repita con la llegada de Scholz.

Pero sin duda, las palabras más fuertes van en dirección Pekín. En una entrevista con el periódico “Tageszeitung”, Baerbock aseguró que “como europeos, no debemos hacernos más pequeños de lo que somos” y agregó que el mercado europeo, como uno de los mercados domésticos más grandes del mundo, es un aliciente para China y, sin morderse la lengua, aludió a la práctica del trabajo forzoso en el país asiático. Unas palabras que no gustaron en Pekín y que, poco después, fueron rebatidas a través de un comunicado de la embajada china en Berlín que, en un tono nunca visto durante el Gobierno de Merkel, exigió al futuro ejecutivo germano que “construya puentes en lugar de muros”. De hecho, el ministro de Exteriores saliente jugó un papel importante en un controvertido acuerdo de inversión entre la UE y China, que ahora está suspendido.

En la dirección contraria, se pone la lupa en los vínculos transatlánticos, muy magullados durante la presidencia de Donald Trump. La nueva ministra tendrá que decidir si acogerse al llamado del presidente estadounidense, Joe Biden, que busca aliados contra China, u opta por mantener a Alemania fuera de esa confrontación. Otro de los puntos a tener en cuenta será si Berlín decide que Estados Unidos retire sus armas atómicas de Alemania o rechaza aumentar los gastos de defensa, tal y como reclama Washington desde hace tiempo.

Con todo, mientras que la idoneidad de Baerbock para el Ministerio de Relaciones Exteriores está siendo cuestionada por opositores políticos, su partido se está armando para futuras disputas en Europa y alrededores contratando a personal de primera clase. La misma Baerbock es politóloga e hizo un máster en derecho internacional público en Londres, pero desde la prensa alemana ya se lanzan nombres, con sobrada experiencia en consultoría y trabajo internacional, sobre los que podría apoyarse la líder ecologista para llevar a cabo su cometido.