Ucrania: la obsesión de Putin

Para el presidente ruso su vecino es Estado artificial promovido por Occidente que debe regresar a la órbita rusa para completar su visión neoimperialista

Un soldado ucraniano camina en la línea de separación entre su país y la región oriental tomada por los rebeldes prorrusos en Donetsk, el domingo 9 de enero
Un soldado ucraniano camina en la línea de separación entre su país y la región oriental tomada por los rebeldes prorrusos en Donetsk, el domingo 9 de enero FOTO: Andriy Dubchak AP

Las ráfagas de metralletas y el ruido de botas militares continúan en el este de Ucrania. El país comparte fronteras con la Unión Europea y Rusia, como antigua república soviética sus 44 millones de habitantes tiene profundos lazos sociales y culturales con Rusia. Ucrania está en el centro de las tensiones entre Rusia y Occidente. Su destino, es para Moscú, una pieza fundamental de su seguridad, un territorio de importancia estratégica y una obsesión personal para Vladimir Putin que ve a Ucrania como un elemento central de su visión de una gran Rusia.

En un extenso artículo publicado en julio del pasado año, Putin explicó los lazos históricos que los unen y su visión unificadora para ambos, en numerosas ocasiones se ha referido a rusos y ucranianos como un solo gran pueblo; en su opinión, Ucrania es un estado artificial promovido por Occidente.

Desde que en 2014 Rusia ocupó ilegalmente la península de Crimea, ucranianos y rusos mantienen un conflicto armado que se ha estancado en los últimos años. En los últimos seis meses la disputa se ha vuelto a reabrir y las alarmas están sonando cada vez más alto en Washington y Kiev.

Alertados por las movilizaciones militares que el ejército ruso mantiene en la frontera oriental ucraniana desde la pasada primavera, el secretario de Estado Antony Blinken advirtió a los aliados europeos sobre una nueva posible invasión rusa, los servicios de inteligencia de ambos países trabajan sobre la hipótesis de un ataque en los últimos días de enero.

Más de 100.000 soldados rusos están desplegados en la línea fronteriza ucraniana, tanques, artillería, francotiradores, hospitales de campaña y acorazados en el Mar Negro forman parte del destacamento. Moscú acusa a Ucrania de desplegar en el este del país a la mitad de su ejército, unos 125.000 militares, alegando que Kiev planea atacar zonas controladas por los separatistas apoyados por el Kremlin en la región del Donbás, ahí Rusia ha repartido hasta 100.000 pasaportes; estos recién estrenados ciudadanos rusos en territorio ucraniano son la baza más importante del Kremlin para justificar una irrupción en los territorios de Donetsk y Lugansk y avanzar hacia el interior de país desde esas posiciones.

Según los expertos, Putin tiene razones para pensar que este es el mejor momento para una invasión, los rusos pueden ver que Estados Unidos está dividido, que Europa está agotada por la pandemia y necesita gas ruso, y que nadie parece estar interesado en aventuras militares. El presidente ruso no ha decidido si se marchará en 2024, cuando termina oficialmente su mandato, su objetivo pasaría por dejar una Rusia fuerte y segura; no con una guerra abierta que está por cumplir ocho años activa y que se ha cobrado la vida de 14.000 personas, entre civiles y militares.

Las tropas rusas ocupan no solo partes de Ucrania, también partes del territorio de Georgia y Moldavia. Su influencia se extiende a un apoyo incondicional al dictador bielorruso Aleksandr Lukashenko. Desde la invasión rusa de Georgia en 2008, estadounidenses y europeos se han visto constantemente sorprendidos por Moscú, sus ambiciones territoriales y la interferencia rusa en sistemas políticos extranjeros son persistentes con el objetivo de reforzar su presencia e impulsar su influencia política. Restablecer su autoridad dentro de las antiguas fronteras soviéticas pasa por detener el avance de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

La diplomacia al más alto nivel ha vuelto a la escena política, en conversaciones y documentos de trabajo previos, el Kremlin exigió una amplia serie de garantías de seguridad a la OTAN: no más expansión hacia el este y poner fin a la cooperación militar con Ucrania y Georgia, con quien mantiene disputas territoriales; unido a la promesa de no desplegar tropas o armas en los países que se unieron al bloque después de 1997. Las demandas rusas también incluyen el compromiso conjunto de no instalar misiles de corto y medio alcance y un mayor intercambio de información sobre ejercicios militares.

Kiev y sus aliados están vigilando de cerca los movimientos de Putin. El apoyo de Occidente a Ucrania es unánime, Estados Unidos ha continuado brindado entrenamiento militar, incluidos 350 millones de dólares en armas defensivas previstas para este año. Esto no permitiría a Kiev atacar a Rusia, pero podría ayudar a los ucranianos a defenderse. “Estamos hablando del futuro no solo de Ucrania, sino también de la seguridad europea y un orden mundial basado en reglas y valores democráticos”, aseguró el presidente ucraniano Volodímir Zelenski esta semana. Cualquier movimiento ruso hace activar la maquinaria diplomática del gobierno ucraniano, presionando a sus aliados internacionales para que hagan declaraciones públicas y apliquen sanciones económicas a Moscú.

Según los datos publicados por Naciones Unidas, Ucrania mantiene desde los últimos tres años un pequeño, pero progresivo, avance en los índices internacionales de calidad democrática, erradicación de la pobreza y extensión de la educación. La idea de una Ucrania democrática y europea a las puertas de Rusia es, para el líder ruso, intolerable; planteando un desafío demasiado grande para el sistema político autocrático y cada vez más brutal del mandatario ruso.