Las lecciones que las elecciones en Portugal dejan a la izquierda española

Los partidos de coalición a la izquierda de los socialistas portugueses han sufrido un mal resultado en las urnas

El primer ministro de Portugal, Antonio Costa y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), comparecen en rueda de prensa, en la XXXI Cumbre Hispano-Portuguesa, a 28 de octubre de 2021, en Trujillo
El primer ministro de Portugal, Antonio Costa y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), comparecen en rueda de prensa, en la XXXI Cumbre Hispano-Portuguesa, a 28 de octubre de 2021, en Trujillo FOTO: Jorge Armestar Europa Press

Pedro Sánchez siempre ha presumido de una buena relación con el primer ministro portugués António Costa. El sistema de apoyos que supo tejer el mandatario luso con fuerzas minoritarias a su izquierda fue un referente para el líder español. Sin embargo, algo se rompió a finales de 2021 cuando los socios del gobierno portugués Bloque de Izquierda (BE) y Partido Comunista Portugués (PCP) se desmarcaron de Costa y decidieron boicotear los presupuestos generales, poniendo así al Ejecutivo progresista en un callejón sin salida que condujo a la celebración de elecciones anticipadas.

El resultado no ha podido ser mejor para el Partido Socialista portugués. Costa, un equilibrista de la política con una larga experiencia a todos los niveles de la administración, ha conseguido una mayoría absoluta que no vaticinaban los sondeos. Por contra, las formaciones de izquierda que sustentaban su gobierno han experimentado un fuerte retroceso. El Bloque de Izquierda (BE), que era la tercera fuerza con 19 diputados, ahora tan solo suma cinco.

La coalición del Partido Comunista (PCP) y Los Verdes (CDU) también ha salido debilitada, ya que ha logrado, hasta el momento, seis diputados, todos del PCP y ninguno de Los Verdes. En 2019 logró 10 asientos. Por su parte, el partido Livre revalida el diputado de la pasada legislatura y su electo, Rui Tavares, dijo anoche que representará a la “izquierda verde europea”.

Los analistas políticos sugieren que el triunfo de Costa puede ser una buena noticia para Sánchez ya que podría hacer valer los resultados en Portugal para extrapolarlos en España con el argumento de que los socios minoritarios que entorpecen la gobernabilidad pueden salir muy malparados en caso de elecciones, como ha sucedido en el país vecino.

Raquel Varela, historiadora y profesora de la Universidad Nova de Lisboa, asegura que en España también podría sucederle lo mismo a los partidos de coalición como Podemos: “Podemos ha perdido mucho apoyo gobernando, no es tanto porque dificultar la gobernabilidad de tus socios pase factura sino porque hay una pérdida de identidad. Los partidos pequeños, cuando gobiernan con los grandes, pierden su identidad. Lo hemos visto en Portugal y también en España”.

Al obtener un 41,7% de los votos y 117 escaños en el parlamento de 230 escaños, los socialistas portugueses podrán sacar adelante su programa sin el apoyo de otros partidos. Varela señala que “Antonio Costa se ha beneficiado del voto útil de muchos ciudadanos contra la derecha”. A su juicio, “los portugueses tienen una memoria muy reciente y viva de lo que vivieron con los recortes de la Troika (FMI, Banco Central y Comisión Europea) durante los años de austeridad en los que gobernó la derecha. Se bajaron los sueldos y las pensiones. Portugal es un país envejecido y los mayores tienen miedo a que les vuelvan a bajar la pensión”.

Varela no cree que el resultado de Costa en Portugal pueda tener un efecto positivo para Pedro Sánchez en España. “El Partido Socialista portugués y el PSOE tienen muchas e históricas relaciones desde la Revolución de los Claveles. La economía portuguesa es cada vez más dependiente de la economía española. Los dos partidos se llevan muy bien, pero en España hay otra dinámica con divisiones nacionalistas y una derecha muy enraizada en la sociedad y en la cultura españolas”.

Con respecto a la fuerte subida del partido de extrema derecha Chega, Varela cree que Portugal ha dejado de ser una excepción en Europa al tener como tercera fuerza política un partido ultra conservador, “con algunas ideas racistas”, cuyo voto procede de Partido Socialdemócrata (PSD), el partido de centro derecha portugués que ha quedado en segunda posición por debajo de sus expectativas.