España

Costa no aguantó, ¿y Sánchez?

En Portugal nadie quería elecciones, como en España, pero al final, las va a haber

El primer ministro de Portugal, Antonio Costa (i) y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d)
El primer ministro de Portugal, Antonio Costa (i) y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d) FOTO: Jorge Armestar Europa Press

Pedro Sánchez apeló a la coalición “a la portuguesa” cuando solo tenía 85 diputados y cuando promovió la moción de censura. No le hizo falta el argumento para la siguiente investidura, aunque sí los votos independentistas y podemistas.

Los gobiernos frágiles no suelen morir de viejos, sino por otras causas. Antonio Costa se ha visto obligado a convocar elecciones porque sus socios le han dejado solo y en Portugal, a diferencia de lo que pasa en España, el gobierno no tiene la opción de prorrogar los Presupuestos Generales si no se aprueban.

Eso no quiere decir que para Sánchez no tengan coste las tensiones con sus socios, sino que las pagará en un momento diferente.

La bronca por la llamada “derogación de la reforma laboral”, las acusaciones de prevaricación vertidas por Ione Belarra sobre Meritxell Batet o la amenaza de ERC de presentar una enmienda a la totalidad a la propuesta de Presupuestos, proyectan una imagen de cierto desbarajuste, mercadeo de votos y convivencia demasiado forzada.

La cultura política de los españoles no entiende bien esta manera de hacer las cosas. Muy al contrario, queda un cierto regusto amargo porque se considera que unos pocos votos secuestran el programa político de la mayoría.

Los mordiscos a las cuentas públicas de ERC y PNV (aparentando que se llevan el trozo de la tarta a dos manos) y los codazos entre Díaz y Sánchez por apuntarse los tantos reformistas han cansado en poco tiempo a la opinión pública.

Si el PSOE espera una movilización de voto hacia sus siglas que les libere de las cadenas de la coalición, es que no ha entendido nada. Lo más probable es que reciba en primera persona el rechazo a las prácticas de sus socios de gobierno.

En Portugal nadie quería elecciones, como en España, pero al final, las va a haber.