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Brexit: la “oferta final” de Boris Johnson

La Unión Europea se abre a negociar aunque avisa que hay algunos puntos problemáticos

El primer ministro insiste que Reino Unido abandonará la UE el 31 de octubre, sin solicitar ninguna extensión

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Boris Johnson remitió ayer su esperada propuesta de Acuerdo de Retirada a Bruselas. El líder tory asegura que su primera opción siempre fue la de pactar una salida ordenada del bloque. En cualquier caso, todo lo que atañe al excéntrico político viene con letra pequeña y, en esta ocasión, no hubo excepciones. Evitar la frontera dura en la isla de Irlanda siempre ha supuesto el principal escollo en las negociaciones del Brexit y la solución que el líder tory plantea ahora es sacar a todo el Reino Unido de la unión aduanera, pero dejar a la provincia británica de Irlanda del Norte alineada con el mercado único -eso sí, tan sólo en cuanto a agricultura, alimentación y productos manufacturados- al menos hasta 2025.

Tras esta fecha, tal y como quiere Downing Street, la Asamblea de Belfast podría elegir si quiere seguir alineada con la regulación comunitaria o prefiere asumir la normativa del resto del Reino Unido que para entonces, según el sueño euroescéptico, tendrá suculentos acuerdos comerciales con terceros países, incluido Estados Unidos.

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Ese arreglo, de acuerdo con Boris Johnson, evitaría que se levantaran barreras en la división con la República de Irlanda, tal como exige el acuerdo que trajo la paz al Ulster en 1998, y al mismo tiempo, permitiría al Reino Unido al completo “salir de la Unión Europea, con el control sobre nuestra propia política comercial desde el primer momento”, tal y como siempre han demandado los euroescépticos.

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Arlene Foster, líder de norirlandeses del DUP, de cuyo apoyo depende el Gobierno, recalcó ayer que respalda el plan. Los norirlandeses siempre habían querido que la polémica salvaguarda fuera solo por un tiempo limitado, a pesar de las constantes negativas de Bruselas.

Pero los escoceses del SNP de Nicola Sturgeon no van a tardar en pedir un nuevo referéndum de independencia al ver cómo Belfast queda con un estatus especial que a Edimburgo siempre se le ha negado.

A priori, se antoja bastante complicado que los Veintisiete den ahora su beneplácito. La cumbre europea del 17 y 18 de octubre será clave, pero, al cierre de esta edición, Dublín ya había calificado la propuesta como “inaceptable”.

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En cualquier caso, si se alinearan los astros y la UE diera finamente luz verde todavía quedaría el obstáculo más complicado: la ratificación del texto en Westminster, donde el ambiente es de lo más hostil desde que el “premier” derogara el Parlamento, una decisión declarada por el Tribunal Supremo como “ilegal”.

La oposición laborista aseguró ayer que el plan “no es creíble ni viable”. “Se trata de un intento cínico para forzar un Brexit sin acuerdo”, afirmó en un comunicado John McDonnell, el portavoz de Economía laborista. Por lo que el panorama en la Cámara de los Comunes tampoco anima al optimismo.

La llamada “Ley Benn” obliga ahora a Johnson a pedir una nueva prórroga a Bruselas hasta el 31 de enero de 2020 si no consigue aprobar un pacto para el 19 de octubre. Pero el Gobierno estudia triquiñuelas legales para sortear la normativa. Dominic Cummings, el cerebro de la campaña del Leave convertido ahora en el hombre que realmente maneja los hilos en Downing Street, no está dispuesto a dar más rodeos. En definitiva, o se acepta esta propuesta o se sale del bloque con un portazo. En este sentido, el oscuro estratega ya habría avanzado a los suyos que se preparen “para pasar el fin de mes de nuevo en los tribunales”.

Durante el discurso que ofreció Johnson ayer en Manchester para clausurar el Congreso Anual del Partido Conservador señaló que había “determinadas fuerzas en este país que no quieren cumplir con el Brexit”. “Pero no vamos a pedir más prórrogas innecesarias y costosas”, añadió ante un público entregado que coreaba su nombre cual estrella de rock.

“Si no podemos llegar a un acuerdo por lo que esencialmente es una discusión técnica sobre la naturaleza exacta de los futuros controles fronterizos, cuando la tecnología está mejorando continuamente, entonces, que no haya dudas, la alternativa es que no haya acuerdo”, recalcó el primer ministro. “Ese no es el resultado que queremos, en absoluto, pero déjenme decirles que es un desenlace para el que estamos preparados”, esgrimió entre aplausos de los centenares de afiliados que aguardaron colas de hasta tres horas para ver al político en estado puro.

“Los británicos siempre hemos tenido el coraje de ser originales, de hacer las cosas de manera diferente, y ahora estamos a punto de dar otro paso de gigante para lograr algo que nadie pensaba que podríamos hacer”, concluyó.

El mandatario insistió en que su intención es ejecutar el Brexit a fin de que el Gobierno pueda centrarse en “las prioridades de los ciudadanos”. En este sentido, anunció, aunque sin mucho detalle, diferentes medidas de cara a las elecciones generales anticipadas que todo el mundo espera se celebren posiblemente antes de que finalice el año.

Johnson no dudó, por tanto, en advertir de los riesgos que tendría para el país permitir que el laborista Jeremy Corbyn se convirtiera en primer ministro: “Nosotros queremos un sistema al estilo australiano para la inmigración. Corbyn ha dicho que ni siquiera cree en el control de la inmigración. Si se permite que Jeremy Corbyn llegue a Downing Street, subirá vuestros impuestos, hundirá la economía y acabará con la alianza entre Gran Bretaña y Estados Unidos. Y dividiría el Reino Unido. No podemos permitir que eso suceda”, sentenció. Despreció a sus rivales laboristas a los que acusó de ser un puñado “de marxistas antisemitas”.

El controvertido político cumplió finalmente ayer su sueño de dirigirse a los suyos como inquilino del Número 10. Ahora está dispuesto a todo para mantenerse en el poder. Y si eso significa ejecutar el temido divorcio caótico, no va a mostrar ningún tipo de escrúpulos.

Desde Bruselas, el todavía presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, confirmó mediante comunicado la recepción de la propuesta británica. Se mostró dispuesto a negociar para evitar una salida de Reino Unido de la UE sin acuerdo, aunque advirtió de que el plan de Johnson contiene algunos puntos problemáticos.