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Crece la fractura en la Casa Blanca tras la salida del asesor económico

Gary Cohn abandona al presidente por no compartir su visión proteccionista del comercio global.

  •  El asesor económico de la Casa Blanca, Gary Cohn, no se presentó el martes a la rueda de prensa de Trump con el primer ministro sueco.
    El asesor económico de la Casa Blanca, Gary Cohn, no se presentó el martes a la rueda de prensa de Trump con el primer ministro sueco.

Tiempo de lectura 4 min.

08 de marzo de 2018. 02:27h

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Julio Valdeón.  8/3/2018

Continúa la guerra civil en la Casa Blanca. La última víctima ha sido Gary D. Cohn, asesor económico del presidente, que presentó su dimisión en desacuerdo por las políticas comerciales y posiblemente agotado por las declaraciones de un Donald Trump incontrolable. Cohn, que defendía la globalización y las políticas multilaterales, había sido desarbolado por enésima vez por un superior jeárquico que acababa de anunciar unos históricos aranceles.

La pretensión del presidente de EE UU de multiplicar los aranceles, con tarifas de más del 25% al acero y del 10% al aluminio europeos, reedita el gran conflicto económico entre Trump y el Partido Republicano tal y como lo conocíamos. El primero declaró hace tiempo una guerra hasta el momento retórica al libre comercio. Basta con escuchar sus discursos. Sobre todo, basta con atender a la respuesta de sus bases. Para asumir hasta qué punto se trata de un mensaje de alto contenido emocional. Capaz de encender patrióticos recuerdos de orgullosas chimeneas recortadas contra el cielo cobalto en Pittsburgh, de barcazas repletas de planchas al rojo por el río Allegheny. Una América industrial, la del cinturón del hierro, la de Detroit, Youngstown y Flint, muy lejos de Silicon Valley y las «start ups», la economía de escalas, los supermercados de comida orgánica y ese toque entre cosmopolita y liebral que tantos odian. Claro que, tal y como recuerda Peter Baker en el «New York Times, los republicanos respondían airados. Pero todo tenía un aire de performance. Hasta que Trump, con su gesto inequívoco sobre los aranceles, mandó parar.

Poco después de que Trump anunciara su intención de subir las tarifas, la empresa U.S. Steel Corp., por boca de su presidente, David B. Burritt, anunciaba su intención de reabrir dos altos hornos y contratar a 500 trabajadores en la ciudad de Granite (Illinois). «Nuestras instalaciones y empleados», dijo, «así como la comunidad circundante, han sufrido durante mucho tiempo por las interminables oleadas de productos de acero comercializados injustamente que inundaron el mercado estadounidense». Otra empresa, Century Aluminium, anunciaba la contratación de 300 empleados. El problema es que las nuevas tarifas abren la puerta a una guerra comercial con la UE o China, y aumentarán de paso los costes para otras industrias, como la del automóvil. Hasta el punto de que Mark Zandi, director de la consultora Moody's, adelantaba que podrían perderse entre 50.000 y 150.000 empleos.

La despedida de Cohn, ex directivo de Golmand Sachs, llega a los pocos días de que dimitiera la jefa de comunicación del presidente, Hope Hicks. Los dos ejercían como aliados de Ivanka Trump y Jared Krushner y, por tanto, de contrapeso a las políticas aislacionistas. Un proteccionismo económico abanderado por Steve Banon, el periodista caído en desgracia tras sus declaraciones en el libro de Michael Wolff. Al mismo tiempo se trata del incuestionable triunfador de varios pulsos sucesivos, de la retirada de EE UU del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por sus siglas en inglés) o a la renegociación a cara de perro del NAFTA con México y Canadá. Unas guerras internas en las que la posición de Cohn fue diezmada hasta hacerse casi insostenible.

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