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El abogado de Trump reconoce que pagó a una actriz porno 130.000 dólares

Michael Cohen pagó a Daniels 130.000 dólares antes de las elecciones de noviembre de 2016 para que no hablase en público de la relación sexual

  • Stephanie Clifford (Stormy Daniels)
    Stephanie Clifford (Stormy Daniels)
Nueva York.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de febrero de 2018. 03:18h

Comentada
Julio Valdeón.  Nueva York. 14/2/2018

Sabíamos que Michael D. Cohen, uno de los hombres más cercanos al presidente Trump, pagó 130.000 dólares a la actriz Stephanie Gregory Clifford, más conocida como Stormey Daniels en el mundo del porno. Y según explica el propio Cohen en un comunicado con sabor a urgente maniobra de prevención de daños, el dinero salió de su cartera. Eso sí, no quiso explicar por qué el todopoderoso abogado, ex vicepresidente de la Trump Organitation, tendría el más mínimo interés en regalar semejante cantidad de dinero a la diva. Como si el cheque no tuviera nada que ver con el hecho de que en ese preciso instante Trump estaba en campaña. Como si la admisión del asunto no estuviera relacionada con el hecho de que el pasado 11 de enero el Wall Street Journal relevó que Cohen había creado una Sociedad de Responsabilidad Limitada (LLC) por sus siglas en inglés, para pagar a Daniels. Había que evitar que trascendiera su romance con Trump, que duró un año, siempre según el testimonio de la actriz. La relación comenzó cuando la esposa de Trump, Melania, dio a luz al hijo de la pareja, Baron.

Insiste Cohen en que «Ni la Trump Organitation ni la campaña de Trump participaron en la transacción con la señora Clifford, y tampoco me reembolsaron el pago, fuera directa o indirectamente». Tiene motivos: si en un primer momento respondió ante la Comisión Electoral que la compensación no era ni remotamente un pago en B a la campaña de Trump, ahora necesita proteger al presidente de otra clase de problemas. El primero tiene que ver con la posibilidad de que hiciera pagos no declarados por persona interpuesta y en plena campaña a la presidencia. Pero no será fácil contradecir las palabras de Cohen. El segundo, en cambio, resulta más mundano y al mismo tiempo más difícil de rebatir. Está relacionado con la tolerancia del electorado ante las presuntas infidelidades del presidente y, sobre todo, dada la capacidad de los votantes de Trump para admitir unos comportamientos impensables en sus antecesores, tiene mucho que ver con la resistencia emocional de Melania.

«A fines de enero de 2018», se defiende Cohen, «recibí una copia de una queja presentada por la Comisión Federal Electoral (FEC por sus siglas en inglés). La demanda alega que de alguna manera violé las leyes de financiación de campaña al facilitar una contribución excesiva en especie. Los alegatos de la queja carecen de fundamento jurídico y legal, y mi abogado ha enviado una respuesta a la FEC».

En su comunicado el consejero presume de su estrecho vínculo con el presidente, al que alega haber servido «orgullosamente» durante más de diez años. Concretamente, aunque eso no lo explica, desde que surgió una disputa entre Trump y los propietarios de varios apartamentos de la Trump Tower Plaza, a orillas del East River, en el 845 de la Plaza de las Naciones Unidas. Resuelto a no atender sus demandas Trump recurrió a los servicios de Cohen y este le habría devuelto el favor con una serie de jugadas palaciegas que rompieron la resistencia de los dueños de apartamentos. Trump quedó tan complacido con la capacidad para desplegar artimañas legales de Cohen que lo elevó a mano derecha y hombre para todo. El Pitbul del presidente, lo describió Michael Falcone, que en 2011 lo entrevistó para la cadena de televisión ABC. «Le tengo un enorme aprecio», comentó en aquella ocasión Cohen, «le respeto como hombre de negocios y le respeto como jefe». «Algunos incluso lo han apodado “Tom”», escribió Falcone, «una referencia a Tom Hagen, el consigliore de Vito Corleone en las películas de El Padrino». Lejos de negarlo, Cohen le explicó el por qué del alias: Significa que si alguien hace algo que no le gusta al señor Trump haré cuanto pueda para resolverlo en su beneficio. Si haces algo mal, iré a por ti, te agarraré del cuello y no te dejaré ir hasta que haya terminado [contigo]».

Años después, cuando Trump finalmente aterrizó en campaña, Cohen seguía a su lado. En las buenas y en las malas. Saltando la yugular del que osara enfrentar o hacer daño a su patrón. También, parece, mediante el reparto de cheques entre las supuestas amantes del hombre que en apenas unos meses viviría en la Casa Blanca.

«El pago a la señora Clifford fue legal. No fue una contribución o un gasto de campaña», abunda en un escrito con el que espera atemperar las llamas. «No planeo ofrecer más comentarios sobre el asunto de FEC o la señora Clifford».

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