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El eje Viena-Roma-Múnich exige mano dura contra la inmigración

Salvini reclama disculpas a Macron tras las duras críticas de París al cierre de los puertos italianos.

  • El canciller austriaco, Sebastian Kurz, y el ministro del Interior alemán, Horst Seehofer, en una rueda de prensa celebrada ayer en Berlín
    El canciller austriaco, Sebastian Kurz, y el ministro del Interior alemán, Horst Seehofer, en una rueda de prensa celebrada ayer en Berlín
Roma/Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

14 de junio de 2018. 03:12h

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Ismael Monzón/Pedro G. Poyatos.  Roma/Madrid. 14/6/2018

A dos semanas del Consejo Europeo, la inmigración amenaza con dividir a la UE entre dos bloques enfrentados. Tras la llegada de la xenófoba Liga al Gobierno italiano, Roma se ha puesto al frente de una cruzada para cerrar las fronteras comunes. En frente, se sitúan España, Francia y Alemania, que abogan por que los Veintiocho coordinen su política de asilo. En su ofensiva, el vicepresidente italiano, Matteo Salvini, cuenta con dos inesperados aliados: el canciller austriaco, Sebastian Kurz, y el ministro del Interior alemán, Horst Seehofer. Ambos se reunieron ayer en Berlín con la idea común de reforzar las fronteras europeas para evitar una crisis como la de 2015, cuando Alemania recibió un millón de solicitantes de asilo. El propósito de Kurz es formar lo que denominó un «eje de [países] dispuestos» a combatir con determinación la inmigración ilegal, entre los que sitúa, además de a Austria, a Alemania e Italia. A su lado, Seehofer reveló que había telefoneado a su homólogo italiano. «Y es su deseo que Roma, Viena y Berlín trabajen juntos a nivel de ministros del Interior en las áreas de seguridad, lucha contra el terrorismo y el tema central de la inmigración», reveló el líder bávaro. «Lo he aceptado y lo impulsaremos», añadió.

La política de refugiados ha abierto una profunda brecha en la Gran Coalición alemana, donde Angela Merkel, a diferencia de su ministro del Interior, defiende una respuesta europea. «Hay muchos países, como Italia, Grecia y España, especialmente afectados por la llegada de inmigrantes», apuntó la canciller, para añadir que, ante esa situación, más que pensar en «diversas formas de cooperación», hay que trabajar para dar una «respuesta europea común». Su partido hermano, la CSU, ha girado a la derecha para frenar a la xenófoba AfD en las elecciones de Baviera del próximo otoño.

Mientras, desde Roma, Salvini no puede evitar su satisfacción. «Nunca hemos sido tan centrales y tan escuchados como ahora», señaló el vicepresidente, que compareció en el Senado para dar explicaciones de la crisis. Y en cierto modo tenía razón, porque hasta ahora su nombre no había retumbado con tanta fuerza en los despachos europeos. Donde ha tenido más resonancia es en Francia, donde el presidente, Emmanuel Macron, había calificado el cierre de los puertos italianos como una medida «cínica» e «irresponsable». El portavoz de su partido, Gabriel Attal, había ido un paso más allá al considerarlo «para vomitar». Pero todas estas acusaciones son un regalo para la estrategia de la confrontación calculada por Salvini, que pidió a Macron unas disculpas que no llegaron y le culpó de haber cerrado a los migrantes sus fronteras con Italia. Como en toda estrategia populista, hay una parte de verdad, pues tanto François Hollande como su sucesor han mirado para otro lado en este tema, lo que le permite a Salvini clamar contra lo que considera una «hipocresía».

Por el momento, el ministro de Economía italiano, Giovanni Tria, anuló ayer un encuentro previsto con su homólogo francés, Bruno Le Maire, quien ya había criticado recientemente al Gobierno italiano por sus dudas ante el euro. La cita se enmarcaba dentro de una ronda de contactos entre ambos países, que culminaría el viernes en una reunión en el Elíseo entre Macron y el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, que también parece en el aire. «No aceptamos lecciones de nadie», reiteró ayer Salvini en el Senado, donde también tuvo palabras para España. Más allá de los agradecimientos reiterados de los últimos días, el líder ultraderechista razonó que el Gobierno de «Pedro Sánchez tiene amplio margen para la solidaridad», ya que, según sus cálculos, «sólo cuenta con cerca de 16.000 demandantes de asilo, mientras que en Italia hay 170.000». El día anterior en televisión escaló un poco más en sus argumentos al sostener que «España defiende sus fronteras de Ceuta y Melilla a tiros», lo que nunca se permitiría.

Detrás de toda esta palabrería el propio Salvini reconoce que el objetivo es modificar la política migratoria europea. Aunque lejos de colocarlo en una posición de fuerza, sus formas amenazan con dejarlo fuera de la ecuación. Su idea de colaboración es tan confusa como sus peticiones, porque mientras reclama que el resto de socios se hagan cargo de la acogida de inmigrantes, busca apoyos entre los países del Este del Grupo de Visegrado.

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