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Voto latino: el gigante dormido

Radiografía electoral / El voto latino

Es muy difícil ganar la presidencia sin el 40% del voto latino. Con sus insultos a esta comunidad, Trump sólo atrae al 20%

  • Hillary Clinton, reflejada en las gafas de una mujer, saluda a sus seguidores en un acto electoral en Miami
    Hillary Clinton, reflejada en las gafas de una mujer, saluda a sus seguidores en un acto electoral en Miami

Tiempo de lectura 4 min.

08 de noviembre de 2016. 16:05h

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8/11/2016

Hoy más de 230 millones de estadounidenses elegirán al nuevo inquilino de la Casa Blanca para los próximos cuatro años. Y el 11,9%, unos 27,3 millones, según datos del Pew Research Center, son de origen hispano. Un número histórico que vuelve a posicionar a esta comunidad como una de las decisivas para decidir quién sucederá a Barack Obama a partir del 20 de enero de 2017.

La influencia del voto hispano radica esencialmente en dos cuestiones: su tamaño y su situación geográfica. En las elecciones de 1988 tuvieron derecho a votar 7,7 millones de hispanos. Este número subió hasta los 13,2 millones en 2000 y superó los 23 millones en las últimas presidenciales de 2012. Como se observa, se trata de una cifra que cada ciclo electoral aumenta debido a dos factores: en primer lugar, a que cada año más de 800.000 jóvenes de origen hispano cumplen la mayoría de edad para votar. Y, en segundo lugar, a la cantidad de hispanos que residen en EE UU y obtienen la ciudadanía y, por tanto, con su nuevo estatus, también el derecho a votar. Este año 3,2 millones de jóvenes hispanos votarán por primera vez al haber cumplido los 18 años y 1,2 millones por haber logrado la ciudadanía.

Además, gran parte de la comunidad hispana está localizada en estados decisivos. De los once estados indecisos («swing-states»), en tres de ellos (Arizona, Florida y Nevada) la representación hispana supera el 17% del total del electorado. Estas dos variables han convertido a los hispanos en los últimos años en el foco de atención de los partidos que aplican estrategias y herramientas de campaña específicas para este público. En cuanto a su preferencia política, los hispanos votan tradicionalmente a candidatos demócratas, aunque también ha habido excepciones, como en la reelección de George W. Bush en 2004, año en el que el entonces presidente logró la victoria con más del 40% del apoyo hispano. Algunos medios, como «The Economist», explican la situación con una hipótesis simple: los hispanos son socialmente conservadores, pero políticamente liberales.

Según los sondeos, Hillary Clinton supera el 65% de intención de voto entre los latinos y Trump apenas llega al 20%. Una situación en parte propiciada por la actitud del candidato republicano, Donald Trump, que ya desde el discurso en el que anunció su candidatura oficial criticó duramente a los hispanos, especialmente a los mexicanos, que son los más numerosos. A ello se suman varias propuestas de corte antiinmigrante de su programa electoral, como el rechazo total a la reforma migratoria ya iniciada por Obama y que nunca pasó del Congreso.

Sin embargo, los hispanos todavía no han demostrado ese poder real, ya que, hasta ahora, apenas la mitad ha terminado votando en los años con mejores datos de participación. En las últimas décadas, a pesar del fuerte crecimiento de la población hispana, el porcentaje de hispanos que votan siempre gira en torno al 48% y el 50%.

En 2016 el «efecto Trump» y sus posibles consecuencias para los hispanos podría cambiar la tendencia. De hecho, a tenor de los datos de votación anticipada en los últimos días, se espera una participación récord de los hispanos en esta elección. De ser así, podríamos decir que ese «gigante dormido» que supone la comunidad hispana por fin comienza a despertar y, por tanto, va a tener mucho que decir no sólo en la elección presidencial, sino en el futuro a corto y largo plazo del país. Ante esa evidencial, los republicanos –independientemente del resultado de las urnas– tienen que afrontar un importante debate sobre su propia identidad: si quieren seguir siendo percibidos como un partido antiinmigrante o, por el contrario, deciden volver a integrar a los hispanos en sus filas, como con Ronald Reagan y George W. Bush. La historia nos dice que cuando los republicanos han sido capaces de contar con el apoyo de los hispanos han vencido. Esta elección es diferente en muchos sentidos y está en juego el futuro de un país que en las próximas décadas tendrá un marcado carácter hispano.

*Presidente del «think tank» The Hispanic Council»

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