Juncker enfría el deseo de Kiev de ingresar en la UE en 2020

Bruselas rechaza también enviar una misión militar al este del país

Donald Tusk, Petro Poroshenko y Jean-Claude Juncker, ayer en Kiev
Donald Tusk, Petro Poroshenko y Jean-Claude Juncker, ayer en Kiev

Un año después del Maidán, en el que Ucrania puso rumbo a Europa dando la espalda a su tradicional aliado, Moscú, surgen roces como en todo matrimonio. Unas desavenencias que, bajo el manto de la retórica diplomática, se leyeron ayer entre líneas en la 17ª cumbre UE-Ucrania celebrada en Kiev, la primera desde la firma en junio del Acuerdo de Asociación, y que pasan principalmente por los plazos de la entrada del país en el «club» europeo como miembro de pleno derecho.

Mientras el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, que califica la membersía como «objetivo clave y aspiración estratégica», insiste en que el país estará listo para pasar el examen en el año 2020 –fecha a la que se comprometió en campaña electoral–, Bruselas evita hablar de plazos concretos. El jefe de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, declaró que Ucrania es desde hace mucho tiempo un «pariente cercano de la familia europea», por motivos culturales e históricos, «pero todavía no como miembro de nuestra asociación», lo cual sucederá en un «futuro indeterminado». «Entiendo su deseo de convertirse en miembro de la Unión», dijo Juncker, si bien advirtió de que «tenemos ante nosotros un largo camino», que pasa por unas reformas que pueden ser «difíciles y dolorosas» para la población ucraniana. Además, reconoció que el asunto del ingreso del país en el club no está en la «agenda inmediata» de la Unión.

Juncker viajó acompañado del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y del comisario europeo de Política de Vecindad y Ampliación, Johannes Hahn. Los responsables europeos descartaron otra demanda de Kiev, el envío de una misión militar al este del país, escenario de combates con los rebeldes prorrusos. «Hoy podemos hablar sólo de una misión civil de evaluación y no de una misión militar», dijo Tusk.

El hecho de que, transcurridos casi diez meses, sólo la mitad de los Parlamentos de los Veintiocho haya ratificado el Acuerdo de Asociación, habla de cierto escepticismo, motivado principalmente por el ritmo de las reformas económicas y legales prometidas por Kiev, necesarias para cumplir los requisitos de adhesión a la UE. Bronislaw Komorowski, presidente de Polonia, principal aliado de Ucrania, llamó la atención a Kiev: «Su objetivo deben ser las reformas internas y no la posible agresión de Rusia», declaró al periódico «Dziennik Gazeta Prawna». Además, añadió que «la misma Ucrania puede llegar a ser una amenaza para sí misma, más que Putin», y que los bajos precios del gas y el petróleo deben favorecer esas reformas. Kiev, por su parte, reprocha a Bruselas el desinterés por la abolición del régimen de visados y que haya dejado de solicitar a Rusia la devolución de Crimea.

En la reunión se debatió sobre el cumplimiento de los Acuerdos de Minsk y el estado del Acuerdo de Asociación, cuya parte económica se aplazó hasta 2016 para estudiar la posible incompatibilidad con el acuerdo de libre comercio vigente entre Ucrania y Rusia.

Combates en Mariúpol

El poblado de Shirokino, a 20 kilómetros de Mariúpol, es uno de los puntos más calientes de Donbás desde que a primeros de febrero entró en vigor el alto el fuego. El Ejército perdió el sábado a un hombre y dos resultaron heridos en bombardeos prorrusos, y la OSCE denunció «disparos de armas pequeñas y también de ametralladoras y lanzacohetes». También descubrió con un dron un convoy de blindados en territorio de Donetsk.