Londres

La intervención en Siria abre una guerra civil en el laborismo británico

La Razón
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Los bombardeos contra el Estado Islámico (EI) en Siria han desencadenado una auténtica guerra civil dentro de las filas laboristas que ha puesto contra las cuerdas a Jeremy Corbyn tan sólo tres meses después de hacerse con las riendas de la oposición. El veterano político, que vivió 32 años como diputado rebelde en una burbuja de la izquierda radical, se muestra en contra de cualquier intervención militar en Oriente Medio. Sin embargo, la mayoría de sus filas están a favor. Varios miembros de su equipo amenazan incluso con presentar su dimisión si no tienen libertad de voto cuando la próxima semana se decida finalmente si Reino Unido se une a la coalición internacional antiyihadistas.

El «premier» David Cameron presentó el jueves su estrategia a la Cámara de los Comunes y pidió apoyo apelando a la seguridad nacional. Confía en que los brutales ataques de París y el voto unánime del Consejo de Seguridad de la ONU hayan hecho cambiar de opinión a los parlamentarios, reacios en un primer momento a extender a Siria los bombardeos que la fuerza aérea británica lleva ya a cabo en Irak contra los terroristas. Con su débil mayoría de 12 diputados, el respaldo de los laboristas resulta crucial. Sobre todo después de que los nacionalistas escoceses –tercera fuera en el Parlamento– hayan adelantado que votarán en contra de la operación militar.

El mismo jueves, Corbyn se reunió con la cúpula de su partido y por la noche, en una entrevista con la BBC, la responsable de Exteriores de la oposición, Hillary Benn, afirmó que los argumentos de Cameron eran «convincentes». Sin embargo, horas después Corbyn sorprendió a todo su equipo cuando, sin previo aviso, mandó una carta a los diputados laboristas manifestando que no aceptará la estrategia presentada por el primer ministro. «No creo que su propuesta para bombardear Siria vaya a proteger nuestra seguridad y, por lo tanto, no puedo apoyarla», sentenció en una misiva que ha generado gran malestar entre sus filas y, sobre todo, entre el llamado Ejecutivo en la sombra.

La amenaza de una revuelta interna es cada vez mayor. No obstante, el líder laborista se niega a cambiar de opinión y ayer suspendió una visita a la circunscripción de Oldham West & Royton, donde se celebran elecciones locales, para quedarse en Londres e intentar recabar apoyos entre los suyos. Corbyn obtuvo en septiembre una aplastante victoria en la elección interna para sustituir a Ed Miliband. Consiguió el 60% de los votos de las bases, pero sólo 10% del grupo parlamentario.

El primer ministro británico considera que una mayoría de 40 diputados representaría un legítimo respaldo de la Cámara de los Comunes para llevar a cabo los bombardeos. Varios de los «tories» rebeldes que en 2013 y 2014 votaron en contra han manifestado ahora que darán luz verde a la acción militar y Downing Street confía también en que finalmente la estrategia cuente con una mayoría laborista dispuesta a desafiar a Corbyn. Los rotativos dan por hecho que Reino Unido se unirá a la coalición internacional antes de Navidad.