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Éstas son las seis plagas que azotan Venezuela

Los casos de malaria ascienden al millón y se suman a los estragos de dengue, zika, chikungunya, hepatitis A y sarampión.

  • Decenas de personas asisten al hospital Carlos J. Bello de la Cruz Roja para recibir el kit de agua potable que forma parte de la ayuda humanitaria, en Caracas / Efe
    Decenas de personas asisten al hospital Carlos J. Bello de la Cruz Roja para recibir el kit de agua potable que forma parte de la ayuda humanitaria, en Caracas / Efe /

    Reuters

Caracas.

Tiempo de lectura 4 min.

24 de abril de 2019. 12:54h

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Víctor Amaya.  Caracas. 23/4/2019

Ya los expertos lo advertían el año pasado. El Informe Global de Paludismo, divulgado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 19 de noviembre de 2018, reflejaba la cantidad de casos de malaria en el mundo. Sobre Venezuela no había datos, pues el Estado manejado por Nicolás Maduro censura las cifras oficiales desde, al menos, 2016.

Entonces, la Sociedad Venezolana de Salud Pública (Svsp) y la Red Defendamos la Epidemiología Nacional afirmaban que sus estimaciones, en base a informes de médicos de la sanidad pública, daban cuenta de que al cierre de 2018 el país alcanzaría 1.064.544 casos totales de malaria, incluyendo infecciones no notificadas y recaídas, así como más de 600.000 nuevos diagnósticos. Se trata de un aumento del 50% con respecto al año anterior. Ahora en 2019 el diagnóstico se cumple, como revela la organización Medicusmundi.

Oscar Noya, coordinador del Centro de Estudios sobre Malaria, de la Universidad Central de Venezuela, que recibe casos provenientes de todo el país, cree que cualquier número se queda corto ante la realidad, pues hay un importante «subregistro» no reflejado en ningún documento. «Nosotros estimamos que hay dos millones de casos de infecciones, incluyendo las recaídas. Hay pacientes que han tenido entre tres o cuatro episodios de malaria y hay que contemplar ese número de tratamientos también», detalla.

Revela que fuera de la capital no hay tratamientos para esta enfermedad, pero tampoco suficientes vacunas para prevenirlas. En Venezuela la escasez de medicinas alcanza el 90%, según la Federación Farmacéutica. Los mayores focos de infección están en los estados Bolívar –al sur, con gran impacto en las zonas mineras–, Sucre –de amplia costa al este– y Miranda, cuyas áreas bajas son las más empobrecidas de su jurisdicción. La institución a la que pertenece Noya recibió más de 1.500 casos en 2018, cuando una década atrás los números habituales eran mínimos: en 2007 el Centro de Estudios sobre Malaria apenas recibió 27 casos.

José Félix Oletta, ex ministro de Salud, ha alertado sobre la intensificación de la crisis epidemiológica en Venezuela. Mortalidad materna, infantil, difteria, sarampión y malaria forman parte de la lista de retrocesos en el sistema de salud, según Oletta. «El incremento de casos de malaria respecto al año 2000 es de 1.965%, una cifra muy difícil de entender» teniendo en cuenta que se trata de un padecimiento que fue erradicado del país hace más de 40 años, cuando en 1961 la nación fue declarada libre de ese mal. En tiempos de chavismo, volvió.

Y lo hizo porque el programa nacional de inmunización, los de prevención, y demás medidas gubernamentales se han descuidado o desaparecido por completo. En Venezuela dejaron de producirse campañas informativas al respecto y el Gobierno opta simplemente por hacer silencio.

El Boletín Epidemiológico que el Ministerio de Salud emitía semanalmente dejó de hacerse público en noviembre de 2014. En enero de 2016 salió publicado uno, que ya mostraba el aumento de todos los indicadores en al menos 30%, y al día siguiente la entonces ministra Antonieta Caporale fue destituida. Desde entonces, nada se sabe de cifras oficiales.

En 2014 también desapareció el Anuario de Mortalidad del Ministerio de Salud. De hacerse público, se confirmaría el dato que da Oletta: en 2016 se registraron 150.000 muertes por paludismo, lo que significa un aumento de 525% con relación al año 2000.

Algunas fuentes secundarias sirven de indicador. Por ejemplo, la Organización Panamericana de Salud,que en junio 2018 mostró el avance de los casos de malaria en Venezuela cuando pasó de unos 136.000 en 2015 a 240.000 en 2016 y a 406.289 en 2017. Es un dato descontrolado. Venezuela pasó de aportar el 2% de casos de malaria en el continente hace dos décadas a la mitad en 2017.

«Yo lo que sentí es que comencé a temblar, además de la fiebre alta», contó Alfredo Ramos, habitante del estado Zulia. Donde él vive aún no hay luz desde el mega apagón nacional del 9 de marzo pasado. Cree que fue picado por un mosquito anopheles infectado en la zona de Perijá, más al norte de su casa, a donde viaja para trabajar, y es uno de los focos más importantes de contagio del país. Ahora es atendido en el hospital universitario de Maracaibo, sin garantías de que los medicamentos sean suficientes.

Su caso es apenas uno de los reflejados en las estadísticas de un país sumido en, al menos, cinco plagas: malaria, dengue, zika, chikungunya y sarampión. Por si fuera poco, a ellas se suma el aumento de la cantidad de casos detectados de hepatitis A, producto de la mala calidad del agua distribuida a hogares. No es casual, por tanto, que la primera ayuda humanitaria que ingresó al país de la mano de la Cruz Roja Internacional estuviera conformada por pastillas potabilizadoras. El repunte de enfermedades hídricas comenzó hace tres años cuando el Gobierno suspendió los programas de vacunación contra el rotavirus.

Advierte el ex ministro José Félix Oletta sobre los peligros de exportar la infección en medio de la mayor emigración de la historia latinoamericana, que la protagonizan venezolanos. Dice que a Colombia han llegado 1.600 casos de malaria y a Brasil, 4.000 enfermos. Según la OMS, entre 85 y 90 por ciento de los informes de paludismo en Brasil y Guyana provienen de la fronteriza Venezuela.

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