Internacional

La ultraderecha recupera impulso en Finlandia tras su paso por la oposición

Los socialdemócratas, favoritos en los sondeos, necesitarán pactar un amplia coalición para gobernar

Los cuatro años de recortes sociales y austeridad le pueden salir muy caros a los tres partidos que han compartido el poder durante esta legislatura en Finlandia. Los últimos sondeos de la televisión pública Yle colocan en cabeza al opositor Partido Socialdemócrata (SDP) y auguran una derrota al tripartido de derechas (centristas, conservadores y Futuro Azul). Este último, cuya intención de voto no alcanza ni el uno por ciento, es la escisión del ultraderechista Verdaderos Finlandeses (VF), que, tras ser expulsado del poder en 2017 por su giro extremista, remonta y podría terminar como segundo partido más votado en las elecciones legislativas que se celebran hoy domingo en el país escandinavo.

Tras el desgaste sufrido por su paso por el Gobierno, la derecha populista comenzó a remontar tras la inesperada elección del eurodiputado Jussi Halla-aho como líder y la ruptura con el fundador del partido, el más moderado Timo Soini, que junto a los otros ministros ultras fundaron otro partido para permanecer en el Gobierno. Como en el resto de Europa, Halla-aho, condenado en 2012 por publicar en su blog comentarios racistas y antiislámicos, ha enarbolado la bandera antiinmigración, euroescéptica y ultranacionalista para recuperar el terreno perdido. De forma oportunistas ha utilizado los supuestos abusos sexuales a una menor cometidos por un inmigrante de 22 años en Oulu (costa oeste del país) para exacerbar el miedo entre el electorado de un país que recibe menos refugiados que sus vecinos nórdicos. Así, frente a los 22.190 solicitantes de asilo que recibió el año pasado Suecia, Finlandia registró solo 2.945 casos. Cifras que no dejan de sorprender en un país envejecido donde en 2030 el 25% de su población tendrá más de 65 años y ha demanda de enfermeros.

En su programa electoral, muy crítico con la libre circulación de trabajadores europeos, VF promete sin más concreciones financiar un aumento del gasto en educación y sanidad con la reducción de las actuales ayudas públicas a los inmigrantes. “Creo que todos los partidos deberían aportar un valor añadido a la toma de decisiones y al debate político, y nuestro valor añadido es nuestra manera de abordar la inmigración, las políticas climáticas y la protección del trabajo y las industrias finlandesas”, explica el líder populista, al que los sondeos le otorgan un 16,3% de los votos, muy cerca del 17,7% cosechado en 2015.

Halla-aho, un doctor en Filosofía de 47 años, sueña con seguir los pasos del Partido Popular Danés, que, a cambio de su apoyo parlamentario a los distintos Gobiernos liberales que se han sucedido desde 2001, ha logrado que Dinamarca disponga de una de las políticas migratorias más restrictivas de Europa. “Si queremos cambiar las políticas finlandesas de inmigración es crucial que cambiemos las actitudes dentro de los demás partidos, y esto solo lo podemos hacer creciendo como partido y quitando votos a los demás grupos políticos”, resume el eurodiputado, citado por el terrorista ultraderechista noruego Anders Breivik en su manifiesto contra el multiculturalismo.

Con cinco partidos con una intención de voto de entre el 10% y el 20%, se anticipan semanas de incertidumbre hasta alcanzar la estabilidad política. “Las negociaciones que vienen para formar el nuevo ejecutivo con seguridad no serán fáciles. Miremos a Suecia, por ejemplo. Si los resultados de las elecciones no son muy claros, podría llevar mucho tiempo encontrar una base común para formar una coalición”, advierte el primer ministro, el centrista Juha Sipila. Pero a diferencia de su vecino sueco, en Finlandia, acostumbrada a pactar coaliciones entre partidos aparentemente incompatibles (en 2011 seis partidos se coaligaron para dejar en la oposición a los populistas), no se respeta un cordón sanitaria frente a la extrema derecha.

Mientras, Los socialdemócratas del ex líder sindicalista Anti Rinne, con un 19% de votos, han visto cómo su liderazgo en los sondeos mermaba a medida que la derecha populista recuperaba a sus votantes perdidos. El SDP confía en encabezar un Gobierno roji-verde junto a ecologistas (12,2%) y la Alianza de Izquierdas (8,7%), pero juntos apenas suman el 40% frente al 46% de la derecha, por lo que tendrían que incorporar al Ejecutivo al partido de la minoría sueca (4,9%) y a los cristianodemócratas (4,3%) para alcanzar la mayoría absoluta en el “Eduskunta” (Parlamento). O, en aras de la gobernabilidad, pactar con los centristas, que, tras ganar en 2015, podrían ser relegados a cuarta posición, con el 14,5%.

Frente a la política de recortes del Gobierno Sipila, que dimitió el 8 de marzo tras tumbar la comisión parlamentaria su proyecto de reforma sanitaria, los socialdemócratas prometen invertir 1.500 millones en sanidad, educación y políticas sociales los próximos cuatro años, paralizar las privatizaciones y aumentar en cien euros las pensiones inferiores a mil euro mensuales. “La principal cuestión en Finlandia es la igualdad. La gente que ahora está sin trabajo tiene serios problemas con sus ingresos, al igual que los pensionistas, los estudiantes y las familias con hijos”, explica Rinne, de 56 años.