Muerte de Hugo Chávez

Las petroleras no temen a Maduro

«Son pragmáticos con los negocios, sobre todo con el del crudo», asegura Repsol

La Razón
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En Venezuela las cosas funcionan al revés. El agua embotellada cuesta más que un refresco y su valor equivale a un depósito atiborrado de gasolina. Su tierra flota sobre un mar de crudo, muy pesado, pero oro negro al fin. Con las mayores reservas probadas del planeta –296.500 millones de barriles–, superando a las saudíes –265.400 millones de barriles–, el país caribeño puede darse el lujo de tener la gasolina más barata del mundo: apenas 0,04 euros el litro, casi 38 veces más barata que en España. La diferencia es mayor en el caso del gasóleo.

El 90% de los dólares que circulan por su economía proviene de los hidrocarburos. Pdvsa, la petrolera estatal, aporta 50.000 millones anuales a los programas sociales chavistas, a los que hay que sumar otros 13.000 millones que se dejan de recaudar por los subsidios a la gasolina y 8.500 al gasóleo. Pero el lujo de llenar un tanque casi gratis del que gozan los venezolanos tiene un precio: el 7% del PIB se va en ayudas a los combustibles.

Sin embargo, tras catorce años de chavismo, la renta petrolera se ha destinado a casi todo menos a invertir en nuevas refinerías y en la renovación de las existentes. Como consecuencia, se da la paradoja de que, en picos de consumo, Venezuela se ve obligada a importar gasolina pese a nadar en petróleo.

Las previsiones del Ministerio de Petróleo y Minería anuncian una producción estimada para el año próximo de 3.011 millones de barriles por día. Los líquidos del gas natural (LGN), por su parte, sumarían a la producción total unos 165.000 barriles diarios, mientras que el consumo interno rondaría los 648.000 barriles diarios. Por su parte, Caracas prevé exportar unos 2.528 millones de barriles al día (2.016 millones de barriles diarios de petróleo crudo, mientras que de productos se comercializarán 479.000).

El impacto del petróleo en las vidas de los venezolanos es crucial, así que el negocio del crudo no conoce de enemigos. Casi la mitad de las exportaciones va para el Gran Satán del norte, EE UU, que en 2011 importó 1.160 millones de barriles al día, el 43,6% de las ventas al exterior. El flujo hacia EE UU permanece estable, ajeno a las batallas políticas, de tal forma que Caracas prevé seguir realizando envíos hasta 2019 por 1.119 millones de bdp. Para esa fecha, Washington ha anunciado que superará su dependencia del crudo importado, por lo que Venezuela ya ha sellado multiplicar sus ventas a las voraces China e India, así como al mercado europeo e iberoamericano.

Todo está atado y bien atado porque de ello depende la supervivencia del chavismo y de toda Venezuela. Tanto como para que fuentes de la petrolera española Repsol aseguren que la firma se encuentra «tranquila» ante el incierto futuro político que se presenta. «Con todo, en Venezuela son bastante más pragmáticos en los negocios que en otras partes. Sobre todo por lo que respecta al petróleo», indican.

La evolución de los precios del crudo ayer indica la indiferencia del negocio petrolero a la muerte del caudillo. El precio del barril Brent cayó el 0,49%, hasta 111,06 dólares, y el de Texas bajó el 0,43% (90,43 dólares), por el inesperado aumento de las reservas en EE UU. Quizá sin Chávez los riesgos en el mercado petrolero bajen enteros.