Maduro activa el SOS

Entre autócratas se entienden. El primero proveniente de la Cumbre del G20 y en arribar a Venezuela para una visita oficial fue el presidente turco Recep Tayyip Erdogan. Tal ha sido el grado de confidencia y hermandad que Nicolás Maduro decidió otorgarle una réplica de la espada de Bolívar. Maduro ve en Turquía un posible aliado económico. La situación del país caribeño es crítica y si algo necesita es préstamos, mantener el gasto acostumbrado para sostener a una revolución en caída. Por su parte, Erdogan ve en Caracas un compañero en la lucha antinorteamericana; Turquía busca alejarse de la OTAN, fortalecer sus vínculos con Rusia y China. Por tanto, Venezuela es una ficha atractiva para sumar esfuerzos y contrarrestar a EE UU.

«No dejaremos sola a Venezuela», afirmó el presidente turco, haciendo un claro reconocimiento de que el aislamiento de Maduro es real, no solamente en América Latina, sino también en Europa y hacia los países aliados de Washington. La recompensa es la inmensa riqueza que ofrece Venezuela y que va más allá del petróleo. Nos referimos al coltán, al diamante, al hierro y al aluminio. La oportunidad de Turquía de explotarlos resulta atractiva.

El eje antinorteamericano se intenta consolidar con Rusia. Maduro viajó a Moscú para «revisar a fondo la cooperación con ese país». Esto no es otra cosa que solicitar la reestructuración de una deuda por 3.000 millones de dólares y pedir más. La foto con Maduro tendrá su precio y complicaría cualquier escenario de negociación entre EE UU y Rusia, con el objetivo de que este último dé la espalda a Maduro. Esto parece lo menos probable en el corto plazo.

Tanto para Turquía como para Rusia, la actitud frente a Maduro es de rescatistas. Usan a Venezuela como pretexto para la agenda y los objetivos geopolíticos contra Trump. Resulta claro que tanto la democracia como la libertad son elementos que ya están desdibujados tanto en Turquía como en Rusia. Por lo tanto, el aliado del Caribe es fundamental para fijar posturas que antagonicen con Estados Unidos y que los coloque como jugadores relevantes en América Latina.

Maduro busca aliados desesperadamente. Sin embargo, su mayor preocupación es restablecer lazos de confianza con los rusos y los chinos, quienes por cierto han sido los más perjudicados en lo que respecta a los préstamos. Las alianzas son meramente monetarias, casi con la inversión como escudo de proyectos que muchas veces terminan en la corrupción o en la desidia. Para los que anhelan la libertad en Venezuela, la foto de Maduro con Erdogan y días después con Putin, resulta muy poco alentadora. Sin la participación de EE UU, la opción de un cambio abrupto en suelo venezolano es poco probable.

Director general de Motta Focus motta@mottafocus.com @mottafocus