Francia

Valls advierte de una «guerra civil» si gana Le Pen

El primer ministro francés Manuel Valls.
El primer ministro francés Manuel Valls.larazon

Agrio cierre de campaña en Francia para fomentar la participación en las regionales de mañana. Los últimos sondeos auguran una derrota del FN.

La campaña electoral para la segunda vuelta de las elecciones regionales terminó ayer subida de tono. Manuel Valls aseguró que una victoria de la extrema derecha conducirá a la división del país, «y esta división puede conducir a la guerra civil». La líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, denunció a su vez «los eructos» del primer ministro. El domingo pasado, el Frente Nacional (FN) se convirtió en el partido más votado de Francia y terminó en cabeza en seis de las 13 regiones galas, con resultados inigualados por ningún otro candidato en las regiones de Nord-Pas-de-Calais-Picardie y Provence-Alpes-Côte-d’Azur, en las que Le Pen y Marion Maréchal-Le Pen obtuvieron más del 40% de los votos.

Valls considera que Francia está ante «un momento histórico», ante dos visiones del país, una que «apuesta por la división» y otra «la de la República y sus valores», la de la unión, y ha estado defendiendo esta última un día sí y otro también en televisiones y radios, insistiendo en que no ignora «las dificultades de mis compatriotas», pero asegurando que el país no podrá avanzar simplemente «explotando» esos sufrimientos. Para Valls, todas las esperanzas están permitidas, los socialistas, aliados con toda la izquierda, pueden ganar hasta en nueve regiones. Y «no se habla suficientemente de esto», se lamentó ayer el jefe del ejecutivo.

Marine Le Pen no apreció las palabras que consagró Valls a su partido y le dijo que la guerra que hay hoy en Francia es «la que llevan a cabo los fundamentalistas que han tomado el biberón en el laxismo y el comunitarismo del Partido Socialista». Para la presidenta del FN, «el Partido Socialista termina esta campaña en pleno delirio de exceso y eructos, y eso dice todo sobre estos personajes». La líder frontista se refería también a Claude Bartolone, el candidato socialista a la presidencia de la región Ile-de-France, y actual presidente de la Asamblea Nacional, que ha presentado a su adversaria en la región parisina, la candidata de la derecha, Valérie Pécresse, como la defensora de «la raza blanca».

En esta región, los cabezas de lista conservador y socialista se disputan la primera plaza según los sondeos, lo que ha provocado una movilización excepcional de los militantes para marcar la diferencia y sobre todo movilizar al 54% del electorado que se abstuvo de ir a votar. El FN figura lejos, con un 18% de votos, pero para ellos, sea cual sea el resultado, significará ya una implantación también en la capital y su corona, que hasta ahora se resistían a la extrema derecha. En Ile-de-France, son conservadores y socialistas quienes se disputan la movilización de los abstencionistas, mientras que en otras regiones, el despertar de la conciencia civil no sólo no bastaría para cambiar la tendencia, sino que podría reforzar el voto frontista, como ya sucedió entre la primera y la segunda vuelta de las elecciones departamentales.

Para los electores de izquierdas esta campaña tiene algunos tintes surrealistas. Según la región en la que voten pueden encontrarse con que los candidatos les pidan que voten socialista para derrotar al candidato de Los Republicanos, que sería como votar por la extrema derecha, mientras que en otras regiones, como PACA y Nord-Pas-de-Calais-Picardie, les aseguran que dar el voto al candidato conservador es defender los valores de la República frente a los candidatos del FN. En Alsacia-Lorraine-Champagne-Ardenne, la ecuación se complica aún más: entre los tres candidatos en liza hay un socialista, Jean-Pierre Masseret, aunque la dirección del partido le ha retirado la etiqueta por presentarse en contra de su decisión. Masseret ha respondido al partido y a sus electores que más vale «afrontar» el Frente Nacional que «evitarlo». El domingo sabrá si su rechazo al «diktat» del partido provoca el rechazo o la adhesión de los electores de izquierda.