Unión Europea

May y Trump: Una «relación especial» ante el reto del Brexit

May y Trump: Una «relación especial» ante el reto del Brexit
May y Trump: Una «relación especial» ante el reto del Brexitlarazon

Hace poco más de dos años, el euroescéptico Nigel Farage estaba al frente de un partido sin diputados en Westminster, sin aliados y sin ninguna oportunidad de sacar al Reino Unido de la Unión Europea. Hoy, sin embargo, el excéntrico político puede presumir de haber tenido un papel fundamental en los dos eventos más sísmicos de la historia política reciente occidental. Tras conseguir la victoria del Brexit, el líder del Ukip participó activamente en la campaña de Donald Trump y ahora que ha colocado a su hombre en la Casa Blanca ha viajado a Estados Unidos para postularse como puente entre Washington y Bruselas.

Lo cierto es que el eurófobo fue el único político británico que abogó por el republicano hasta el punto que éste último le invitó a hablar en un mitin en Jackson, Mississippi, el pasado 24 de agosto. "Trump es muy leal a sus amigos y Nigel querría estar absolutamente involucrado en su administración si finalmente le ofrecieran un puesto”, ha matizado Arron Banks, asesor del líder del UKIP.

El viernes, el rotativo The Telegraph anunciaba en portada que los ministros británicos quería recurrir a Farage para que ayudara, de manera no oficial, a tender puentes con Trump a fin de mantener la "relación especial"que disfrutan ambos países. Sin embargo, el Ejecutivo de Theresa May se ha apresurado a negar que el euroescéptico vaya a actuar como intermediario.

Con todo, es evidente que la sintonía entre Londres y Washington no es a día de hoy la más cordial. Los altos funcionarios de Whitehall, donde se encuentran todos los ministerios, llevaban meses advirtiendo al Ejecutivo que no estaban considerando la posibilidad de un triunfo de Trump. Exactamente igual que ocurrió con el Brexit.

Y ahora May -la misma que como responsable del Interior criticó al millonario cuando pidió prohibir la entrada de musulmanes a EE UU- se encuentra más aislada que nunca. Londres ha actuado históricamente como puente entre los Estados Unidos y Europa, manteniendo fuertes lazos de seguridad e inteligencia con Washington y una sana relación comercial con el mercado único. Sin embargo hoy tanto un extremo como el otro están rotos.

Tradicionalmente además el presidente electo de América siempre había llamado primero a Londres tras su victoria como símbolo de esa “relación especial”. Pero entre May y Trump la llamada no se produjo hasta el jueves, cuando éste ya había hablado con otros mandatarios. Las llamadas a Egipto, Irlanda, México, Israel, Turquía, India, Japón, Australia y Corea del Sur tuvieron lugar antes de la de Reino Unido.

Desde Downing Street quitan hierro al asunto asegurando que no había “ningún asunto urgente a tratar” y que durante la conversación, ambos mandatarios coincidieron en "profundizar"en la relación "especial"que comparten ambos países, lo que será una "prioridad"para los dos.

Según los medios británicos, Trump está a favor de impulsar una relación bilateral con la líder tory parecida a la que disfrutaron el expresidente estadounidense Ronald Reagan y la antigua primera ministra Margaret Thatcher en los pasados años ochenta.

En este sentido, los euroescépticos consideran que tener al republicano en la Casa Blanca es lo mejor que les puede pasar. Al fin y al cabo, apoyó la salida del bloque y a diferencia de Obama -que amenazó con “dejar al Reino Unido al final de la cola”- siempre abogó por potenciar un acuerdo de libre comercio entre ambos países.

Su triunfo se interpreta, por tanto, como el último empujón para el “Brexit duro”: Reino Unido deja de ser “la pérfida Albión” y los líderes comunitarios se encuentran bajo más presión que nunca para reconocer las profundas preocupaciones de sus propios ciudadanos sobre la inmigración e identidad.

Además, la ambivalencia de Trump ante la OTAN plantea dudas sobre si Washington se opondría ante una eventual agresión rusa contra los Estados bálticos. Y Bruselas no puede obviar que Reino Unido cuenta con el mayor presupuesto en defensa de Europa y es uno de los pocos países comprometidos a combatir si se diera el caso.

Con todo, según Stephen Booth, del reputado think tank Open Europe, “los países que se enfrentan en los próximos meses a elecciones, como Francia y Alemania, van a estar más centrados que nunca en intentar frenar el avance de las formaciones populistas. No van a poner tantos esfuerzos en alcanzar un acuerdo creativo. Su prioridad será mantener el status quo y no van a estar tan involucrados en las negociaciones por lo que, en este sentido, Londres se podría ver perjudicado”. (fin).