Internacional

Naruhito promete seguir los pasos de su padre como emperador

Más de 200 años después de la última abdicación en Japón, el Trono de Crisantemo afronta su modernización entronizando a un historiador de 59 años formado en Oxford.

Más de 200 años después de la última abdicación en Japón, el Trono de Crisantemo afronta su modernización entronizando a un historiador de 59 años formado en Oxford.

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- Japón vivió ayer un día histórico. Concretamente, el día uno de la «era Reiwa» y la jornada en la que el emperador Naruhito accedió al Trono del Crisantemo. Como no podía ser de otra manera, el sol se abrió paso tras días de lluvia para que no desluciera una ceremonia en la que el nuevo soberano prometió seguir los pasos de su padre, el emperador emérito Akihito, y «actuar de acuerdo con la Constitución» cumpliendo su papel como símbolo del Estado. El monarca, que sucede en el trono a su padre Akihito después de que éste abdicara el martes, pronunció sus primeras palabras como emperador en la segunda parte de su ceremonia de entronización. La primera, comenzó a las 10:30 en el Salón de los Pinos del Palacio Imperial, donde recibió dos de los tres Tesoros Sagrados que representan la sucesión legítima y que el día anterior había entregado su progenitor al abandonar el trono. Allí, todos los presentes fueron hombres a excepción de la ministra de Igualdad de Género, Satsuki Katayama, quien se convirtió en la primera mujer que asiste a este acto en toda la historia, ya que la estricta ley de la Casa Imperial recoge que las féminas lo tienen prohibido.

Siguiendo a rajatabla el protocolo, Naruhito permaneció inmóvil y sin decir una palabra mientras los chambelanes depositaban en sendos atriles una espada y una joya guardadas en unas cajas forradas de tela. A continuación, se repitió el mismo ritual con los sellos que a partir de ahora utilizará para firmar los documentos oficiales. Minutos después, con todo ya recogido, abandonaba el salón

Universitario y con años de experiencia viviendo en el extranjero, la vida de Naruhito nada tuvo que ver con la de sus antecesores en el trono. Su madre, la primera plebeya que se convirtió en emperatriz, desafió la tradición al negarse a entregarlo a los estrictos tutores del palacio para criarlo personalmente. Tras graduarse en Historia en la prestigiosa Universidad Gakushuin de Tokio, el príncipe renunció a continuar sus estudios en los centros reservados para las élites del país y se marchó al Merton College de la Universidad de Oxford en Inglaterra, donde se dedicó a investigar durante dos años la historia del transporte en el río Támesis.

Aquella etapa, que él calificó en sus memorias como el «momento más feliz de su vida», le sirvió para adquirir un gran conocimiento sobre el transporte por viaductos y la gestión de recursos hídricos. Por eso, la Secretaría General de la ONU le nombró en 2015 presidente honorario del panel de asesoramiento sobre Agua y Saneamiento y, ahora, los expertos barajan la posibilidad de que el medio ambiente centre la agenda de su reinado.

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En la segunda parte de la ceremonia, ya ante una audiencia mixta de 266 invitados, insistió en que no interferirá en los asuntos políticos. «Tendré en cuenta el camino seguido por los emperadores precedentes y trataré continuamente de perfeccionarme», añadió tras prometer seguir los pasos de su padre, muy querido por la sociedad nipona. Y es que Akihito, que será recordado como el emperador de la paz porque bajo su nombre no se libró ninguna guerra, ha dejado el listón muy alto. Aun así, para la profesora de Historia, Alexis Dudden, sus palabras dejan entrever que, aunque «respeta el trabajo de su padre, también tratará de llevar sus propias preocupaciones», declaró a LA RAZÓN. Por ello, muchos apuntan a que este soberano de 59 años que pudo elegir su educación y perseguir sus sueños, tratará de modernizar la monarquía reinante más antigua del orbe. Entre otras cuestiones, el papel de la mujer en la sociedad nipona y en la Casa Real, donde las mujeres no pueden heredar el trono. Naruhito, al igual que su padre, se casó en 1993 con una plebeya con la que tuvo una hija de 17 años. Desde que se anunciara que Masako sufre una depresión por estrés, Naruhito ha permanecido a su lado y la ha defendido pese a las críticas. Ayer, Masako sonreía con templanza al escuchar las palabras de su esposo.

Tras despedirse diciendo que trabajará por «la felicidad del pueblo, el desarrollo de la nación y la paz en el mundo», el primer ministro, Shinzo Abe, tomó la palabra. «Entre las turbulencias internacionales, estamos decididos a forjar un brillante futuro para Japón, lleno de paz y esperanza y del que nos podamos sentir orgullosos», indicó.

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