¿Se puede echar a Trump?

Impeachment. Clinton esquivó el juicio político en 1998, pero los conflictos de intereses del imperio Trump, el tráfico de influencias y los escándalos sexuales amenazan la presidencia del magnate

Donald Trump en un discurso celebrado en Appleton (Wisconsin), el pasado año
Donald Trump en un discurso celebrado en Appleton (Wisconsin), el pasado año

Impeachment. Clinton esquivó el juicio político en 1998, pero los conflictos de intereses del imperio Trump, el tráfico de influencias y los escándalos sexuales amenazan la presidencia del magnate

Las dudas éticas no dejan de amontonarse a medida que Donald Trump se prepara para jurar su cargo como el 45º presidente de Estados Unidos. La lista de actividades al menos dudosas relacionadas con su figura no hace sino crecer con el paso de los días: un informe comprometido que lo relaciona directamente con Rusia y que le hace protagonista de presuntos escándalos sexuales, el hecho de que haya anunciado que no va a poner sus empresas en manos de un fideocomiso ciego, que haya nombrado a un familiar suyo como consejero presidencial senior (algo que posiblemente viole las leyes antinepotismo)... Son todos ellos temas muy preocupantes que han agigantado las dudas sobre aspectos de legalidad relacionados con el presidente electo que podrían derivar en un «impeachment».

En este momento, la veracidad del dosier del ex espía británico es cuanto menos cuestionable y lo que en él se afirma será muy difícil de probar, a no ser que salgan a la luz datos más concretos. Lo que sí resulta más alarmante es no saber con certeza hasta qué punto está Trump cruzando la línea roja con sus actividades comerciales y el nombramiento de su yerno como miembro del personal de la Casa Blanca. Durante su primera rueda de prensa como presidente electo realizada esta semana, no clarificó si evitará los atolladeros éticos que derivarán de mezclar sus negocios con sus decisiones políticas. Puede que sus acciones no acaben siendo merecedoras de un «impeachment», pero sí perjudicarán sus habilidades para gobernar.

En el «impeachment» los cargos formales están relacionados con «traición, soborno u otros crímenes y faltas graves» (recogidos en la Constitución de Estados Unidos) y que son presentados ante el Comité Judicial de la Cámara, el cual decidirá si llevar a cabo una votación de destitución de la persona implicada a la Cámara de Representantes. Con una mayoría simple, la Cámara podría aprobar el «impeachment». El paso siguiente sería en el Senado, donde se llevaría a cabo el juicio político, y se necesitaría una mayoría de dos tercios para que conseguir la destitución. Con los enemigos que tiene Trump en el Congreso, podría ser tarea sencilla, pese a que su propio partido domina los dos órganos legislativos. Sería la primera vez en la historia de EE UU. Los presidentes Andrew Johnson y Bill Clinton fueron acusados pero no condenados, ya que no se obtuvieron los votos necesarios en el Senado. Nixon dimitió antes de activarse el proceso.

Todos los agujeros negros en el historial de Trump, incluidas las acusaciones de «hackeo» ruso durante las elecciones, le irritan porque deslegitiman su elección como presidente. También quisieron deslegitimar la presidencia de Obama con acusaciones falsas de no haber nacido en EE UU. La diferencia es que, además de estar demostrado que en el caso del demócrata era totalmente falso, Trump ha recurrido a un «modus operandi» que demuestra lo susceptible y poco «presidencial» que es. Dejando de lado el dosier, entre los temas más preocupantes y que más dolores de cabeza traerán a Trump serán sus negocios comerciales y la presencia de Jared Kushner en la Casa Blanca. La PBS (equivalente a la BBC de Reino Unido) asegura que «no todos los empleados gubernamentales están sujetos a las mismas normas». Mientras que las ramas legislativas y judiciales tienen unos estándares éticos bastante claros en relación a los miembros del Gabinete, los límites éticos del presidente están menos definidos.

Los conflictos de intereses relativos a sus negocios han supuesto un gran problema para Trump antes y después de ganar las elecciones. Presidentes anteriores se han distanciado de sus empresas y las han puesto en manos de un fideocomiso ciego. Trump, sin embargo, ha decidido ceder las riendas del imperio a sus hijos y jurar que no hablará con ellos sobre negocios, lo que sin duda provocará –si nadie puede decir cómo le ha ido el día en el trabajo– unas reuniones familiares algo incómodas.

La cláusula de emolumentos de la Constitución (relacionada con la remuneración que corresponde a un cargo o empleo) prohíbe a los cargos públicos el aceptar regalos o recompensas de potencias extranjeras para evitar que éstas influyan en el país. Con los intereses comerciales internacionales de Trump y sin un fideocomiso ciego, la pregunta es si Trump podrá mantener una suerte de cortafuegos y evitar el hecho o siquiera la apariencia de recibir estos «pagos en especias» de Gobiernos extranjeros. Habrá dudas constantes con cualquier medida internacional estadounidense con respecto a si es irregular o no. Paralelamente a esto, su yerno, un magnate inmobiliario e inversor, tendrá que ser muy cuidadoso para que sus actos como consejero senior no conlleven irregularidades reales o aparentes.

La abogada de Trump, Sheri Dillon, comparó a éste con Nelson Rockefeller, el nieto del rico banquero John D. Rockefeller, fundador de la Standard Oil Company. Nelson Rockefeller se convirtió en el vicepresidente de Gerald Ford tras la dimisión de Nixon. De acuerdo con Dillon, «en esa época, a nadie le preocupaban» los negocios de Rockefeller. Algo que no es verdad. Su confirmación fue muy controvertida. Fue paralizada, y hasta que Rockefeller no puso sus negocios en manos de un fideocomiso ciego el Senado no le confirmó. Aunque todo el mundo defiende que Trump es único en términos de riqueza y personalismo, a lo mejor la sesión de confirmación de Rockefeller le resultaría una buena lección.

Las dudas sobre irregularidades han desgastado a la Administración antes de que Trump siquiera haya jurado su cargo. Como presidente, el escrutinio sólo aumentará y la prueba de fuego llegará en las elecciones de mitad de legislatura.

Puntos débiles

- Familia

El nombramiento de su yerno y empresario multimillonario Jared Kushner, marido de Ivannka, suscita serias dudas legales.

- Negocio

No renuncia a la propiedad de sus empresas aunque dejará su gestión en manos de sus dos hijos. Una medida polémica.

- Prostitución

La confirmación del contenido del dosier del ex espía británico supondría un escándalo sexual que pondría en apuros al presidente.

Dispuesto a levantar las sanciones a Rusia

Trump abrió ayer la posibilidad de levantar las sanciones a Rusia impuestas por el todavía presidente, Barack Obama, si el Kremlin colabora en la lucha contra el terrorismo y otros objetivos. En una entrevista en el «The Wall Street Journal» aseguró que mantendrá intactas las sanciones «al menos por un tiempo», pero añadió: «Si te llevas bien con Rusia y si realmente nos están ayudando, ¿por qué mantener las sanciones si están haciendo cosas realmente buenas?», se cuestionó el magnate en relación a las sanciones económicas a organismos de espionaje, individuos y empresas de seguridad.

Boicot a la política de «una sola China»

En relación a la política de «una sola China» de Pekín, que Washington reconoce desde que en 1979 rompió sus relaciones diplomáticas con Taiwán, Trump aseguró ayer respondió que «todo es negociable». El presidente electo puso como condición a Pekín para mantener la política de «una sola China» que muestren cambios en sus políticas monetarias y de comercio. Trump originó en diciembre pasado una crisis diplomática entre EEUU y Pekín al conversar por teléfono con la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, lo que supuso el primer contacto a ese nivel desde 1979.

*Profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Hofstra en Nueva York