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Superar y perdonar la barbarie Nazi

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Tiempo de lectura 4 min.

01 de septiembre de 2019. 23:53h

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Taylin Aroche.  1/9/2019

La Gran Depresión de 1929 trajo consigo por primera vez una profunda incertidumbre económica. El «crack» hundió las finanzas de Estados Unidos en un momento donde la economía mundial ya estaba conectada, por lo que golpeó también a Europa. En Alemania, la crisis generó un clima de precariedad y propició inestabilidad en las jóvenes democracias que apenas empezaban a dar sus primeros pasos.

En 1933 y con Adolf Hitler en el poder, el objetivo principal de la élite nazi es crear una fuerte cohesión interna basada en el odio a la comunidad judía. Los planes del canciller pasan por recuperar territorio perdido. Hitler invade Polonia. Las primeras balas se disparan en Gdansk, en el norte del país. El 1 de septiembre de 1939 a las 11:00 horas recibe el ultimátum de Inglaterra. Si Alemania no retira sus tropas, se declarará la guerra. Sin titubear, las tropas nazis continuaron con su plan hacia el enfrentamiento. En cuestión de días, Reino Unido y Francia declararon la guerra a Alemania y comenzaron a movilizar sus ejércitos. El 17 de septiembre la Unión Soviética invadió Polonia desde el este. El país intenta con un heroísmo en vano defender sus fronteras con una división militar a caballo que poco pudo hacer contra los tanques blindados. Las fuerzas polacas cayeron a principios de octubre después de perder alrededor de 65.000 hombres en el campo de batalla.

Los alemanes empiezan una campaña de terror para reducir al pueblo polaco a una población de campesinos y obreros a su servicio. Wlodzimierz Woloszynski tenía 3 años cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. «Es una edad en la que no eres consciente de lo que te rodea, del bien o del mal», declara a LA RAZÓN. Vivió hasta esa edad en Lodz, en el centro de Polonia. «Los alemanes llegaron hasta nuestro edificio y sacaron a todo el mundo para ser llevados a diferentes lugares. Mis padres y yo fuimos trasladados, no muy lejos de casa, a la zona de Peczniew y Turek para trabajar como agricultores para una mujer alemana que sabía polaco». Desde su casa en Lodz y a sus 83 años está en plena forma, asegura que es por el trabajo que hace en su jardín, que en esta época del año sigue floreciendo gracias a «Cuando tenía 5 años salía solo con las cabras para que pastaran y cortaba hierbas para alimentar a los conejos de la casa». Wlodzimierz evita hablar de la «mujer alemana» para la que trabajaban él y sus padres. En su lugar habla con orgullo de una nieta que estudia en Estados Unidos y que está a punto de graduarse y entrar a la universidad.

Al contrario de lo que pueda parecer, no ha contado la historia de su vida; la historia de Polonia, demasiadas veces y menos aún fuera de la Asociación de Niños de la Guerra en Polonia, de la cual es presidente. «Fueron unos años muy duros», continúa. «Pasar todo el día en el campo trabajando era una tarea muy dura. Nunca supe lo que era ser un niño, jugar o a tener amigos». La intención del Fuhrer era reemplazar a la población polaca y repoblar con alemanes el país. Solo se mantendrían a quienes fueran útiles para llevar a cabo labores básicas; el resto, serían expulsados o asesinados. «Comía cualquier cosa, bebía leche materna de los cerdos cuando tenían crías». No duda en ningún momento y habla con entereza y seguridad: «vivir durante esos 6 años es lo más difícil que he hecho en mi vida. Terminada la guerra, con 9 años empecé a ir a la escuela. Mis padres y yo sobrevivimos», concluye.

Nueva ola nacionalista

Polonia vivió la guerra con horror. Loz nazis asesinaron a cerca de 1,8 millones de ciudadanos polacos no judíos y a alrededor de 3 millones de judíos polacos. Campos de concentración, destierro y adoctrinamiento vividos hasta los últimos días de la guerra. Hoy en día, las relaciones con Alemania parecen restauradas. «Las encuestas nos demuestran que los polacos tienen una opinión positiva de los alemanes. Son considerados socios razonables», asegura a este diario el Dr. Marcin Fatalski, de la Universidad Jaguelónica de Cracovia. El debate nacional desde que el partido Ley y Justicia está en el poder gira en torno a si las indemnizaciones alemanas fueron justas con Polonia. «Es cierto que el país fue devastado durante la II Guerra Mundial y que la compensación se pagó a una Polonia controlada por la antigua Unión Soviética, pero me parece una cuestión planteada por razones políticas».

El país celebrará elecciones en octubre. Polonia es un país aquejado por su geografía y la geopolítica. Desapareció durante 150 años al estar entre Austria, Prusia y Rusia en un momento en el que los tres se convirtieron en imperios. Los rusos se la repartieron. Tiempo después, Catalina la Grande la hizo desaparecer. Lo único que resistió para los polacos fue la Polonesa de Chopin y la Virgen de Czestochowa, patrona de Polonia. La devoción católica donde más del 86% se declara creyente «viene de no creer en lo terrenal, porque todo lo humano nos ha fallado: en los tiempos más duros de nuestra historia solo nos quedó nuestra devoción», asegura a este diario Marcin Majewski a las puertas de una iglesia en Cracovia.

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