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Trump castiga a Ankara por su ofensiva en Siria

Exige a Tayyip Erdogan que suspenda las operaciones contra los kurdos

El presidente de EE UU sube aranceles, sanciona a tres ministros de Erdogan y suspende la negociación de un acuerdo comercial con Turquía

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Y finalmente la Casa Blanca sacó adelante una orden ejecutiva con sanciones contra Turquía. El gobierno de EEUU acusa a Erdogan de «socavar la campaña para derrotar al Estado Islámico de Irak y Siria, poner en peligro a los civiles y amenazar la paz, la seguridad y la estabilidad en la región». Entre los aspectos esenciales de las sanciones figura la paralización de un acuerdo comercial por valor de 100 millones de dólares, así como elevar los aranceles a diversas exportaciones turcas.

Trump ha declarado que está listo para destruir la economía turca, pero lo cierto es que a la Casa Blanca cada vez le cuesta más convencer a los suyos. Y no será porque el presidente no multiplique sus diatribas. Al comunicado con las sanciones hay que añadir sus comentarios en redes sociales, donde explica que ofreció prisioneros de Estado Islámico a los países de Europa y fue ignorado. «¡Probablemente pensaron que EEUU soportaría, como siempre, el tremendo coste».

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Trump no entiende cómo «después de derrotar al 100% el califato del Estado Islámico» alguien pueda reprocharle que haya ordenado la salida de las tropas. «Les dije a mis generales, ¿por qué deberíamos estar luchando por Siria y Assad para proteger la tierra de nuestro enemigo? Me parece bien cualquiera que quiera ayudar a Siria a proteger a los kurdos, ya sea Rusia, China o Napoleón Bonaparte. Espero que a todos les vaya genial, ¡Nosotros estamos a 7,000 millas de distancia!».

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Pero la tensión crece en Washington y va desde el legislativo, que negocia para sacar adelante las sanciones contra Turquía, hasta el Pentágono. De hecho son muchos los que consideran que la falta de una respuesta efectiva, la ausencia de una decisión mucho más contundente, confirma la sospecha de que el gobierno de EEUU ha dado vía a libre a Erdogan.

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Lindsey Graham, el senador republicano que lidera la negociación de sanciones, ha apoyado públicamente a Trump y sus esfuerzos por sacar adelante una serie de medidas punitivas. Unas sanciones que debieran de doblegar el espinazo del gobierno turco y obligarlo a detener su ofensiva. Al mismo tiempo el senador habla de un «plazo razonable para lograr nuestros objetivos comunes», pero no, en ningún caso, de un cheque en blanco.

La frustración y el descontento, lejos de ser patrimonio del sector más crítico, parecen evidentes en el partido republicano. Basta con atender a las declaraciones de viejos pesos pesados como Bill Bennett, ex secretario de educación con Ronald Reagan, a la cadena Fox. Por su boca hablan, en buena medida, todos los que no se atreven a hacer explícito su resquemor, temerosos de perder el favor de un presidente que valora como pocos la fidelidad.

Al mismo tiempo convencidos de que EEUU debe lealtad a los kurdos. Entrevistado en el programa America’s Newsroom, de Bill Hemmer y Sandra Smith, Bennett explicó que nada le gustaría más que defender las políticas del presidente en relación a Siria. Pero, dijo, «No creo que pueda». Considera que fue un error «creer a Erdogan cuando dijo que no desataría esta violencia.

Sabemos qué clase de odio sienten por los kurdos». «¿Cómo devolvemos el genio a la botella?», preguntó, para a continuación recordar que Trump habla a menudo de la necesidad de traer de vuelta las tropas, de velar por la seguridad de los soldados estadounidenses y clausurar las aventuras bélicas en el exterior. «Mi esposa y yo somos padres de un marine de los Estados Unidos», comentó, «y mientras servía pensábamos en su seguridad. Pero no van por eso. No van por su seguridad. Van a servir y van a lugares lejanos del mundo. Y rezamos por ellos y rezamos por su regreso».

Trump, entre tanto, argumenta que EEUU no tiene porque perder más efectivos o recursos en una guerra que solo beneficia a sus enemigos, como Bachar al Asad e Irán. «Prefiero centrarme en nuestra frontera sur, que es parte de los Estados Unidos de América. Y por cierto, ¡los números [de inmigrantes ilegales detenidos en la frontera] están muy bajos y se está construyendo el MURO!».