Sí, la pandemia también envejece (pero sabemos cómo combatirla)

Ojeras, piel apagada, arrugas marcadas: los estragos del confinamiento se reflejan en nuestra piel. Una alimentación sana y cuidados específicos serán tus aliados para verte bien por dentro y por fuera.

El sol, aliado de tu vitamina D@msorianob

No solo la salud física y mental y nuestra vida social se están viendo resentidos por la pandemia, sino también el aspecto de nuestra piel. El cansancio, el estrés y el continuo uso de las pantallas están haciendo estragos en nuestra apariencia física. El uso de la calefacción ahora que llega el invierno también va a favorecer que nuestro tono se vuelva grisáceo y las arrugas se marquen más.

Dado que pasamos más tiempo en casa, gran parte de este tiempo lo invertimos en teletrabajar o evadirnos delante de un ordenador, el móvil o la televisión. Las pantallas de estos aparatos emiten una luz azul que causa la degradación y la muerte celular. Sin que nos demos cuenta, los rayos cargados de la energía de la luz azul provocan la estimulación de radicales libres y como consecuencia favorecen el proceso de envejecimiento y la aparición de manchas faciales.

Envejecimiento digital

Esta luz azul daña tanto los ojos como la piel y su mayor peligro es que no somos conscientes de su efecto (como sí lo somos de tomar el sol un día de agosto a las cuatro de la tarde). El llamado Text Neck afecta a nuestra postura y además provoca manchas, deshidratación, flacidez… la delicada piel del cuello, las líneas marioneta, la papada (zona submentoniana) y el surco nasogeniano se están viendo afectados con la consiguiente pérdida de firmeza y aparición de arrugas.

Esta luz azul daña tanto los ojos como la piel y su mayor peligro es que no somos conscientes de su efecto (como sí lo somos de tomar el sol un día de agosto a las cuatro de la tarde). Esta luz azul produce cansancio y estrés visual a corto plazo y altera los ritmos de sueño, ya que impide la producción de melatonina. Esto es por lo que muchas veces estás en la cama con dolor de ojos o de cabeza pero no puedes conciliar el sueño.

La luz azul (y la calefacción, como ya hemos dicho) hace que la piel se seque pues provoca una disminución en las moléculas que ayudan a la piel a mantener su hidratación, las acuaporinas. Además esta luz produce envejecimiento porque activa las metaloproteinasas que aceleran la destrucción del colágeno en la dermis.

Cómo cuidar tu piel de la luz azul

Un truco básico es proteger la pantalla con un filtro protector (los móviles suelen tener la opción incluida, solo hay que activar el icono Blue Light Filter). También es importante no utilizar los dispositivos a oscuras, levantar el móvil a la altura de la vista y mantenerlo a na distancia de veinte centímetros de los ojos.

Aunque no salgamos de casa, es más importante que nunca seguir una correcta limpieza del rostro dos veces al día. En la mañana lo ideal es aplicar serums con activos antioxidantes para neutralizar los radicales libres y una crema que contenga un factor fotoprotector pues está demostrado que protege frente a la radiación azul.

Está demostrado que los fotoprotectores son útiles aunque no salgamos de casa; hay que utilizar un SPFS 15 o 30 en invierno y un SPFS de 59 en verano.

En la noche hay que favorecer la renovación celular contando con productos que contengan activos como ácido glicólico o retinol.

Una vez a la semana también sería recomendable hidratar aún más la piel con una mascarilla específica para cada uno.

Para combatir este desastre, hay que hidratar mucho más a piel bebiendo agua en abundancia (ojo, que el alcohol también deshidrata) y comiendo alimentos ricos en fibra y vitaminas A, D y E, sin olvidar consumir frutas cítricas ricas en vitamina C.

Para prevenir o atenuar la aparición de las bolas y ojeras es imprescindible dormir ocho horas diarias y aplicar alguna crema para el contorno de ojos con suaves toquecitos ascendentes desde el lagrimal hasta el final de la ceja. Si además quieres conseguir un efecto descongestionante, puedes guardar el bote en la nevera.

Un truco casero fantástico es colocar, antes de dormir, una gota de aceite de almendras en el dedo anular y masajear alrededor de los ojos. Este gesto retrasa la aparición de patas de gallo, hidrata la piel y combate las ojeras.

Las manos

Al lavarnos las manos con mayor frecuencia y al usar (y abusar) del gel hidroalcohólico, nuestras manos están más secas, salen grietas, eccemas… lo ideal sería llevar siempre con nosotros un botecito de crema hidratante y aplicárnoslo tras cada lavado. Aprovecha ese minuto para darte un breve masaje, por ejemplo, con el dedo pulgar se puede ir haciendo círculos con la plama de la mano.

La vitamina D sin sol

Esta vitamina es esencial para nuestro organismo. Resulta fundamental para la absorción y el metabolismo del calcio. El mantenimiento de un nivel adecuado de vitamina D es importante a lo largo de todas las etapas de la vida, especialmente importante para los niños, mientras sus huesos y dientes están en desarrollo, y para los adultos en la prevención de la osteoporosis. Además, la vitamina D juega un papel importante en los sistemas nervioso, muscular e inmunitario e, incluso, influye en el estado de ánimo de las personas.

Se trata de una sustancia esencial para la salud, por lo que los expertos coinciden en que preservarla durante la crisis sanitaria es fundamental. En lo que la comunidad científica no coincide, es en el tiempo y la cantidad diaria recomendada. Lo que sí está claro es que nuestra piel agradecerá exponernos unos minutos al día al sol para dotarla de vitamina D. Ojo, con la ventana abierta, pues los cristales de casa filtran ese tipo de radiación.

Además, a través de la alimentación también podemos mejorar nuestros niveles de vitamina D. Acostúmbrate a meter en tu dieta queso, champiñones leche y pescados grasos como el atún, salmón y la caballa.