El reparto de la herencia

  • Palacio de Liria de Madrid.
    Palacio de Liria de Madrid.
  • Interior del Palacio de Dueñas .
    Interior del Palacio de Dueñas .
Madrid.

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20 de noviembre de 2014. 11:27h

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Madrid. 18/11/2014

El patrimonio personal de la duquesa, que asciende a unos 1.000 millones de euros, se divide en tres partes iguales: la legítima, la de mejora y la de libre disposición. Cada hijo heredaría 55,5 millones de euros de la legítima y otros tantos de la parte de mejora. Por medio de una donación escriturada ante un notario de Madrid, sus hijos, que se han mostrado conformes y agradecidos con esta decisión, han recibido 110 millones de euros cada uno y han pasado a ser los titulares registrales de sus bienes.

Además, Carlos, como primogénito y futuro duque de Alba, recibe el enorme legado artístico atado a la Fundación Casa de Alba, valorado en más de 2.000 millones de euros, y los palacios de Liria, Monterrey y Dueñas, aunque éste último está ya a nombre de su primogénito, Fernando, como futuro heredero de la casa. Hay que precisar que las citadas casas y colecciones, de acuerdo a la legislación sobre fundaciones, no pueden venderse y han de mantenerse unidas.

A pesar del reparto, Cayetana ha seguido hasta su muerte gerenciando y administrando el patrimonio de los Alba, como usufructuaria del mismo.

La decisión de este reparto temprano de la herencia vino motivado por la inquietud que produjo entre sus allegados su intención de contraer matrimonio con Alfonso Díez, su salud y el deseo de asegurar la estabilidad de la Fundación Casa de Alba, que gestiona uno de los principales conjuntos históricos y artísticos privados españoles.

Así, en el verano de 2011 adelantó a cada uno de sus seis hijos una notable cantidad en metálico, que se restaría proporcionalmente de la que percibirán en su herencia. A continuación, distribuyó la propiedad de varios inmuebles, entre ellos algunos de los más conocidos, reservándose el derecho de usufructo vitalicio de los mismos.

Así fue el reparto de las propiedades

1.- Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, duque de Huéscar (Madrid, 2 de octubre de1948), primogénito de la Casa Alba y heredero de la gran parte de los títulos de la casa ducal es Licenciado en Derecho y el principal gestor del patrimonio y demás asuntos financieros de la familia. Es vicepresidente de la Fundación Casa de Alba y participa en casi todas las empresas de la madre. Separado de Matilde Solís, con quien se casó el 18 de junio de 1988 en Sevilla, tuvo dos hijos: Fernando (1990) y Carlos (1991).

Carlos heredará el título de duque de Alba, de Berwick, de Liria y Jérica, entre cerca de cuarenta más. Recibirá adherido al título de Duque de Alba todo un paquete: la Fundación Casa de Alba (con sus palacios de Liria y Monterrey, entre otros), l a colección de medio centenar de ducados, marquesados, condados y grandezas y la responsabilidad de preservar el legado histórico. Además recibe fincas rústicas, entre ellas, El Carpio, uno de los mayores latifundios de Córdoba. A su primogénito, Fernando Fitz-James Stuart y Solís (1990), nieto mayor de la Duquesa y heredero de la Casa de Alba, le correspondió el palacio de Las Dueñas de Sevilla. El hecho de que este palacio fuera entregado al nieto mayor, responde a la tradición de que el palacio sevillano recaiga siempre en el futuro jefe de la Casa de Alba.

2.- Alfonso Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart, duque de Aliaga, (Madrid, 22 de octubre de 1950), encargado, junto a su hermano mayor, de las finanzas de la Casa de Alba.

Alfonso recibió varias parcelas rústicas y la finca del antiguo castillo de El Tejado en Calzada de Don Diego (Salamanca).

Además reclamó a su madre la sucesión de siete títulos nobiliarios, entre ellos el condado de Guimerá, el condado de Ribadeo, así como el ducado de Híjar, el condado de Aranda y el condado de Palma del Río, éstos tres últimos con Grandeza de España incluida.

Esta petición tiene su trasfondo histórico. El abuelo de la duquesa de Alba, Alfonso de Silva y Fernández de Córdoba, duque de Híjar, dejó por escrito su deseo de que los títulos provenientes de la casa de Híjar fueran a parar a Alfonso, al que conoció cuando era un bebé. Éste, conocedor de los deseos de su bisabuelo, sacó el manuscrito en el transcurso de la reunión de julio de 2011 en la notaría y manifestó su intención de reivindicarlo.

3.- Jacobo Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, Conde de Siruela (Madrid, 15 de julio de 1954) Entre 1980 y 1998 estuvo casado con María Eugenia Fernández de Castro con la que tuvo dos hijos: Jacobo (1981) y Brianda (1984). Se casó en segundas nupcias con la periodista Inka Martí, en 2004.

Jacobo, que esperaba hereredar la casa de Ibiza de la Duquesa, que recibió su hermana, fue el peor parado pues sólo recibió algunas fincas rústicas y ningún domicilio.

4.- Fernando Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart, marqués de San Vicente del Barco. (Madrid, 11 de julio de 1959). Estudió Derecho en el CEU San Pablo, y se especializó en banca con la Morgan Guaranty Trust, primero en París y luego en Nueva York. Trabaja en el Banco Central Hispano y en la gestión de la fundación del Patrimonio de la Casa de Alba.

Fernando heredó la mansión de Las Cañas, en Marbella, y otras propiedades agrícolas.

5.- Cayetano Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart, conde de Salvatierra.- (Madrid, 4 de abril de 1963) Se casó en 2005 con Genoveva Casanova, con la que había tenido dos hijos y de la que se separó en 2007.

Cayetano heredó el palacio de Arbaizenea en San Sebastián, la finca de 20.000 metros cuadrados de la familia de su padre, los duques de Sotomayor, y el cortijo Las Arroyuelas, un gran latifundio en Sevilla.

Además recibió el ducado de Arjona, título vitalicio que se remonta a 1423 cuando el rey Juan II de Castilla se lo concedió a su hijo Cayetano, conde de Salvatierra. Éste fue el único título entregado voluntariamente por la duquesa y, por tanto, el que más sorpresa suscitó en el seno familiar. Con este título la Duquesa reconocía el trabajo de Cayetano desde que se puso al frente de la Fundación Casa de Alba, junto a su hermano mayor.

6.- Eugenia Martínez de Irujo y Fitz-James Stuart, duquesa de Montoro. (Madrid, 26 de noviembre de 1968), única mujer y la pequeña de los hijos de la Duquesa. En 1998 se casó en Sevilla con el torero Francisco Rivera Ordóñez, con el que tuvo en 1999 a su hija, Cayetana, y del que se divorció en 2002.

Eugenia recibió la mansión de Ibiza donde veranea la duquesa, además de Sa Aufabaguera, el cortijo de La Pizana, una finca de 600 hectáreas en Gerena (Sevilla), que le regaló por su boda.

El contenido más llamativo del acuerdo con Alfonso, duque de Aliaga, fue la distribución de siete títulos nobiliarios, tres de ellos con Grandeza de España. No empleamos la palabra «cesión», porque la Duquesa de Alba no se los cede en vida para que, tras su uso de forma vitalicia por parte del segundo de sus vástagos, deban retornar al «tronco principal» de los Alba, es decir, al representado por el actual duque de Huéscar, futuro duque de Alba, y sus hijos. La distribución de esas siete dignidades nobiliarias significa que el hoy duque de Aliaga abre «cabeza de línea», y que sus hijos, Javier y Luis, podrán heredarlos y transmitirlos.

El futuro de Dueñas

La cuestión no es baladí. De los seis hijos de Cayetana, su primogénito recibió el Ducado de Huéscar por distribución de su abuelo, el XVII Duque de Alba; el segundo recibió el Ducado de Aliaga como sucesor de su abuela paterna, con claro deseo de que lo conserve y transmita. Pero los cuatro menores recibieron sus títulos del reino, todos ellos con Grandeza de España, en régimen de cesión. No podrán, por tanto, transmitirlos a sus hijos. Salvo que cambien las cosas, de los nueve nietos de la Duquesa de Alba, sólo los hijos de los duques de Huéscar y de Aliaga podrán heredar un título.

La Duquesa de Alba decidió transmitir directamente la propiedad del palacio sevillano de Las Dueñas a su nieto Fernando, primogénito del duque de Huéscar y Matilde Solís. No fue un capricho. Quien será el vigésimo Duque de Alba es titular, desde la aplicación de los acuerdos, no sólo de la residencia sevillana de su abuela, sino de su «residencia»... a secas. Era y es el domicilio legal de Cayetana Fitz-James Stuart, como figura en su DNI y pasaporte, algo que no sólo tiene consecuencias jurídicas en materia fiscal, sino, de nuevo, de cara al derecho de sucesiones. Porque ha sido el domicilio conyugal de la Duquesa.

Si en el futuro hay que aplicar preceptos del Código Civil que garanticen al cónyuge que sobrevive preferencia para permanecer en la casa del matrimonio, haber cedido la propiedad del palacio a quien todavía tardará décadas en ser Duque de Alba es práctico. Aunque todo hace pensar que en la parte más secreta de los acuerdos familiares se ha aplicado el artículo 839 del mismo Código, que indica expresamente que «los herederos podrán satisfacer al cónyuge su parte (...) asignándole una renta vitalicia». O incluso ofreciéndole una cantidad en efectivo. Todo ello, claro está, de mutuo acuerdo.

Contrariamente a una idea muy extendida, ser distinguido con un título nobiliario o heredarlo supone prestigio social, pero no ventajas económicas. Tras la última actualización en las cuotas recogidas en el artículo 43 de la Ley del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados, la transmisión directa (es decir, entre ascendientes, descendientes o hermanos, siempre que el título haya sido usado al menos por uno de los padres), de cada título con Grandeza de España, está gravada con 2.646 euros. Para los títulos nobiliarios sin Grandeza corresponde el pago de 753 euros. Dado que Alfonso Martínez de Irujo sucederá en siete dignidades, tres de ellas con Grandeza, deberá abonar a la Hacienda pública un total de 10.950 euros.

Alfonso Díez no recibirá nada

La legislación nobiliaria española no permite que el consorte que sobreviviere a quien ostenta dignidades aristocráticas las herede ni en posesión ni en propiedad. En nuestro país la costumbre es que las viudas de los títulos del reino sigan usándolos por cortesía, anteponiendo su condición al nombre del mismo. Es muy infrecuente que los varones viudos sigan utilizándolos cuando el derecho a su uso provenía de sus consortes.

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