El pañuelo en la chaqueta ¿de izquierdas o de derechas?

La decisión de Rosa María Mateo de vetar este accesorio a los presentadores de TVE por considerarlo conservador y rancio ha levantado ampollas.

Jesús Álvarez, luciendo un pañuelo en su chaqueta
Jesús Álvarez, luciendo un pañuelo en su chaqueta

Sociólogos y estilistas reaccionan atónitos a la «ideologización» de este accesorio y coinciden en que es un epítome de estilo masculino para «progres» y liberales.

A punto estábamos de entonar un réquiem por el pañuelo en la solapa después de que Rosa María Mateo recriminara su uso a los presentadores de TVE Jesús Álvarez y Emilio de Andrés. ¿Por qué, si tan bien lo lucían en el bolsillo izquierdo de sus chaquetas? Por rancio y por cierto dejo a derecha, alegó. Ha sido necesario salir a la calle y observar a qué viene el vapuleo. Si entendemos como rancio aquello que está anticuado, aquí hay algo que no encaja. ¿Son rancias las tendencias que las marcas están subiendo a las pasarelas? Y si la moda está en la calle, ¿cómo hay tanto pañuelo asomando por el ojal de las chaquetas? Fernando Grande-Marlaska, por ejemplo, lo lució impecable, junto a una corbata azul con topos blancos, como invitado en «Los Desayunos de TVE». ¿Es que acaso la izquierda no puede vestir bien?

LA RAZÓN ha preguntado a expertos en protocolo, diseñadores y sociólogos. Ante las cuestiones, no cabe en ellos más que una risa sardónica que tiene más que ver con el asombro que con el humor. El clamor es unánime: el pañuelo junto a la solapa es el epítome del estilo masculino. No hay en él ningún mensaje político, puesto que el gracejo en el vestir y la coquetería van más allá de ideologías, modas o edades. Y de tanto indagar, hemos hallado ese eslabón estilístico que une a la derecha con la izquierda. Oséase, a Manuel Fraga, albacea de la vieja derecha fiel a su pañuelo almidonado, con Kichi, el alcalde de Cádiz antisistema que no duda en salir de su «piso de currante» con americana y pañuelo si la ocasión así lo aconseja. Quizá porque cuando uno toma el bastón de mando, ya no basta con limpito y aseado. Con un mismo adorno en la solapa, ambos representan dos polos opuestos del mundo. «Derecha e izquierda acaban vistiendo igual». Es lo que advirtió la investigadora Patricia Centeno al analizar la indumentaria como herramienta de comunicación política en su libro «Política y moda»: «El afán hoy es crear arquetipos llanos». Ni todos los abertzales se rapan el pelo igual, ni el votante del PP puede ya ser ridiculizado con la raya al lado y jersey anudado al cuello. Ni siquiera la pana o las greñas son patrimonio del socialismo. Son estereotipos que perviven, según la autora, más en el colectivo que en los escaños. Dos muestras: Alberto Garzón, líder de IU, lo exhibió el día de su boda y también el diputado de ERC Gabriel Rufián mientras hablaba de autodeterminación.

Carácter abierto y cercano

Juan de Dios, experto en protocolo, ve en este debate la ocasión de hablar del buen gusto que, igual que los buenos modales, empieza a brillar por su ausencia. «El pañuelo significa un plus de etiqueta y de distinción. Ese toque diferenciador de carácter, que no ideología, está considerado como uno de los mejores exponentes de la elegancia masculina y de una marcada personalidad. De algodón, lino fino, lana o seda, quien lo lleva disfruta vistiendo y de su libertad. Expresa un carácter abierto, creativo y cercano». Hace unos días al ex ministro socialista Maxim Huerta se le veía cómodo subiendo al atril sin corbata y pañuelo con tonos azules y blancos, para entregar el premio al hombre más comprometido en una ceremonia organizada por la revista «Esquire». De esta guisa se han dejado ver también los políticos Enrique Múgica, en la Feria de San Isidro, por ejemplo, o el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla. En su participación televisiva como jurado de un «talent show» de políticos, Albert Rivera dejó que asomará sobre su traje oscuro satinado un discreto filo blanco que animaba su imagen. Según Laura Costa, asesora de imagen personal, es una de las prendas más valoradas en cualquier ocasión. «Le permite al hombre proyectar una perfil más humano, cercano y amable, sin abandonar un aspecto impoluto. Cada vez son más los clientes que quieren saber cómo llevarla y conseguir un estilo propio que nada tiene que ver con su pensamiento político». De hecho, entre su clienta hay líderes políticos, estudiantes, jóvenes artistas, financieros y empresarios. Todos han hecho de este paño casi una necesidad.

Joaquim Fernández, al frente de la sastrería Langa, no duda en elevar este complemento a categoría de joya masculina. Acostumbrado a esculpir sobre el cuerpo masculino, sabe cómo lograr con un tejido o una simple doblez el aire dinámico, elegante o informal (y siempre perfecto) que le gusta a cada cliente. «El hombre está reivindicando con fuerza su presencia y esto tiene que ver con un repunte del buen vestir en el hombre, nunca con ideologías o modas». Clara Ortí, socióloga y diseñadora de moda, lo define como el broche final y uno de los pocos elementos del vestuario masculino que le permiten definir su estilo. «Blanco y doblado en recto es una apuesta segura, sobre todo para los políticos, que, como Emmanuelle Macron, necesitan dar una imagen muy cuidada. Los colores y estampados son los elegidos por personas idealistas, imaginativas e intuitivas. Es cierto que el atuendo forma parte de su discurso, pero se juega más con la corbata. Los socialistas se la quitaron en la Transición como intento de cercanía. Rivera la usa cuando necesita expresar coherencia y formalidad. El pañuelo en la chaqueta, sin embargo, es más un elemento de delicadeza y sofisticación». Hoy, según la socióloga, el gusto por lo clásico, el toque de modernidad o la tendencia a arriesgar dependen más del carácter y el contexto que de la ideología.

La pana de Felipe González

Atrás quedaron los días de cambio en los que el cuello vuelto de cachemir de Suárez significaba una declaración de intenciones. Igual que la pana de la izquierda de Felipe González o los jerséis de lana de Camacho que le cosía su esposa. Ahora se cuidan más detalles como que el tono del pañuelo pueda salvar a un político o a un presentador de acabar empastado en los colores del fondo. En países como Francia o Reino Unido, este accesorio siempre ha estado presente.

En España hace unas décadas empezó a entrar en declive, pero los diseñadores no tardaron en rescatarlo para sus colecciones. «Realmente, nunca han dejado de ocupar el puesto de honor en los códigos de la elegancia y la exquisitez del gentleman», acentúa Orozco. Aun así, puede que algún gurú de la moda aplauda la ocurrencia de Rosa María Mateo. Lorenzo Caprile nunca se lo pondría. «Cuando veo a alguien con el pañuelo asomando, pienso que ya no tiene arreglo». Lo que sí podemos sentenciar es que ha sido un falso réquiem. Que lejos de morir, el pañuelo se renueva y que aquí no hay más cadáveres que los de los exquisitos galanes de cine Fred Astaire, Cary Grant o Gary Cooper que tan magistral lección dejaron en esto de llevarlo junto a la solapa. Si este adorno abre un camino a la imaginación plantando cara a la severidad del traje, ¿por qué empeñarnos ahora en hombres constreñidos? Quizá hoy, a causa de tanto júbilo entre telas, a la ex presentadora venida a política le estén zumbando los oídos, pero nos sigue quedando la duda de por qué le incomoda tanto la presencia de tan adorable prenda.

Sincronía coral

El pañuelo es toda una declaración de intenciones que refleja siempre la personalidad y el carácter de quien lo lleva. Todas las formas son acertadas, pero mi afán por las líneas limpias y precisas me lleva a decantarme por llevarlo con un único pico. De esta manera, aporta carácter sin focalizar toda la atención. No obstante, depende más de gustos que de otras cosas. La colocación siempre es la misma, sobresaliendo varios centímetros sobre el bolsillo superior de la americana. La clave surge a la hora de doblarlo e introducirlo. Ahí es donde se puede jugar con el tejido y la forma para dar una personalidad al «look». Yo prefiero los pañuelos de seda con estampados, pero no muy llamativos. Debemos buscar la sintonía con la tonalidad del resto de las prendas. En cuanto a combinación, no hay una regla fija. Puede llevarse con o sin corbata, con vaqueros o con traje, lo importante es la sincronía coral con las demás prendas. Por Moisés Nieto.