Gloria Camila critica la boda de su padre

Ortega Cano y Ana María Aldón celebraron ayer en Sanlúcar su fiesta de boda tras el enlace civil, a la que Rocío Carrasco no acudió.

Ortega Cano y Ana María Aldón celebraron ayer en Sanlúcar su fiesta de boda tras el enlace civil, a la que Rocío Carrasco no acudió.

La segunda de José Ortega Cano fue la boda de los pamelones porque así lo pedían y exigían los cuarenta grados al sol. Mientras las famosas hacían equilibrios, Sanlúcar relucía en la multicolor y mozárabe Finca el Maestre, que cobijó el banquete. Fue buena oportunidad para repasar las modas, estilos y formas de ponerse el sombrero, que siempre ha de ser de paja y llevar cintas y flores. Lució perfecto sobre María Ángeles Grajal, muy deportiva, igual que Gloria Camila, que acudió con su sobrina Rocío Flores y con su novio Kiko y provocó algún patatús. Pero el verdadero impacto lo causó José María, el pequeño hijo de los contrayentes, que cuando intentaron ponerle pajarita sobre el traje exigió lucir corbata. Podría ser una niñería, pero con cinco años ya es presumido y exigente con la estética porque el «look» general tiraba a lo barroco, Lo eran los enormes y coloridos pendientes que Gloria Camila hizo resaltar con su traje verde botella, igual que sobresalieron Abellán y Ostos representando dos épocas de la fiesta nacional. También sorprendió mucho la presencia de Antonio David Flores, casi tanto como la ausencia de José Fernando, al que no dieron permiso hospitalario, lo que hizo mal pensar en que no está muy allá de salud.

La novia, Ana María Aldón, lució dos trajes, uno para el «sí, quiero» y otro para soltarse el pelo, y no es metafórico, a la hora del baile, para el que se enfundó un vestido rosa de aire más flamenco. Eso no chocó tanto como ver que Ortega Cano también cambiaba de traje, algo infrecuente en los novios. Ignoro si Gloria Camila conocía todos los detalles de la boda paterna cuando hace dos noches animó en Sevilla el reparto de los premios de la revista «Escaparate», quienes le abonaron los 200 euros de ida y vuelta en tren y el hotel. «No nos cobró nada mas», reconocieron. Echó el resto y destacó por encima de tanta celebrity patria que iba desde una adelgazada Norma Duval a la siempre cálida María del Monte. La hija de su padre se plantó un modelo hasta los pies de enorme escote triangular impropio de su edad, del que incontenibles se escapaban los pechos como dos hinchados balones. Muchos de los allí presentes repetían ceremonia y evocaban aquella otra del torero y la chipionera con la que se inauguró la ermita que tenían en Yerbabuena, donde también se casó Rociíto, que como se esperaba no se digno ayer a ir a la boda.

Retoques estéticos

Era leitmotiv, igual que las operaciones de estética facial, para remarcar labios y atenuar arrugas con el tratamiento «Harmony», que se han hecho Ortega y Ana María justo antes de que el pasado miércoles se dieran el «sí, quiero» ante un notario zaragozano que se hizo íntimo de la pareja cuando el diestro fue encarcelado por homicidio involuntario y pasó un año en la cárcel. Gloria Camila comentó que estaría en la boda porque se trata de su padre, pero añadió que le disgusta mucho esta unión a destiempo. Con dos más en la familia disminuirá la herencia a percibir. Ahí le duele. Como a la Prensa la exclusiva marginadora de este «sí, quiero». Rocío Jurado era otra cosa.