Príncipe de Venecia y rey del papel couché

Clotilde Courau y Filiberto de Saboya en «Mira quién baila»

Manuel Filiberto de Saboya es un príncipe atípico: sin corona, pero con fama y fortuna. Guapo, educado y mediático, así es el bisnieto de los últimos reyes de Italia, Víctor Manuel III y Elena de Saboya. Si bien estos últimos días el príncipe ha sido el centro de atención de la opinión pública italiana por mostrar su inconformidad sobre el lugar elegido para enterrar a sus bisabuelos, no es la primera vez que Filiberto acapara el foco mediático. Una larga experiencia en programas del corazón y entretenimiento hace que actualmente se haya convertido en uno de los miembros más conocidos y polémicos de la realeza europea.

Nació en Ginebra y ostenta el título de príncipe de Venecia y de Piamonte y en línea sucesoria sería el heredero de la corona italiana. Sin embargo, las múltiples apariciones en programas de cotilleo en el país transalpino y las portadas que ha protagonizado en las revistas del corazón han hecho que la figura de este príncipe sin corona esté más vinculada a sus escándalos y excentricidades que a la línea sucesoria a un trono, que dicho sea de paso, es inexistente en Italia. Pocos son los secretos que quedan por conocerse de la vida de Su Alteza Real. Como él mismo ha declarado, a muy corta edad tuvo problemas con las drogas, se declara «filogay» (una persona heterosexual, pero amante de lo homosexual) y es muy amigo de Alberto de Mónaco y del polémico Lapo Elkann, heredero del imperio FIAT. Casado desde hace quince años con la actriz francesa Clotilde Courau, mantienen una relación estable a pesar de haber protagonizado alguna que otra polémica, en forma de portada, que acusaba al heredero de ser infiel. Los años han demostrado, sin embargo, que forman un tándem mediático perfecto; cuando no sale a la palestra él, lo hace ella. Manuel Filiberto es padre de dos hijas, Victoria, de 14 años, y Luisa, de 11.

Infinidad de proyectos

El «joven príncipe» –como le gusta que le llamen– es asiduo invitado en la pequeña pantalla porque, según él, «siento la necesidad de darme a conocer a los italianos» y mantiene un activo perfil en sus redes sociales, donde comparte casi a diario su vida y sus pasiones, como la moda y la fotografía. Se considera a sí mismo una persona inquieta. Quizá por eso, en sus 45 años ha emprendido infinidad de proyectos que, en ocasiones, ha ido dejando por el camino: fue consultor financiero, ha creado una línea de ropa, tiene una productora de cine, ha protagonizado programas de comida, coqueteó con el mundo de la política presentándose a unas elecciones y, en su último proyecto, recorrió las calles de California montado en un «food truck» (furgón-restaurante) donde ofrecía platos italianos a precios accesibles. De forma paralela a sus negocios, el «último príncipe de Italia» también ha sabido explotar su propia imagen.