Política

Andalucía marcará el ritmo

El nuevo PP es el que más se juega en un feudo fundamental para aspirar a La Moncloa. Rivera confía en su segundo asalto al poder popular mientras Susana Díaz se enfrenta a la amenaza de una victoria que no le permita gobernar y afecte al calendario de las generales.

El nuevo PP es el que más se juega en un feudo fundamental para aspirar a La Moncloa. Rivera confía en su segundo asalto al poder popular mientras Susana Díaz se enfrenta a la amenaza de una victoria que no le permita gobernar y afecte al calendario de las generales.

Las elecciones andaluzas son el primer termómetro de la política nacional tras la moción de censura que obligó a todos los partidos a recomponer su estrategia. El 2 de diciembre se examinan también Pablo Casado, Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, probablemente por este orden de acuerdo con sus situaciones internas y las expectativas generadas. Estos comicios tendrán consecuencias a nivel nacional en las principales formaciones respecto a sus fuerzas para afrontar las elecciones autonómicas y municipales de mayo. Afectarán al estado de ánimo de cada electorado y de los partidos, y pueden ser un importante elemento de presión sobre el plan de acción de cada uno ante ese examen que decidirá el futuro inquilino de La Moncloa. Incluso pueden interferir en el calendario electoral.

PP: pánico al «sorpasso»

El nuevo PP es probablemente el que más se juega en Andalucía. La dirección popular está todavía en proceso de construcción de su mensaje y del proyecto que da forma a la renovación que representa Pablo Casado. Hay muchos nervios entre cargos territoriales, mucha tensión electoral, dudas sobre si al PP le interesa aparecer más a la derecha o más en el centro y una extendida preocupación respecto a lo que puede estar por salir del «pasado», de Bárcenas, de la gestión de la corrupción por parte del Gobierno de Rajoy o de las grabaciones del ex comisario José Villarejo. A Génova llegó el nuevo equipo sin tiempo para revisar la estructura electoral del PP andaluz. Pero aún con tiempo, está por ver si la decisión hubiera sido cambiar o mantener la herencia recibida, porque uno de los grandes problemas que tiene el PP ante esta nueva etapa es la debilidad de la estructura territorial que quedó arrasada en los comicios de 2015 y que no ha sido recompuesta durante la última etapa de gestión de Rajoy. No tienen banquillo y los «pesos fuertes», los veteranos que vienen del pasado, están todos «quemados», analizan desde Génova.

Si Ciudadanos (Cs) se queda por delante en las elecciones andaluzas, el golpe puede ser casi «irreversible» para el PP. La organización entraría en depresión profunda, el electorado aumentaría su desconfianza y la nueva dirección vería recortado su margen para arriesgar en la puesta en escena de la ruptura con la etapa anterior. No obstante, realmente en los cálculos populares no entra en juego esta hipótesis. No es sólo postureo de partido, sino que su análisis interno, sobre la base de las cifras que manejan y del tanteo del terreno andaluz, les confirma que quedarán por delante de la formación naranja. La pregunta es por cuánto. En el partido son pesimistas sobre los resultados, aunque se agarran al consuelo de que como las expectativas son tan malas, con un resultado medio razonable pues incluso les puede ir bien. La distancia entre la salvación y el desastre puede ser un puñado de escaños o los votos que pudieran irse a Vox. El PP tiene que hacer un difícil equilibrio entre el voto por el centro que le disputa Ciudadanos y el de la derecha más a la derecha que busca la formación de Santiago Abascal. La ansiedad en el PP es proporcional a las expectativas con las que trabajan en Ciudadanos. Aunque esas altas expectativas pueden jugar en su contra si el resultado, aun siendo bueno, no alcanza las previsiones que les sitúan, según la encuesta preelectoral del CIS, en empate casi técnico con el PP y con Podemos.

CS: preso de las expectativas

En la actualidad el PSOE tiene 47 escaños en el Parlamento andaluz; el PP, 33; Podemos, 15, y Ciudadanos, 8. Para alcanzar ese empate, Cs tiene que multiplicar exponencialmente sus apoyos en una comunidad donde el voto menos urbano tiene un peso muy importante, justo el ámbito en el que la formación naranja es todavía menos fuerte. De la misma manera que el PP ha decidido tirar de su nueva dirección nacional, Ciudadanos ha optado por reforzar el perfil de su candidato Juan Marín con la fuerza electoral de Inés Arrimadas y el propio Rivera. Atendiendo a la encuesta del CIS, Ciudadanos es el partido que tendría más espacio de crecimiento en la campaña, puesto que aparece en cabeza como segunda fuerza a elegir por los andaluces en el caso de que finalmente no votaran a su primera opción. Todo está medido al milímetro. La candidata socialista, Susana Díaz, y su homólogo en el PP, Juan Manuel Moreno, han eliminado las siglas nacionales de su partido. Y los de Ciudadanos llevan los colores de UCD, lo que abre la interpretación de que sea un guiño para los mayores de 55 años, los potenciales votantes del PP y antes de UCD.

Rivera se plantea estas elecciones como su segundo asalto al PP. El primero fue en Cataluña, era otro contexto y el voto útil jugó de manera determinante a su favor. Pero ningún partido que aspire a gobernar La Moncloa tiene serias posibilidades de conseguirlo si está fuera de juego en dos de los feudos que más escaños aportan al Congreso de los Diputados: el andaluz y el catalán. Todos los partidos afrontan esta campaña tomando como primera hipótesis de trabajo la victoria de Susana Díaz, pero no que vaya a tener fácil gobernar. Lo previsible es que el PSOE sume con Podemos y con Ciudadanos, pero también es muy posible que ninguno de los dos acepte pactar sin cobrarse la cabeza de la que ha sido presidenta de la Junta en esta última etapa. Como también es difícil que pueda haber una coalición alternativa, ninguna encuesta ha anticipado hasta ahora un posible gobierno del centro derecha, entonces puede que la situación se convierta en una olla a presión contra el PSOE: o cambio de candidato o se repiten las elecciones. Susana Díaz tiene la intención de resistir, y si no le queda otra, ir, si acaso, a repetición electoral antes de entregar su cabeza. ¿Junto a generales anticipadas? Es otro de los interrogantes que están sobre la mesa a la espera de que hablen las urnas.

La candidata socialista andaluza ha optado por una campaña que marca distancias claras con el PSOE de Pedro Sánchez, con el PSOE del pacto con Podemos y con los independentistas, a pesar de que se puede encontrar en la situación de que sólo tenga al alcance para resistir en la Junta los escaños de Adelante Andalucía, la marca regional de Podemos.

La misma competición que existe en el bloque del centro derecha existe en la izquierda, y Teresa Rodríguez, el «alter ego» de Susana Díaz por su flanco izquierdo, se ha comprometido a no pactar jamás con el PSOE si su interlocutora es la actual candidata socialista.

Pedro Sánchez, aliado por obligación y necesidad de Susana Díaz, confía en el hundimiento del PP en Andalucía y en que esto, a su vez, ayude a reforzar a su partido. Éste es el mensaje que difunde Ferraz apelando a sus datos, en oposición con las cifras que aseguran manejar en Génova. De hecho, todos los partidos sostienen que aguantarán, pero alguien, sin duda, debe errar en sus predicciones para que el círculo cuadre.

Presupuestos y procés

Las andaluzas van a celebrarse justo en el momento en el que Podemos ha dado su aviso más contundente al Gobierno de Sánchez desde la moción de censura. En medio del idilio que hasta ahora las dos partes han representado en el Congreso y fuera de él, Pablo Iglesias ha sentenciado que si no hay Presupuestos, como también las dos partes saben que no va a haber, entonces lo sensato es moción de confianza y generales antes de las autonómicas y municipales. Un torpedo justo en el arranque de la campaña andaluza, aunque no haya sinergias compartidas en la práctica entre la dirección central de Podemos y su teórica marca en Andalucía.

Desde Moncloa se pregona la tesis apuntada por el CIS de Tezanos esta semana, que el 2 de diciembre el PP tendrá un resultado desastroso. Pero por debajo de las consignas interesadas, Sánchez, Díaz y el PSOE también tienen mucho que perder en un momento en el que en la política nacional ha quedado desenmascarado el espejismo de que el Gobierno podía recuperar a sus socios independentistas de la moción de censura para aprobar los Presupuestos «sociales» que demanda su electorado de izquierdas. El emperador se queda «desnudo» en su debilidad parlamentaria cuando se va a abrir el «fuego» del juicio del «procés» y bajo la amenaza de que Podemos tienda a recuperar la hostilidad natural hacia su principal adversario político a medida que huela cada vez más a elecciones.