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Avispas y avispones

«En el arte de clavar el aguijón reside la principal diferencia entre ambas especies»

  • Avispas y avispones
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Sevilla.

Tiempo de lectura 2 min.

30 de agosto de 2018. 20:47h

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Lucas Haurie Sevilla. 31/8/2018

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Las avispas son probablemente los insectos más incomprendidos del verano. La cuestión no puede ser más injusta. Como le ocurre al resto de los seres vivos, la programación genética llama a las avispas a nacer, alimentarse y morir, ya sea cuando les llegue naturalmente la hora o en el momento en que algún despiadado le suelta el golpe fatal de la chancla. Ése es el resumen de la vida de este tipo de himenópteros, no tan diferente, por otro lado, a la de cualquier bicho, cuyo ciclo vital se reduce al mismo nacer, comer y morir que las avispas. Estos insectos han quedado históricamente estigmatizados igual que un cierto tipo de veraneantes. Y, al cabo, ambos especímenes persiguen lo mismo en el estío: engullir hasta hartarse antes de que arrecie el invierno y aguijonear a quien se ponga a tiro. En el arte de clavar el aguijón, ciertamente, reside la principal diferencia entre ambas especies. Si una pica mayormente en legítima defensa, el otro lo hace principalmente porque el aburrimiento se acentúa con estas calorinas. He ahí lo que distingue al ser racional del insecto más temido. En los antiguos tratados de guerra, las avispas eran un arma principal. Antes de que perfeccionaran las ciencias balísticas, la artillería usaba como obuses de las catapultas a comunidades de estos insectos para hacer sucumbir la moral de pueblos asediados detrás de una muralla. También fue una estrategia común en las batallas navales. El picotazo fue en su momento, gracias al discurrir de los sabios de la tribu, un arma de alta tecnología, como en los tiempos actuales se convierten en armas de destrucción masiva los turistas. Se desconoce qué taimados han perpetrado el plan, pero les ha salido de maravilla.

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