Entre «el primer discurso del siglo XXI» y el tabú de los ERE

La Razón
La RazónLa Razón

Al terminar los setenta minutos de oratoria en el Parlamento comenzó el clásico reguero de reacciones. En los pasillos, la misma impresión entre socialistas y comunistas que el día del pregón de Semana Santa: loas a la candidata a presidenta. Lo esperado, sin comentarios siquiera sobre la futura composición del Gobierno. Empezando por José Antonio Griñán, entre los socialistas todo fueron flores. El presidente saliente dijo sentirse «orgulloso» de su heredera y destacó la «sensibilidad» que caracterizó el mensaje. Un contenido «valiente», según Mario Jiménez, «sin prejuicio ni resignación», destando el doble significado: el cambio generacional y de género.

Díaz estuvo respaldada por la vicesecretaria general del PSOE, Elena Valenciano, quien se atrevió a decir que había escuchado «el primer discurso del siglo XXI», por su compromiso con la «modernidad» y por su alto conocimiento de Andalucía: «Un discurso contra la resignación, a favor de la esperanza, desde el rigor y sin engañarse».

La lectura siguió siendo amable por parte de IU, pero no exenta de algún reproche. El coordinador general, Antonio Maíllo, celebró el discurso de la «implacabilidad y de la radicalidad democrática» contra la corrupción, así como la transparencia en la gestión pública, pero echó en falta una referencia a la «tasa de grandes superficies» que defiente su partido e incorporado al debate de los Presupuestos 2014. «Desde el sur de España tenemos que decir que no hay salida si no se abordan los ingresos de progresividad» para que se pide más «a los que más tienen».

Una visión totalmente opuesta tenían en el PP-A. Carlos Rojas recriminó a Díaz haber «escondido» en su discurso, «demagógico» y lleno de «palabras vacías», el «monumental fraude de los ERE», así como las «políticas radicales» que conlleva la renovación del pacto con Izquierda Unida. El portavoz del Grupo Popular afirmó estar «francamente decepcionado» porque a la postre le habían recordado los mensajes de «Griñán y Zapatero». Un reflejo de un Gobierno «débil» que no ofrece propuestas concretas y «pretende atajar la corrupción» evitando hablar de «un fraude sin precedentes en la historia de la comunidad como el de los ERE». La condena de los asaltos del SAT y la reforma «prioritaria» de la administración paralela fueron algunos aspectos obviados que a juicio de los populares debieron ser abordados.

Entre las voces críticas surgió el Partido Andalucista. Su secretario general, Antonio Jesús Ruiz, retó a Díaz a «cumplir lo prometido» y a ser «implacable contra la corrupción empezando por su partido, el PSOE-A».

Empresarios y sindicatos dejan abierta una puerta a la esperanza, aunque sin demasiado convenimiento. Más allá de la devaluación política actual, para los andaluces el gran problema, por encima de todos, sigue siendo el paro. Y en las posibles soluciones aparecen muchas dudas.