Política

La izquierda y la monarquía

El líder de Podemos, Pablo Iglesias / Foto: La Razón
El líder de Podemos, Pablo Iglesias / Foto: La Razón

Escribía en el artículo de ayer la que para mí fue una desacertada contestación de la Infanta de España doña Pilar, a la pregunta de un medio sobre el futuro enterramiento del dictador Franco. Por cierto, Carmen Franco, en el libro de Preston sobre su padre, declaraba que a éste no le parecía ofensivo que le llamaran dictador, todo lo contrario. En el programa del sábado «La Sexta Noche», que tenía de invitado al líder de Podemos, Pablo Iglesias, le pusieron las imágenes de la Infanta, sobre el citado tema. Esto sirvió para que Iglesias lanzara una soflama contra la monarquía, afirmando que doña Pilar era franquista. Como siempre, el populismo vende muy bien sus mentiras. Además, para no equivocarse, Pablo es un virtuoso en esas tareas. No pretendo que lo que voy a exponer lo lea este pretendido líder popular, pero sí pretendo que los lectores que me lean recuerden que la Familia Real española estuvo en el exilio desde abril de 1931. Por tanto, doña Pilar, primogénita del matrimonio de don Juan y doña María, entonces herederos de la Corona, nació en Roma. Cuando llegó la victoria, que no la paz, la Familia Real estuvo en el exilio, como le pasó a cientos de miles de españoles. Por tanto, poco afecto le podían tener a Franco. Quisiera recordar lo que en sus memorias tituladas «María la Brava» la Condesa de Barcelona, afirmaba que nunca podría perdonar al dictador, que cuando murió su padre, el infante don Carlos, en Sevilla, no la autorizara a entrar en España y no haberse podido despedir del mismo, asistiendo a su entierro. Salvo en contadas ocasiones, con motivos del bautizo de los tres nietos, Elena, Cristina y Felipe, don Juan y doña María no pudieron tener sus derechos como españoles, a residir en su tierra hasta que su hijo fue Rey. En estos más de cuarenta años, gracias a la Transición que culminó en la Constitución, todo ello liderado por la monarquía, es el único periodo de la historia de España donde nadie padece exilio. Sólo existen presuntos delincuentes huidos de la justicia.