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Los topos

Sánchez una vez más se ha pasado de frenada, por no decir de listo, con lo del reentierro de Franco en Mingorrubio. La intención era desgajar de la democracia la figura del dictador y lo ha puesto en el centro del debate político ante las elecciones del 10-N. Sánchez, por explicarlo, ha logrado ser más franquista que Franco. En lugar de propuestas para mejorar la situación de los españoles, estos, como si no hubiera pasado el tiempo vuelven sobre la actualidad de la dictadura con la misma pasión que en 1975 y sobre los temás de entonces. No sólo se ha dado un tiro en el pie, sino que además ha tirado por tierra doblemente el legado del PSOE, el partido que no sacó a Franco del Valle de los Caídos cuando era plenipotenciario y el partido que acabó con el franquismo, pero de verdad, al meternos en Europa al mismo nivel que el resto de grandes democracias. Felipe González paseando con François Mitterrand, tratándose de tú a tú, enterró aún más la dictadura que el reciente show fúnebre. Más política ficción, más política de gestos. En éstas, sacando a Franco y al franquismo a la luz, también han vuelto los topos, en este caso, más numerosos que los viejos republicanos que salieron a la luz cuando llegó la democracia. Los topos de hoy, los de Sánchez y Susana Díaz, los últimos que han destapado en las alfombras de San Telmo, son un millón de vacunados fantasma que llevaban escondidos desde 2012 y que forman ya parte de la galería de engaños ilustres del PSOE-A junto con las solicitudes para la dependencia y las listas de espera del SAS alteradas. Nadie supo de ellos en casi 40 años, pura ley del silencio, pura dictadura del mismo partido que hoy tiene de líder a Pedro Sánchez.

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