Opinión

Mercadillo navideño

Después de las sorpresas, de las angustias políticas, de las durísimas negociaciones que se avecinan, la Navidad serenará todo. Espero que ante tantas luminarias nuestros representantes encuentren la suficiente luz para que conformen un gobierno que se ocupe de todos los problemas que aquejan a los andaluces, que para eso los han votado. Así que yo me voy a desahogar y os voy a contar curiosidades que he visto en nuestra prensa. Empiezo con el fútbol, que como saben es algo que no me interesa demasiado. Veo la portada de As. En la misma aparece Modric con el balón de oro, que es el gran premio individual para los futbolistas. Todo resulta atípico. El Croata rompe diez años en los que se repartieron el citado trofeo dos estrellas del balompié, que también pertenecían a dos grandes clubes españoles. Cristiano y Messi se los repartieron a partes iguales, cinco cada uno. Pero es cierto que esta entrega ha perdido brillo, no en lo deportivo. Estupendo que un jugador que viene del frío de las guerras que asolaron a la antigua Yugoslavia logre llegar a tan altas cotas. Pero claro, Messi y Ronaldo son estrellas y rivales, por lo tanto había entre ellos una especie de odio. Algo como pasaba en el cine con Bette Davis y Joan Crawford. Para muestra de ser enemigas hasta la muerte les recuerdo una famosa anécdota. Había fallecido la temible Joan Carwford. Los periodistas acudieron al domicilio de Bette, para que dijese unas palabras sobre el fallecimiento de su eterna rival. La contestación ha quedado en la antología de las maldades: «No se deben decir cosas malas de los muertos, solo buenas... Joan Crawford ha muerto... Bien». Sin llegar a tanto, porque jóvenes deportistas no tienen la experiencia ni la cabeza tan dotada para el sarcasmo y la maldad, te pueden arrear deliberadamente en un partido una patada que te deje semanas en el banquillo, pero no una frase que te duela de por vida. Además, en esta gala futbolística siempre se esperaba cómo sería el esmoquin de Messi o con cuántos brillantes, entre el reloj, pulsera, gemelos y pendientes, llevaría el portugués. La alfombra roja ya no luce igual. Todo ha quedado en «solo» la entrega del balón de oro al mejor jugador del año. Hasta al fútbol llegan los cambios.

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