Sevilla

No todo es show

La Razón
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La actualidad, lo que algún semiólogo pretencioso llamó en su momento «la realidad», es un concepto inaprensible y de muy complicada definición. Sin embargo, cuenta a veces con cualidades propias de los materiales como la viscosidad y la hediondez. Así, el recién comenzado juicio contra los cinco vecinos de Sevilla acusados de perpetrar una violación grupal en las fiestas patronales de Pamplona, un caso en el que indiciariamente se dan todas las circunstancias para una condena rotunda pero que los medios de comunicación tratan como una competición deportiva que es necesario equilibrar para que no pierda interés. La única duda sobre quienes se autodenominaban «la manada» es si quedará acreditada judicialmente su condición de violadores y ahí sólo resta desear que al fiscal y a la acusación particular los ilumine San Raimundo de Peñafort, patrón de juristas, en sus demostraciones ante el tribunal. Desde el resto de los puntos de vista, los tipos son lo que son: no toda la basura está certificada por un juez. Pero nuestras asquerosas televisoras, y todos detrás de ellas, han universalizado el modelo binario como base del espectáculo y este reduccionismo de la vida a dos extremos enconados lo mismo sirve para una gritería del corazón que para el análisis de una reforma de la fiscalidad: cada ponente escupe sobre el oponente, jaleados ambos por su respectiva jauría de hooligans. Y no falta en ningún plató quien mancha a la víctima con miserables insinuaciones por una cuestión de paisanaje con sus agresores o por simpatía hacia el club de fútbol de que son ultras o simplemente por necesidades del guión. «Prefiero follarnos a una gorda entre los cinco que a un pepino de tía yo solo». No sé si se necesitan más elementos para formarse una opinión.