Cataluña

El Lorca de Ferris

He perdido la cuenta sobre el número de antologías poéticas que se han dedicado a la obra de Federico García Lorca. En su mayoría todas transitan por lugares comunes, por mismos versos convirtiendo el libro en una suerte de grandes éxitos del poeta granadino. Solamente recordaba hasta ahora una excepción como son los dos volúmenes de aproximación a la producción lorquiana y que realizó hace años Eutimio Martín, uno de los grandes maestros en la materia.

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Pero siempre puede existir alguna excepción. El mítico sello Austral acaba de publicar una antología poética de Lorca, bajo el cuidado de José Luis Ferris. Les diré que no conozco personalmente a Ferris salvo por algún mensaje cruzado por redes sociales y una entrevista telefónica que le hice hace algún tiempo. Sí lo conozco por sus libros, por los que he leído, como su monumental biografía de Miguel Hernández, tan desmitificadora e iluminadora, lejos del fanatismo que ha perseguido al mito de Orihuela. Pero sobre todo se ha ocupado de las mujeres del 27 cuando nadie lo hacía, contando sus vidas y sus silencios, sus obras y sus deseos cumplidos o frustrados. Eso es lo que ha hecho al contarnos la trayectoria humana y vital de Maruja Mallo, Carmen Conde y, especialmente, María Teresa León, la poeta y sufrida compañera de Rafael Alberti.

Así que con este bagaje tras de sí, no era raro que esperara con interés su aproximación a la poesía lorquiana. El resultado es una concienzuda invitación a pasear por uno de los caminos más fascinantes de la literatura española del siglo pasado. Porque, además de textos del «Romancero gitano», «Poeta en Nueva York» o «Sonetos del amor oscuro», Ferris le entrega al lector herramientas con las que resulta algo más fácil la comprensión de un poeta que tiene la virtud de conectar con todos. Es un material que debería ser de gran ayuda a los amantes de la poesía, de esta poesía.

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