Cataluña

En busca de la Barcelona literaria

El ayuntamiento presenta un mapa donde encontrar los rincones más novelescos de la ciudad

El ayuntamiento presenta un mapa donde encontrar los rincones más novelescos de la ciudad

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Si se confundieran los tiempos y viviésemos a la vez todas las épocas de la historia, seguro que nos encontraríamos a Hans Christian Andersen vivir asustado la inundación de las Ramblas, mientras unos enamorados Silvia Plath y Ted Hughes se pasean por el Raval y otros enamorados, George Sand y Frederic Chopin, intentan demostrar que ellos se quieren más. Justo en ese momento, Flannery O'Connor mira atolondrada el vuelo de las golondrinas y Jean Genet roba a unos despistados turistas. Cervantes está en ese momento pensando, «¿quién le corta el pelo a ese marinero?», mientras Tennesse Williams mira por la ventana de su habitación de hotel del paseo Colón borracho y melancólico pensando en que nunca será de esos hombres que cazan ciervos. «Payaso», grita George Orwell y Gabriel García Márquez se gira, pero no se refiere a él. «¿Es a mí?», pregunta Mario Vargas Llosa, pero no, George Orwell sólo se estaba riendo de Gaudí.

Barcelona no es una ciudad literaria, es un género en sí mismo, una ficción autónoma de tanta fuerza que atrae a todo tipo de escritores. Sus calles no encierra historias, sino que son historias que se han hecho calles para que las gentes las puedan transitar. ¿Alguien quiere caminar por una novela? Pues Barcelona es su ciudad, sin duda. Julio Cortázar lo sabía, y Roberto Bolaño también. Y Rubén Darío, y Josep Pla y Ana María Matute y Antonio Machado y la lista es tan larga que alguien haría bien en ordenarla.

Por ello, el Ayuntamiento acaba de presentar su «Mapa literario de Barcelona», un callejero que recoge y señala los más significativos detalles novelescos de la ciudad, desde donde vivieron grandes autores a dónde comían, bebía, bailaban, leían o escribían, pasando por dónde encontrar sus librerías y bibliotecas. Confeccionado por los periodistas Víctor Fernández y Joan Safont, bajo la coordinación de Marina Espasa, el mapa es una iniciativa de Barcelona Ciutat de la Literatura de la Unesco y se puede adquirir de forma gratuita en la red de bibliotecas públicas de la ciudad. Imprescindible moverse por las calles que uno ha caminado millones de veces y descubrir que allí también estuvoPere Calders o Santiago Rusiñol o Montserrat Roig.

Si bajamos por las Ramblas, por ejemplo, avenida de la que Lorca escribió: «la calle más alegre del mundo, la calle donde viven juntas a la vez las cuatro estaciones del año, la única calle de la tierra que yo desearía que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros, antigua de sangre», pues nos encontraremos, en la calle Tallers, a la coctelería Boadas, la bautizada como la más antigua de Europa, en cuyas mesas se han sentado de Josep Maria de Segarra al mismísimo Eduardo Mendoza.

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Un poco más abajo, en la Reial Acadèmia de Ciències i Arts, nos encontraríamos en el mayo de 1937 a un George Orwell haciendo guardia en el tejado, leyendo libros y pensando en el argumento para «1984», como bien explica el mapa. Y a un paso, en el Hotel 1898, estaba la Compañía General de Tabacos de Filipinas, donde tenía su despacho el siempre insatisfecho Jaime Gil de Biedma, sobrino del dueño.

De Fundaciones a teatros

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El mapa pone el foco, sobre todo, en espacios literarios como el Ateneu Barcelonès, punto de encuentro de intelectuales como Ângels Guimerà, Joan Maragall o Pompeu Fabra; o el Palau Moja, donde vivió Jacint Verdaguer. También se señalan fundaciones de escritores como las de Joan Brossa o Mercè Rodorera. Y, por supuesto, se halba de los teatros de la ciudad y se hace una rápida referencia a los cementerios. En Montjuïc, por ejemplo, están enterrados Josep Carner o Montserrat Roig. O el de Poblenou, con Narcís Oller, Serafí Pitarra o Lola Anglada.

Aunque el apartado más curioso es el de bares, restaurantes y hoteles, de espacios míticos como «Els quatre Gats» ala famosa pastelería del poeta J.V. Foix. Cualquier amante de las letras comprobará la paradoja que es posible perderse en un mapa con esta pequeña maravilla.