Literatura

«En Marcel Proust»

Un libro recoge los muchos y variados vínculos existentes entre la cultura catalana y el célebre autor del ciclo novelístico. «En busca del tiempo perdido».

El muy conocido retrato de Marcel Proust realizado  por el pintor Jacques Emile Blanche
El muy conocido retrato de Marcel Proust realizado por el pintor Jacques Emile Blanche

Un libro recoge los muchos y variados vínculos existentes entre la cultura catalana y el célebre autor del ciclo novelístico

«En busca del tiempo perdido».

Probablemente sea Proust, junto con Kafka y James Joyce, el gran renovador de la literatura en las primeras décadas del siglo pasada. Su huella sigue siendo profunda y cada vez es mayor el número de seguidores del responsable del ciclo novelístico «En busca del tiempo perdido». Buena prueba de ello es un libro que se presentó esta semana en Barcelona. Coordinado por Xavier Pla, «Proust a Catalunya», editado por Arcàdia, reúne una serie de textos de especialistas o, mejor dicho, lectores de Proust y su conocimiento en Cataluña. Son las ponencias del certamen que se dedicó al escritor francés en la Universitat de Girona el pasado año bajo el título «Proust a Catalunya. Experiències de lectura (Lectors, crítics, traductors i detractors de la “Recherche”)».

Además del propio Xavier Pla, en el volumen podemos encontrar textos de Amadeu Cuito, Valèria Gaillard, Pere Gimferrer, Antoni Martí Monterde, Pere Rosselló, Vicent Santamaria o Lluís M. Todó, entre muchos otros.

Todo apunta que dos catalanes pudieron tratar personalmente a Proust. Fueron dos pintores tan dispares como interesantes: Santiago Rusiñol y Josep Maria Sert. Naturalmente el escenario fue París, a principios del siglo XX, cuando el escritor no era aún conocido por el gran público. El primero no dejó constancia escrita de esos encuentros, mientras que del segundo hay mención en el epistolario del narrador. Cabe decir que al autor de estas líneas le dijo el pintor Joan Abelló que otro hombre de arte, Carles Pellicer, llegó a coincidir con Marcel Proust, aunque de manera esporádica.

El volumen nos sirve también para fijar la llegada de «À la recherche du temps perdu» a Barcelona, de la mano del doctor Joaquim Borralleras en los salones del Ateneu de la calle Canuda. Xavier Pla recuerda que en las páginas de «La Publicidad», el 12 de diciembre de 1919 se podía leer que «en Cataluña, quienes se fijaron por primera vez en Proust fueron Pere Ynglada y Alejandro Plana. Ahora es bastante conocido».

Una de las aportaciones más interesantes de este «Proust a Catalunya» nos la proporciona el académico Pere Gimferrer quien en no pocas ocasiones ha hecho público su entusiasmo por el autor francés. Gimferrer habla de su reencuentro con la colosal producción literaria del francés. «Qualsevol relectura sempre confirma que Proust tenia raó. Si ell hagués acabat el llibre, si no haguessin quedat molts fragments amb dues o tres versions alternatives, (...) hauria fet una obra potser més clarament ordenada, però no amb un propòsit ni amb un reeiximent diferents dels que va tenir. És a dir, Proust, retrobant-se, retroba un escriptor», afirma Gimferrer.

Otro punto importante en esta obra es el análisis de las traducciones que ha tenido la serie de «À la recherche du temps perdu» en catalán, especialmente a partir de la labor nada fácil que han tenido por delante Lluís M. Todó, Josep M. Pinto y Valèria Gaillard. Todo ello es, en definitiva, una invitación a leer a Proust.