«Es el momento de rescatar de la fosa común el cuerpo de Federico»

Sale a subasta parte de la biblioteca de Melchor Fernández Almagro, íntimo amigo de la Generación del 27, especialmente de García Lorca

Sale a subasta parte de la biblioteca de Melchor Fernández Almagro, íntimo amigo de la Generación del 27, especialmente de García Lorca

En agosto de 1957, el periodista granadino José Corral Maurell le dedicaba a su tío un ejemplar de un artículo que dedicaba a los veinte años del asesinato de Federico García Lorca. El receptor del ejemplar conocía esa historia por haber sido uno de los más íntimos amigos del autor de «Romancero gitano» o «Bodas de sangre». Era el académico e historiador Melchor Fernández Almagro y ahora una parte importante de su biblioteca se subasta en Soler y Llach de Barcelona el próximo 21 de noviembre.

Entre el puñado de ejemplares que se ofrecen al mejor postor, destaca la separata del texto de Corral Maurell, originalmente publicado en «Estratto Quaderni Ibero-Americani» en diciembre de 1956. En la larga dedicatoria, sobrino definía a Fernández almagro como «gran amigo de Federico García Lorca». Al periodista le indignaba el silencio alrededor del crimen hasta el punto que «quieren seguir “echando tierra” a la tumba de Federico» hecho que en el futuro «no hará otra cosa que engrandecer sus postura mística frente al mundo». Fernández Almagro leyó el artículo en el que Corral Maurell apuntaba que «van transcurridos veinte años desde la muerte del gran poeta a consecuencia de un error, de un accidente por todos lamentado. Es el momento de rescatar de la fosa común el cuerpo de Federico».

Quien fuera tan amigo y confidente del responsable de «Bodas de sangre» guardó siempre silencio sobre el asesinato de su amigo. A diferencia de otros compañeros de su generación, de la del 27, Fernández Almagro se quedó convirtiéndose en gobernador civil de Baleares durante quince días de abril de 1940. Lejos quedaba el joven que en la Granada de los años 20 había formado parte de la tertulia del Rinconcillo del Café de la Alameda. Era el grupo que pensaba en renovar las artes en la ciudad de la Alhambra y del que formaban parte Lorca, Manuel Ángeles Ortiz, Miguel Pizarro o Hermenegildo Lanz.

Algo de ese pasado se traslada en la cariñosa dedicatoria que Jorge Guillén le realizó desde Roma el 19 de octubre de 1959. Fue en un ejemplar de «Federico en persona. Semblanza y epistolario» donde el autor de «Cántico» recordaba su amistad con Lorca, además de incluir en no pocas páginas al mismo Fernández Almagro. «A Melchor –“Melchorito” en alguna de estas cartas– esperando la publicación de las suyas. Con todo el afecto de Jorge», escribe Guillén en el libro que también está en la subasta de Soler y Llach.

Lo que pensaba Fernández Almagro de la muerte de su amigo no trascendió, aunque es seguro que ese recuerdo le torturó. En la misma venta de Soler y Llach encontramos una edición de 1935 del «Romancero gitano». Entre sus páginas alguien escribió un poema manuscrito en homenaje a Lorca con versos como «Agitando con angustia/ en el aire sus dos brazos./ Preciosa viene corriendo/ sobre el verde mar del prado/ perseguida por su sombra/ que se retuerce de espanto:/ –¡Huye pronto Federico; /en Granada te están buscando,/ hartos de ir por tierra firme,/ dar el primer paso falso!». El largo poema está fechado el 7 de febrero de 1942 y no parece que su autor sea Melchor Fernández Almagro.

Fuera del ámbito lorquiano y procedente de la misma biblioteca son otros volúmenes interesantes. Probablemente la mayor joya a la venta sea la buscadísima primera edición de «Fervor de Buenos Aires», el libro de versos con el que se dio a conocer como poeta en 1923 un desconocido Jorge Luis Borges. La obra fue editada por el padre de Borges con una tirada limitadísima de 300 ejemplares. Fernández Almagro fue uno de los afortunados receptores de «Fervor de Buenos Aires», concretamente el 1 de octubre de 1923. Soler y Llach lo saca en venta con un precio de salida de 7.500 euros.

Otros títulos, algo más asequibles, son, por ejemplo, una separata de 1950 titulada «Caminos inciertos. La colmena» de Camilo José Cela y que puede considerarse como la preprimera edición de la novela clásica del autor gallego. «La colmena» no llegó a las librerías españolas hasta 1955 después de editarse en Argentina en 1951.También encontramos en Soler y Llach títulos de Guillermo de Torre, Agustín de Foxá o Gómez de la Serna que fueron leídos por Fernández Almagro, el hombre que tenía miedo a hablar del asesinato de Lorca.