Héctor G. Palmer: «La lucha contra el cáncer puede llevar a cronificar la enfermedad»

El investigador principal del Grupo de Células Madre y Células Cáncer de la Vall d'Hebron Instituto de Oncología habla sobre las novedades en este campo

Hay pacientes oncológicos que se muestran resistentes a los tratamientos y en algunos casos la enfermedad reaparece años e incluso décadas después de haber sido aparentemente erradicada.

Hay pacientes oncológicos que se muestran resistentes a los tratamientos y en algunos casos la enfermedad reaparece años e incluso décadas después de haber sido aparentemente erradicada. Ambos fenómenos estarían relacionados con las células tumorales durmientes, pero hasta el momento no se ha hallado un tratamiento eficaz para acabar con ellas. Ahora, un equipo del VHIO, con el apoyo de la Asociación Española contra el Cáncer, ha publicado en «The Journal of Clinical Investigation» un descubrimiento que arroja nueva luz.

–¿Qué son las células tumorales durmientes?

–Se conoce que los pacientes, a veces cuando se curan, vuelven a la consulta, meses, años e incluso décadas después. Eso no deja otra opción que pensar que existe todavía una parte de la enfermedad residual, unas cuantas células que se han quedado allí en latencia, sin multiplicarse, durante mucho tiempo. Si bien el fenómeno es conocido por todo el mundo, la biología e investigación acerca de estas células durmientes, responsables de las recaídas, no ha tomado fuerza hasta hace poco, básicamente porque a nivel técnico era muy difícil porque son células minoritarias que se esconden mucho y por eso durante muchos años tuvimos que desarrollar la tecnología o la metodología para poderlas identificar y aislar. Así hubo que inventar un método, lo que nos llevó tres o cuatro años. Una vez pudimos aislar estas células, empezamos a darnos cuenta de qué características distintivas tenían

–¿Y cuáles son esas características?

–Pese a que la maquinaria básica es igual que la de las células que sí proliferan, algo, hasta ahora desconocido, no permitía a las células latentes multiplicarse, lo que les obligaba a entrar en latencia. En este sentido, la parte más importante de nuestro descubrimiento es la identificación de un factor concreto y preciso, que es capaz de realizar ese trabajo y que se conoce como TET2, que no solo es importante para entrar en ese estado de latencia o hibernación de las células tumorales, sino que además lo hace con mucha precisión y de forma ordenada, preservando todo el potencial maligno de la célula tumoral para que luego, por motivos todavía desconocidos, se reactive y sea capaz de regenerar el tumor dando lugar a lo que se conoce como recaída. Así pues, en este trabajo hemos identificado un factor central de estas células, que explica las recaídas, y además sabemos que, por naturaleza, son resistentes a los tratamientos existentes en la actualidad, que están diseñados para matar células que se multiplican.

–Mal panorama, pues

–Resulta ser que ese primer descubrimiento importante en nuestro trabajo nos llevó a demostrar que eliminando ese factor, las células durmientes, en lugar de entrar en latencia, se morían, de tal manera que el factor es importante para que se comporten así, pero es importante también para su supervivencia como célula. Así que descubrimos también una potencial diana terapéutica para eliminar estas células

–¿Esta es una nueva cara del TET2?

–Hasta ahora se consideraba TET2 como un factor protector del cáncer porque, de alguna manera, cuando está muy activo, controla que las células no se multipliquen demasiado. Nuestro descubrimiento añade una cara oscura a este mismo factor que hasta ahora era desconocida, que es que en una pequeña proporción de células en los tumores que están creciendo, el TET2 haría que no proliferasen tanto y entrase en latencia y eso es un problema porque está haciendo esas células resistentes a los tratamientos.

–¿De qué depende que TET2 sea más o menos activo?

Hemos observado actividad de TET2 en hasta 19 tipos de cáncer, lo que quiere decir es que el fenómeno no es de un cáncer concreto. Lo que no sabemos es por qué se comporta diferente en cada paciente. Sucede que en algunos pacientes TET2 se encuentra más activo y, por lo tanto, tienen una predisposición a generar reservas de células latentes y resistes al tratamiento mayor que otros pacientes.

–Tras este descubrimiento, ¿cuál es el siguiente paso?

–La actividad del TET2 se puede cuantificar, se puede medir, con técnicas sencillas de laboratorio. Lo que se mide no es la cantidad de TET2, sino que éste, lo que hace es oxidar el DNA de las células tumorales y esa marca que deja, esa huella en el genoma, se puede medir. Así, si un paciente presenta células con el DNA de sus núcleos oxidado y hay un mínimo de un 5% de células en ese estado, que nosotros hemos detectado que son células latentes, tiene una posibilidad de recaer mucho más alta que un paciente que está limpio. Por lo tanto, ahí estamos hablando de un biomarcador, que puede servir en un futuro a medio plazo para predecir si el paciente tiene mayor riesgo de recaer.

–Y sabiendo esto, ¿lo interesante no sería actuar antes de la recaída?

Hay que trabajar en el laboratorio porque a día de hoy no hay un fármaco para bloquear la función del TET2, no hay una terapia para acabar con las células resistentes. Como hemos visto que eliminado el TET2 en el laboratorio estas células mueren, ya hace dos años empezamos un proyecto para desarrollar fármacos inhibidores de TET2. Nosotros en el laboratorio ya llevamos un tiempo viendo que algunas de estas moléculas que en teoría podrían interaccionar con TET2 son capaces de inhibir su función. Entonces, estamos en ese punto en el que tenemos una moléculas que queremos que acaben siendo los medicamentos del futuro: una vez detectas que el paciente tiene células de esta índole, le ofreces un fármaco que bloquee la función de TET2 y probablemente administrárselo de forma simultánea con la quimioterapia, que mata células que proliferan, se logra una terapia combinada mucho más potente y duradera, porque a la vez que frenamos el crecimiento eliminamos aquellas células que entran en latencia.

–¿Cuál es el siguiente paso?

–El objetivo de futuro al que le estamos dedicando más esfuerzo es al desarrollo de fármacos inhibidores de TET2. En los próximos años vamos a experimentar con las moléculas primitivas de las que hablaba antes, que queremos convertir en esos medicamentos. Si todo fuera óptimo, idealmente llegaríamos a ese punto de aquí a cinco años, cuando ya se le podría ofrecer a un paciente en el contexto de un ensayo clínico

–¿Y se supone que entonces ya podremos acabar con el cáncer?

–En un mundo ideal, lo que podríamos conseguir como poco es encontrarnos en una situación en la que el paciente pudiera convivir con residuos indetectables de cáncer con un tratamiento crónico y morirse de otra cosa. Siendo realista, la lucha contra el cáncer llevará probablemente a cronificar la enfermedad.