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La voz de Sam Smith hipnotiza a un entregado Sant Jordi

El cantante británico consiguió reunir a unas 8.000 personas en un concierto íntimo y emocional

  • La voz de Sam Smith hipnotiza a un entregado Sant Jordi
Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

16 de mayo de 2018. 07:54h

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Carlos Sala .  Barcelona. 16/5/2018

Con sólo dos discos, Sam Smith ha conseguido convertirse en la gran estrella del pop vocal masculino. Su aproximación al soul contemporáneo, con esa voz convertida en lamento y exorcización de demonios, ha recuperado ese aura clásico de las grandes voces negras, que parecía perdida. Le han llamado el Adele masculino, pero todo lo que en la cantante británica es expulsión y expansión, una sobreexposición, como alguien que enseña sus músculos, en Smith es lo conttrario, es implosión, introversión, como alguien que se refugia en su cuarto secreto para sentirse a salvo. Por eso eleva la voz, utiliza el falseto, se refugia en ese personaje donde sentirse protegido para hablar de dolor. Un artista doble, sensible y emocional.

El cantante aterrizó en un Sant Jordi convertido en cabaret íntimo, con unas 8.000 personas disfrutando de la proximidad de tener a su ídolo cerca. Con una gran pasarela como escenario, del que surgió Smith sentado en una silla, la puesta en escena reivindicaba el calor de la voz del cantante, que se multiplicaba por todas partes y parecía alcanzar personalmente a cada uno de los afortunados asistentes al concierto. «Sé que mis canciones son deprimentes, pero quiero que salgáis conmigo felices del concierto. Espero hasta haceros bailar», señaló Smith, que afirmó que ayer cumplía un viejo sueño, porque siempre había querido visitar Barcelona.

Empezó agachado, tímido, con un «Burning» que sirvió para abrir la puerta y dejar entrar al invitadoque hace mucho que esperas. Le siguió «One last song» y «I'm not the only one», su primer gran éxito de la noche, que hizo que todo el mundo cantase con él y sacase a relucir sus mecheros. Una bonita balada que él elevó retorciendo su voz hasta el límite, bien acompañado por cuatro coristas que dibujan su voz todavía más y la elevaban hasta el infinito.

Con «Omen», su colaboración con Disclosure cumplió su promesa e hizo bailar a unas primeras filas que estaban dispuestos a hacer lo que Smith les pidiese. Y entonces apareció una guitarra para recuperar su primer E.P. y la canción «Nirvana», «para todos aquellos que me siguen desde el principio», señaló.

El artista a aprendido ha ser el centro de todas las miradas, y para ello se requiere cierta conexión y empatía con el público, algo que Smith multiplica con sus constantes agradecimientos y parlamentos con el público. Aunque en realidad no necesitaría hablar tanto. Cuando canta agranda su cuerpo, no sólo su voz, y ves otro, un titán capaz de levantar montañas. Otra vez el artista doble, ese niño pequeño con el corazón de un gigante.

Cuando se deshace de la banda, se apagan las luces, y se queda él solo y vulnerable, es cuando alcanza sus cotas más altas. De pequeño le dijeron que para cantar en público se imaginase a todos desnudo. Él lo consigue, al menos que la gente se sienta desnuda al escucharle. Aquí comenzó una tormenta de luces que dio paso a Smith en una tarima, elevado, para cantar su visión de James Bond en «Writing `s on the wall», que le valió un Oscar.

El concierto no había hecho más que empezar, pero todos querían un poco más a este cantante, que invita a compartir una ternura por todos los seres rotos y desplazados. Invita a abrazar. En ese momento, «Money onmy mind» convirtió al Palau en una gran fiesta, y sólo necesitó estar sentado y darse golpes a lapierna. Aquí ya entramos en la segunda parte de un concierto que cerraría con «Too good at goodbyes», ante de «Stay with me» en los bises.

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