Literatura

Multitudes, rosas, libros y autofotos en una espléndida Diada de Sant Jordi

Ha habido tregua meteorológica y es miércoles laborable. Dos cuestiones a tener en cuenta en una nueva Diada de Sant Jordi que ha llevado a miles de personas a tomar las calles, con sus rosas, sus libros y, signo de los tiempos, con muchas peticiones de autofotos de los lectores a los escritores.

Una jornada de carácter festivo y primaveral, que como en años anteriores, en esta ocasión suma nuevas iniciativas culturales, sociales y solidarias -cada vez hay más paradas de libros y rosas que destinan sus ganancias a proyectos sociales, aunque haya quien apunte que la crisis remite- y en las que las redes sociales van cobrando mayor protagonismo.

También llama la atención el fervor que sienten algunos por sus autores favoritos, hasta el punto de que se presentan ante ellos sin libros para firmar, pero sí con sus teléfonos móviles a punto para sacarse una fotografía con ellos, que luego rápidamente transmiten por Twitter o quedan para la historia en Instagram.

Desde primeras horas del día, miles de personas han tomado las calles del centro de las ciudades catalanas en una jornada en la que, tal como habían previsto los meteorólogos, el mal tiempo que ha vivido Cataluña en los últimos días ha dado una tregua y el sol ha permitido que libros y rosas luzcan con más brillo.

La popular Rambla de Barcelona, la plaza de Cataluña y otras calles adyacentes como el Portal del Ángel han sido durante horas una gran marea humana, con muchos ciudadanos adquiriendo una rosa para entregar a sus enamoradas, y con otros y otras hojeando libros en las múltiples casetas.

La exministra de Cultura Ángeles González-Sinde, que vive su primer Sant Jordi porque antes nunca había viajado a Barcelona por ser el cumpleaños de su hija -hoy cumple 16- y porque de ministra le tocaba estar en el Premio Cervantes, ha dicho estar sorprendida por lo que se vive en la ciudad condal con "una efervescencia, que es una locura".

Mientras va firmando libros de "El buen hijo", a su lado Clara Sánchez, último premio Planeta, recibe una rosa azul de un lector barcelonés que se la hace llegar siempre que se encuentra en la ciudad, y en una caseta cercana hay una larga cola ante un Risto Mejide imparable, con sus oscuras gafas y que llega a firmar en los brazos de una admiradora.

En el Portal del Ángel, a tenor de las multitudes que atrae, se reconoce con rapidez a la televisiva Belén Esteban, a la que algunos denominan "la princesa del pueblo", que coincide con el independentista Alfred Bosch y con el periodista Xavier Bosch, quien lamenta que todo le había ido bien "hasta que ha venido ella, las colas se han descuadrado y se ha hecho muy difícil que se accediera al resto de autores".

La joven lectora Marta, por su parte, ha hecho un buen rato de cola esperando a que el italiano Federico Moccia le firmara su última novela, mientras que Glòria y Laura, en la misma cola, sólo querían sacarse una imagen con él.

Los alumnos de segundo de ESO del Colegio San Gabriel de Barcelona, en cambio, han participado en una gincana a la búsqueda de escritores y otras "personas famosas"para preguntarles cómo viven Sant Jordi.

A su lado, una mujer ha exclamado que, ante el padre de Mortadelo y Filemón, Francisco Ibáñez, había "una cola que te jubilas", en tanto que un hombre ha dicho tener la cabeza como un tambor con el sonido de las bocinas de los trabajadores de FNAC-El Triangle, en protesta por su "estrés y alta carga de trabajo".

En la calle Pelai, unos estudiantes de medicina han vendido sus rosas ataviados con batas blancas, y en la Rambla miembros del Partido Pirata ofrecían libros a cero euros.

En el año del Tricentenario, el debate soberanista ha estado presente en este Sant Jordi, con globos alusivos y chapas en las solapas con el lema: "9N. Votar és normal", y con voluntarios de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) apuntando los DNI de partidarios del "derecho a decidir".

Y aunque parezca mentira, también están los que viven Sant Jordi de forma diferente, como los experimentados "skaters"reunidos frente al MACBA, quienes no han dejado hoy de apostar por imposibles saltos en las escaleras del centro, ajenos a los libros y a las rosas.